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Instituto Tecnológico de Santo Domingo

Intervención del Rector en la Apertura de la Jornada de Pensamiento Estratégico. Bayahibe, Septiembre 2021

Intervención del Rector en la Apertura de la Jornada de Pensamiento Estratégico.

Bayahibe, Septiembre 2021

¿A que venimos a este encuentro?

Transformemos la pregunta: ¿Qué nos convoca a este encuentro?

Nos convoca el presente. Un presente que nos privilegia. Que nos da el privilegio de definir el curso estratégico del INTEC para un nuevo quinquenio.

Nos convoca el presente y nos otorga un enorme privilegio: establecer el curso estratégico que coincide con la conmemoración del cincuentenario del INTEC. ¡50 años desde que fuera un sueño, un atrevimiento, una osadía! Desde que fuera fundado, como dijera don Rafael Herrera en aquel editorial inolvidable –que deberíamos leer y releer como un mantra inspiracional: como “un acto de rebeldía”. Acto de rebeldes, sí, pero dejando claro que, a diferencia de aquella ya clásica película de 1955, se trató en este caso de rebeldes con causa. Rebeldes con causa que en 1972 abrazaron la causa de contribuir a la transformación social del país mediante la educación superior, el desarrollo de la cultura y la investigación y divulgación de la ciencia y la tecnología.

Nos convoca el pasado, un pasado que es herencia, legado, raíz de compromisos y logros acumulados en ya casi 50 años, gracias a los aportes que, como opción de vida y hasta como sacrificios de otras oportunidades tal vez más complacientes o más rentables, han hecho tantos, desde los fundadores hasta nosotros mismos. Un pasado repleto de improntas y de sagas originarias, como también de reafirmaciones sucesivas y reiterativas, de la vocación de compromiso social y con la excelencia, de creatividad e innovación, de hacer mucho con poco, “siempre en alto la mirada con la estrella como emblema” en favor de los mejores intereses de nuestro país, de un mejor país para todos.

Nos convoca, sobre todo, el futuro. Un futuro al que debemos encarar con decisión para que sea promisorio, que nos deje un patrimonio enriquecido y no un conjunto de fardos, para que dejemos ese patrimonio como un legado mejorado a las generaciones que nos suceden y nos sucederán. Un futuro próximo e inmediato, que nos haga más comprometidos, más entusiastas y más orgullosos por ser sus protagonistas.

Nos convoca el pasado y nos convoca el presente recordando y haciendo nuestro lo que escribieran Ramón Flores y Manuel Cocco, allá en 1975, al referirse a los primeros 3 años del naciente INTEC, que bien podemos suscribir de nuevo, hoy, a 49 años de nuestra fundación:

“Llegar aquí requirió sacrificios extraordinarios, pero para los que han participado en el proceso, el peso del trabajo se refleja en sus rostros y también la alegría de tomar parte en un proceso tan enriquecedor en términos intelectuales y espirituales.”1

Nos convoca el futuro apoyados en el pasado, porque tenemos abolengo, como herederos de una dilatada y honorable tradición que implica para nosotros una fuente de gran orgullo y también de profundo compromiso. Las tradiciones nos marcan y nos nutren. Como dice el estribillo de la clásica película El violinista en el Tejado[1]: “Tradición, Tradición, sin tradición seriamos tan temblorosos como un violinista en el techo”.

Nos convoca el presente mirando al futuro porque tenemos la oportunidad y el deber de definir una estrategia institucional que, partiendo del núcleo positivo de las competencias y capacidades demostradas por quienes han sido y somos INTEC, a lo largo de 5 décadas, podamos desatar aún más las potencialidades para hacer este, nuestro Tecnológico de Santo Domingo, LA universidad de vanguardia. Vanguardia por su contribución innovadora y excelente al desarrollo sustentable de la nación. Recordando, eso sí, que ser vanguardia es ser confiable, asegurar no solo que hacemos bien lo que hacemos, sino que hacemos muy bien lo que debemos hacer, porque, como dijo el profesor Theodore Levitt, profesor de la Universidad de Harvard: No hay nada peor que hacer muy bien lo que no hay que hacer. Ese debe ser nuestro propósito para honrar la tradición a la que nos debemos: hacer muy bien lo que debemos hacer.

Nos convocan nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro, entonces, para definir lo que debemos hacer y comprometernos con hacerlo muy bien.

¿Cómo proponemos responder a esta convocatoria?

