Palabras del Rector - Juramentación
Honorable Presidenta y miembros de la Junta de Regentes, custodios de nuestra misión. Estimadas autoridades gubernamentales y líderes del sector productivo. Queridos pasados rectores y rectora; hoy permítanme apoyarme sobre sus hombros para mirar hacia el futuro. Apreciados miembros del Consejo Académico, invitados especiales, colegas docentes, personal administrativo y de servicios, comunidad de egresadas y egresados. Y muy especialmente, queridos estudiantes, que son el pulso, la sangre y la razón de ser de esta Colmena.
Alexandra, mi esposa y compañera de vida. Gracias por ser el puerto seguro donde siempre puedo regresar, sin importar cuán fuerte sea la tormenta. Este logro no es mío, es nuestro, construido a base de tu paciencia, tu amor y tu apoyo incondicional en cada paso de esta travesía. Mis hermanos Luis Emilio y Manuel, a mis compañeros de La Salle y a todos mis amigos aquí presentes.
Hoy no solo asumo un cargo; asumo una historia.
Mi recorrido hacia este podio no comenzó con la firma de una candidatura. Comenzó ahí fuera, en nuestras aulas, cuando apenas era un estudiante de ingeniería con un bulto cargado de libros y la cabeza llena de dudas. Continuó cuando regresé como docente, descubriendo esa verdad universal: que enseñar es la forma más elevada de aprender. Y se forjó en el fuego del día a día desde el Decanato de Ingenierías, y luego desde la Vicerrectoría Académica, donde comprendí que la excelencia no es un acto aislado, sino un hábito colectivo.
Hay momentos en la vida en los que el tiempo parece plegarse sobre sí mismo. Para mí, este es uno de ellos. Mientras los miro a los ojos, veo al joven Arturo caminando por los pasillos del INTEC o sentado en el bosquecito, sintiendo la ansiedad de los exámenes, pero, sobre todo, sintiendo esa electricidad única de estar en un lugar donde el conocimiento no es estático, sino una herramienta para construir el mundo.
El INTEC me formó. Y hoy, con una gratitud que me desborda, asumo la Rectoría no como un título, sino como una ofrenda que pretende retribuir todo lo recibido por esta institución que es parte fundamental de mi proyecto de vida. Al asumir este juramento como Rector, siento el peso y el privilegio de liderar esta gran universidad. Asumo este reto con una mezcla de humildad profunda y determinación inquebrantable.
Sin embargo, mi historia es pequeña comparada con la historia que nos convoca. Para entender la magnitud del compromiso que hoy asumo, debemos mirar atrás, hacia el año 1972.
Eran tiempos inciertos para la República Dominicana. Y en medio de esa neblina, un grupo de visionarios —Ramón Flores, Rafael Corominas, Eduardo Latorre y otros gigantes— cometieron un acto de audacia inaudita. No fundaron una universidad para perpetuar el status quo; fundaron una universidad para desafiarlo.
Cuentan que iniciaron con un préstamo de apenas $900 pesos. ¡Imaginen esa valentía! No tenían grandes capitales, no tenían edificios de mármol; tenían mística. Tenían la convicción de que este país necesitaba una institución de "vocación pública", aunque fuera de gestión privada. Una universidad sin dueños, porque su único dueño sería la sociedad dominicana.
Ese ADN reformista, esa capacidad de hacer mucho con poco, esa ética del trabajo incansable, es lo que llamamos el "Espíritu Inteciano". Ellos no se quedaron en la crítica; decidieron construir. Ese es el espíritu que hoy juro custodiar y, sobre todo, potenciar, con la sabiduría del trabajo colaborativo de la Colmena.
Y es que, como se dijo recientemente en la Cumbre Mundial de Universidades: "La universidad como la conocemos ya no es suficiente. No puede solo educar, debe elevar, debe ir más allá de los títulos, los rankings y la burocracia... debe volver a ser lo que siempre debió ser: la conciencia viva de la humanidad".
