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Instituto Tecnológico de Santo Domingo

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XXV Edición Un Día con un Autor y su Obra reconoce a José Luis Sáez Ramo

Sala Profesor Julio Ravelo de la Fuente (Biblioteca Emilio Rodríguez Demorizi) INTEC

22 de noviembre de 2019

Ilustrísimos miembros de la Junta de Regentes y Consejo Académico del INTEC.

Apreciados directivos, profesores, estudiantes, egresados y otros miembros de la comunidad inteciana.

Queridos profesores y estudiantes de otras instituciones.

Apreciado maestro José Luis Sáez Ramo, homenajeado en este acto.

Señoras y señores 

Recrear una vida en dos horas es una tarea prometeica, que solo puede acometerse con una buena dosis de pasión, ingenuidad y optimismo. Se trata de darse la vuelta para mirar rostros ya casi olvidados, escuchar voces que antes fueron ensordecedoras pero que ahora solo son susurros o revivir eventos que en su momento fueron definitorios pero que hoy lucen cosa lejana. Y, por supuesto, no resulta fácil encontrar algún orden entre montones de recuerdos difusos o separar la paja del trigo frente a testimonios o recuentos a veces incongruentes. 

Esa es, sin embargo, la misión que tiene por delante un grupo de estudiantes de distintas escuelas, quienes nos solicitan ser cómplices de la pretenciosa osadía. Gracias a ellos, conoceremos un cuento que se inicia en la península ibérica pero que solo puede entenderse desde la perspectiva del Caribe, y en ella encontraremos a un niño que atraviesa un océano para encontrarse con su padre, un adolescente que abraza el sacerdocio como forma de vida y un adulto que busca en el estudio del pasado la forma de entender su presente.  

Es que el motivo que nos congrega es celebrar la obra de Jose Luis Sáez. Al hacerlo, podríamos destacar la labor del cineasta, el periodista, el sacerdote o el historiador. Pero como un hilo conector podemos sobre todo celebrar su labor de maestro, a través de la cual su generosidad ha sido puesta al servicio de muchas personas que han tenido la suerte de encontrarse con él en el camino. Yo fui, para mi honor, una de ellas, y sin ánimo de usar este podio para tratar asuntos personales, quiero aprovechar la ocasión para dejar constancia de mi deuda de gratitud.

Fue en mi adolescencia cuando tuve como profesor a un joven sacerdote que parecía haber leído todos los libros del mundo y cuya memoria hipertrofiada podía reproducir en tiempo real la escena más olvidada de la película menos recordada del director menos conocido. En secreto, mis amigos y yo le apodamos Funes, el Memorioso, en honor al personaje literario que en las palabras de Jorge Luis   Borges “tenía en la cabeza más recuerdos que los que habían tenido todos los hombres desde que el mundo es mundo”.

Su humildad contrastaba con su enorme talento, de modo que el maestro se volvió rápidamente el amigo. Conocerle fue para mí un hecho trascedente, sin el cual, tal vez, yo no sentiría lo que siento cuando veo El Acorazado de Potemkin ni mi hijo mayor tendría el nombre de León Felipe. Es por eso que, en este momento, cuando por coincidencia inexplicable tengo el privilegio de ser parte de este reconocimiento, prefiero hacerlo no desde la posición de rector sino desde la condición de discípulo.

Gracias a todos por estar aquí, gracias Jose Luis por aceptar esta muestra de afecto, y disfrutemos todos de este momento.

¡Muchas gracias!