Vamos a responder con la metodología de la indagación apreciativa porque ella nos invita a indagar, a apreciar, a imaginar y a innovar, a preservar y desarrollar las fortalezas que nos hacen valiosos. Y, con esta metodología, guiarnos por las 4 D’s de descubrir lo mejor de nuestros genes y nuestro metabolismo (y hacerlo explícitamente compartido), la de dream, soñar (que, como decía Edgar Allan Poe: “Aquellos que sueñan de día comprenden muchas cosas que escapan a los que sueñan solo de noche”), la de diseñar (pues como decía Peter Drucker: “La mejor forma de predecir el futuro es crearlo”) y la de destino (y como en el poema 

Invictus, de Henley, tan querido por Mandela, ser amos de nuestro destino y capitanes de nuestras almas).

Vamos a responder como colmena, con la colegialidad de abejas laboriosas, sabiendo que ninguno de nosotros es tan sabio ni tan bueno como todos juntos, y porque, recordando a nuestros fundadores, nosotros podemos emularlos.

“El Instituto surge como un acto de rebeldía contra una estructura universitaria que se hace cada día más rígida e inoperante y contra una sociedad cuyo progreso es cada día peor repartido y más vacío. La gente no fue integrándose a la institución por las ventajas que podía ofrecerle. El Instituto no ofrece nada a nadie, porque es muy pobre, y pide demasiado a todos, por la misma razón. La gente se fue acercando en busca de una esperanza que ya se veía perdida en el país. Una esperanza de trabajo creativo, del gobierno, a veces imprudente, de la imaginación, en donde las nuevas ideas no siempre pueden realizarse, pero son discutidas con mente abierta, en donde la innovación es regla del juego y las posibilidades de perfeccionamiento no quedan cerradas por pequeños intereses.” 2

Vamos a responder críticamente, conocedores de modelos universitarios existentes, pero capaces de definir y elegir el modelo que nos corresponde para servir a los mejores intereses y a las más legitimas necesidades de nuestro país. Un modelo de universidad histórica y socialmente aterrizada, por lo que, parafraseando a Eduardo Latorre, debemos empezar por dar respuestas a las necesidades específicas de nuestra sociedad y a las de la sociedad mundial, replanteando nuestro quehacer institucional, no para imitar, sino para crear y contribuir al diseño de un futuro nuevo y a la formación de un hombre universal.3

Vamos a responder creativamente, y, animándonos de nuevo con Eduardo Latorre, sabiendo que:

“Hasta ahora nadie tiene una respuesta definitiva de cómo debe ser y organizarse la universidad del Tercer Mundo para dar servicio a los países dependientes y subdesarrollados de África, Asia y América Latina. Mucho menos pretendemos. los del INTEC, creer que hemos encontrado tan siquiera el camino. Lo que sí se pretende es hacer el esfuerzo para buscarlo como objetivo institucional y no reproducir modelos universitarios obsoletos o diseñados para dar servicio a sociedades con una problemática muy diferente a la nuestra.”4

Vamos a responder visionariamente, combinando tradición y cambio, visualizando nuestro futuro con creatividad, sin temor a las incertidumbres de lo nuevo. Quien no se arriesga, ni pierde ni gana, dice el dicho. Debemos mirar al futuro con entusiasmo y atrevimiento. Otear el futuro. Adivinar los retos que nos va presentando. Anticiparnos en responder a los mismos. Y construir nuestro Instituto, continuamente, con el firme propósito de ser los mejores en lo que hacemos, asegurando celosamente que sea lo que debemos hacer. En lo que venimos haciendo como parte de nuestra tradición, actualizada en el modelo, la misión, la visión, los principios y los valores que nos toca formular.

A todo esto nos convoca a este encuentro. Sintámonos convocados a responder con el lema de MIT: mens et manus, mente y mano, pensamiento y acción.

Referencias

  • 1 Flores, Ramon y Cocco, Manuel (1976). La experiencia INTEC. Documentos INTEC, Vol. 1
  • 2 Flores, Ramon y Cocco, Manuel (1976). La experiencia INTEC. Documentos INTEC, Vol. 1
  • 3 Ver: Latorre, Eduardo (1978) El papel de la universidad en los países del tercer mundo. Documentos INTEC, Vol.3
  • 4 Latorre, Eduardo (1978 ) Principales objetivos del Instituto Tecnologico de Santo Domingo. Documentos INTEC, Vol. 3