Ahora bien, custodiar no significa detenerse. Vivimos en una era de cinismo fácil. Abundan las voces que, desde la comodidad de las gradas, señalan lo que está mal en la educación superior, lo que falta en la investigación, o lo que el país no ha logrado.
Hace más de un siglo, uno de los líderes históricos que más me inspiran, el presidente norteamericano Theodore Roosevelt, nos regaló una brújula moral para tiempos como estos. Él habló del "Hombre en la Arena". Permítanme citar sus palabras, porque definen lo que significa ser parte del INTEC, y su mensaje resuena hoy con fuerza en nuestra Colmena:
Cito:
"No es el crítico quien cuenta... El reconocimiento pertenece al hombre que está en la arena, con el rostro desfigurado por el polvo y el sudor y la sangre; quien se esfuerza valientemente... quien, en el mejor de los casos, encuentra al final el triunfo inherente al logro grandioso, y quien, en el peor de los casos, si fracasa, al menos fracasa atreviéndose en grande".
Cierro la cita.
Por eso, acepto este cargo no como un mero honor, sino como un solemne deber, una llamada a entrar en esa arena. Pues, una universidad, una gran universidad como esta, no es un santuario para los tímidos. ¡No! Una universidad es una forja. Es aquí donde forjamos el carácter de una nación.
A los estudiantes, les digo esto: Vamos a desafiarlos. El mundo no tiene utilidad para el erudito que es docto pero está paralizado por la inacción. Formaremos a hacedores, a innovadores y a líderes. Pues como siempre decía en las graduaciones, cuando era Decano de ingenierías, al final de leer la lista de graduandos y graduandas: “Ustedes son los encargados de crear un mundo mejor para todos nosotros”.
A nuestro profesorado; ustedes son los maestros herreros en esta gran forja. Su deber es encender los fuegos de la curiosidad. El conocimiento práctico, la experimentación audaz y una brújula moral inquebrantable: esas son las herramientas de su oficio.
En el INTEC no somos espectadores. Aquí venimos a ensuciarnos las manos. El estudiante que diseña un prototipo de madrugada, está en la arena. El investigador que busca soluciones al sargazo, está en la arena. El docente que innova en su aula contra toda resistencia, está en la arena. El colaborador que trabaja cada día con excelencia, excediendo las expectativas, también está en la arena.
Mi promesa es que esta universidad seguirá siendo eso: el hogar de los valientes, para los que hacen, para los que se atreven a mejorar nuestra sociedad, y a nuestro país.
Pero hoy, esa arena tiene un nuevo desafío que definirá el futuro de la humanidad: la Inteligencia Artificial.
Les quiero compartir dos videos que hice en tan solo 30 segundos utilizando la inteligencia artificial. Estos son una pequeña muestra de lo que esta poderosa herramienta es capaz de hacer. Mi trabajo fue solo darle unas fotos mías y unas simples instrucciones. Primero, me pregunto cuánto hubiese costado producirlos con cámaras, luces, escenario, edición, etc. etc. y segundo, si yo hubiera querido aparecer diciendo algo totalmente inapropiado, lo hubiera hecho también.
En mi propuesta rectoral he planteado esto como una prioridad innegociable. No se trata solo de usar nuevas herramientas, se trata de una reingeniería profunda de nuestra forma de aprender y de gestionar.
No nos equivoquemos: esto no es una moda pasajera. Es una fuerza transformadora equiparable a la electricidad o la imprenta. Ante ella, tenemos dos opciones: mirarla con temor desde la grada o liderarla con responsabilidad desde la arena. Nosotros elegimos liderar.
Debemos entender que el liderazgo en la educación superior ya no es simplemente administrar recursos; es atreverse a soñar con un futuro distinto. Hoy, quienes lideramos universidades enfrentamos el reto de proteger la libertad académica y la sostenibilidad, un equilibrio que se vuelve más complejo ante la llegada acelerada de la IA.
Ante este cambio profundo, el liderazgo debe ser brújula y refugio. Necesitamos invertir no solo en tecnología, sino en las personas que harán posible que esa tecnología tenga un impacto humano, ético y transformador.
