Palabras del Rector en la 72.ª Ceremonia de Graduación, el 11 de abril de 2026
Miembros de la Junta de Regentes, autoridades académicas, cuerpo docente, invitados especiales, padres, familiares y de manera muy especial, la razón por la que estamos todos hoy aquí: la clase graduanda.
Hoy es un día de primeras veces y de promesas cumplidas; para ustedes, es la culminación de un sacrificio monumental. Para mí, este momento tiene una carga emocional profunda: es mi primera ceremonia de graduación asumiendo el altísimo honor de ser su Rector. Y sé exactamente lo que están sintiendo, porque conozco el rigor inteciano desde todas sus aristas. Como estudiante, como profesor, como Decano, como Vicerrector Académico y como un miembro incondicional de la Colmena. Conozco las madrugadas, la presión implacable de la semana diez, y la resiliencia que se necesita para no rendirse.
Como mencioné, hoy es un día de hitos, y entre nosotros también hay otros primerizos; les pido por favor que se pongan de pie cuando llame sus nombres.
· El primer egresado del programa de Ingeniería Aeroespacial (Programa 2+2) WMU: Benjamín Pelegrín Olivo Guzmán, Honor MCL, de Santo Domingo.
· El primer egresado de la Maestría en Ciencias en Tecnología de Energía Renovable: Andy Josué Hiraldo Hiraldo, de Santiago.
· Y la primera cohorte del Doctorado en Ciencias Sociales, compuesta por cinco graduandos: Jenny Nathaly Torres Gómez y Juan Luis Corporán Medina de San Cristóbal; Sheila Milagros Báez Martínez de San José de Ocoa; Naftalí López Trinidad de Puerto Plata; y Wendy Sonaya Martínez Mejía de Santo Domingo.
Y hablando de alcanzar nuevas fronteras, hoy también tenemos el gran honor de contar con una oradora de primera categoría en Scarlin Hernandez, una ingeniera dominicana que comenzó su carrera en la NASA, en la Misión de Medición de Lluvias Tropicales, antes de incorporarse al equipo del Telescopio Espacial James Webb. En diciembre de 2021, Scarlin formó parte del equipo de operaciones de vuelo que supervisó uno de los lanzamientos más complejos y esperados de la historia de la astronomía. Y hoy día, desde el Association of Universities for Research in Astronomy, diseña y valida los códigos que garantizan el funcionamiento de la nave espacial en órbita, trabajando con sus sistemas de propulsión y control.
Su trabajo ha sido merecedor de importantes reconocimientos: Forbes la incluyó entre las 50 Mujeres Más Poderosas de la República Dominicana, recibió el Premio Nacional de la Juventud, y el Legacy Museum de Microsoft la honró por su trayectoria. Además, su historia forma parte del documental de Netflix Unknown: Cosmic Time Machine.
El trabajo de Scarlin y el de todos ustedes demuestra que hoy están aquí porque eligieron el camino difícil. Y como dijo una vez un gran presidente norteamericano al hablar de los mayores retos de la humanidad: elegimos hacer estas cosas no porque son fáciles, sino precisamente porque son difíciles. Porque ese reto sirve para organizar y medir lo mejor de nuestras energías y habilidades.
A partir de mañana, entrarán a un mundo que a menudo parece estar dominado por el cinismo. Un mundo donde es más fácil criticar que construir, donde es más cómodo señalar los errores desde la barrera que proponer soluciones. Ante ese panorama, les pido que se aferren a la audacia de la esperanza. Atrévanse a soñar, y a soñar en grande; la historia de la República Dominicana no ha sido escrita por aquellos que aceptaron el status quo, sino por aquellos que tuvieron la osadía de imaginar que las cosas podían ser diferentes. Pero recuerden esto: la esperanza no es un optimismo ciego. Es la convicción profunda de que, a través de nuestro esfuerzo, nuestro intelecto y nuestra voluntad, podemos moldear la realidad. Sus sueños deben ser el combustible para su acción.
Porque el mundo no se cambia desde las gradas de los críticos. El verdadero mérito no pertenece a quien señala cómo tropieza el que lucha, o cómo el que hace las cosas podría haberlas hecho mejor. El mérito le pertenece a quien está verdaderamente en la arena. Aquel cuyo rostro está manchado de polvo y sudor; el que se equivoca y se queda corto una y otra vez. A veces calculas todas las variables, diseñas el modelo perfecto, ejecutas con precisión milimétrica, y de todos modos la realidad te sorprende con un resultado inesperado que te obliga a replantear la estrategia. Así es la vida, no hay innovación ni progreso sin error. Por lo tanto, no nos conformemos con criticar; tomemos la iniciativa con valentía. Su título del INTEC los ha preparado intelectualmente, pero es su carácter el que determinará si tienen la valentía de bajar a la arena, de atreverse a fracasar en grande, sabiendo que, en el peor de los casos, si fracasan, lo harán atreviéndose a cosas grandiosas.
Ustedes son una élite intelectual que ha sobrevivido a uno de los sistemas académicos más rigurosos. Pero la verdadera prueba de su educación no será el tamaño de su cuenta bancaria ni los títulos en su pared. Será la medida en que utilicen esos talentos para elevar a otros y contribuir al bien común. No se pregunten solo qué oportunidades les ofrecerá el mundo ahora que tienen este título. Pregúntense qué pueden hacer ustedes con este título para servir a nuestra sociedad.
La inteligencia sin humanidad, sin empatía, es una brújula rota; conecten su ambición personal con un propósito mayor. En una época que a menudo aplaude el individualismo feroz, atrévanse a buscar el bien mayor, entendiendo que el éxito más duradero es aquel que mejora la vida de los demás. Cuando vean una injusticia, cuando vean un sistema que no funciona, no esperen a que alguien más lo arregle. Ustedes son esa persona que estábamos esperando.
Finalmente, miren hacia atrás en las gradas a sus padres, madres y familias; nadie llega a esta meta en solitario. Yo sé lo que significa tener a tu lado a esa persona que te apoya incondicionalmente, que celebra tus victorias y te sostiene cuando el peso de la responsabilidad es abrumador. Ese título que tendrán en sus manos está impreso también con el sacrificio y el amor de quienes hoy los aplauden. Agradézcanles, hoy y siempre.
Clase graduanda, hoy se les pasa la antorcha a ustedes. Lleven la audacia de soñar, el coraje de bajar a la arena, y el compromiso inquebrantable con la excelencia y el bien común. Nunca olviden que llevan en su ADN el temple de esta colmena. Ustedes son los encargados de crear un mundo mejor para todos nosotros. El futuro está esperando, el país está esperando; vayan y hagan que suceda, sin miedo, sin temor y con el orgullo de ser intecianos.
¡Muchísimas felicidades!