Por eso, propongo hoy la creación del Centro de Inteligencia Artificial de INTEC (CIA-INTEC). No será un laboratorio aislado, sino el cerebro de nuestra transformación. Desde allí impulsaremos soluciones dominicanas para problemas dominicanos —en salud, transporte, energía y agricultura— y formaremos el talento que la industria reclama a gritos.
Pero no nos detendremos en el "código". Abordaremos la IA desde la ética y el humanismo. Integraremos la alfabetización de datos y la IA en nuestro "Core Transdisciplinario". Queremos que cada médico, ingeniero, economista o psicólogo que salga de nuestras aulas sepa no solo cómo usar la tecnología, sino cómo gobernarla y aplicarla para el bien común.
Implementaremos un "Consejero Estudiantil Potenciado por IA", para asegurar que nadie se quede atrás, y estableceremos una política clara de Gobernanza Ética. Porque en un mundo de algoritmos, el criterio humano y la empatía son más valiosos que nunca.
Esta apuesta por la IA es parte de una visión más amplia que he llamado: Continuidad con Evolución.
No creo en los liderazgos adánicos que pretenden reinventar la rueda cada tres o cuatro años. Reconozco los logros de quienes me precedieron. Y de manera muy especial, quiero honrar la memoria del Dr. Julio Sánchez Maríñez.
Su gestión nos dejó una universidad más robusta y ambiciosa. Para que su visión de vinculación no sea efímera, propondré al Consejo Académico y a la Junta de Regentes que el corazón de nuestra investigación y emprendimiento lleve su nombre: construiremos el Centro de Innovación y Desarrollo “Dr. Julio Sánchez Maríñez”. Un espacio en el que la industria y la academia crearán valor real, honrando su legado con trabajo, no solo con palabras.
Pero el legado es un trampolín, no un sofá. Mirando hacia el INTEC 2030 y, en el contexto de la Estrategia 2023-2027, aceleraremos tres transformaciones vitales:
1. Una Revolución en el Aprendizaje: Ya no basta con transmitir data; la IA hace eso. Vamos a formar criterio. Transitaremos radicalmente hacia el aprendizaje activo y basado en retos. Queremos profesionales que no solo sepan "cosas", sino que sepan qué hacer con lo que saben.
2. INTEC 5.0: Lanzaremos el Campus Aumentado. Usaremos la analítica para personalizar la experiencia de cada estudiante y predecir riesgos. Seremos una universidad verdaderamente inteligente.
3. Sostenibilidad y Libertad: Para ser libres, debemos ser sostenibles. No podemos cargar todo el peso del desarrollo sobre las matrículas. Hoy me comprometo a sembrar la semilla de nuestro futuro financiero: la creación del Fondo Patrimonial INTEC 2030 (Endowment). Un fondo a perpetuidad que nos dará la fuerza para becar talento y crecer sin miedo.
Ahora bien, ninguna estrategia, por brillante que sea, sobrevive a una cultura débil. He leído los diagnósticos, he escuchado las voces y sé que hay heridas que sanar.
La excelencia académica no puede construirse a costa del agotamiento de nuestra gente. Quiero ser enfático: la gente va primero.
La excelencia es imposible sin bienestar humano. A mis colegas docentes: vamos a dignificar la carrera académica con el programa "Bienvenido a la Colmena" y revisaremos los modelos de compensación. A nuestros colaboradores y colaboradoras: garantizaremos un ambiente de respeto, equidad y transparencia. Vamos a construir una cultura de confianza, porque solo así florece el talento.
Señoras y señores:
El futuro no es algo por lo que esperamos; es algo que diseñamos.
Que cuando la historia nos juzgue, no diga que fuimos tímidos ante el cambio. Que diga que estuvimos en la arena. Que nos ensuciamos las manos. Que trabajamos con sudor y pasión. Y que, juntos, llevamos al INTEC a ser no solo la mejor universidad de la República Dominicana, sino a ser la mejor universidad para la República Dominicana.
¡Manos a la obra!
Muchas gracias.