Nuevos entornos de aprendizaje:
Las redes de comunicación

Unas de las tecnologías de la información y comunicación más potentes con las que nos hemos encontrado en las últimas décadas del S. XX, han sido los equipos informáticos, que fueron evolucionando desde las grandes máquinas como la ENIAC, que en su encendido disminuían la potencia eléctrica de la ciudad donde se ubicaba, hasta los ordenadores personales, inconmensurablemente más potentes y diminutos que sus predecesores.

Cercano el final del presente milenio, nos encontramos con otro fuerte impacto. Aquella tecnología que nos permitía hacer bastantes cosas de forma más rápida y fiable de manera aislada permite ahora la interconexión mediante las redes telemáticas, potenciándose de esta forma no sólo sus posibilidades individuales con la conexión, interacción e intercambio de información situada en otros ordenadores, sino lo que es más importante, la conexión entre personas.

Esta red de ordenadores, de la que la más conocida es INTERNET, supone la base tecnológica de la denominada sociedad de la información que, a diferencia de la industrial, se ve impulsada por la producción, manipulación e intercambio de información. Su impacto no sólo se limita al terreno tecnológico y económico, sino que afecta de forma global a la cultura, instituciones sociales y relaciones personales; en definitiva, podríamos decir que están repercutiendo no sólo en nuestra forma de hacer, sino también de pensar y comprender el mundo.

De esta influencia, no se quedan al margen las instituciones educativas, en general, y la escuela, en particular. Nuestra escuela como institución social que es, responde a las necesidades planteadas por el modelo social industrial para el cual fue creada y pensada, y que viene marcada por la unidad de tiempo, de espacio y de acción; es decir, coincidencia espacio-temporal del profesor y estudiante y similitud de acciones entre los estudiantes. Al mismo tiempo, no podemos olvidarnos de la concepción bancaria que posee la educación, donde el profesor es el depositario de los saberes y los alumnos receptores pasivos y sumisos de los mismos.

La aplicación de las redes de comunicación a las instituciones educativas, además de facilitar la ruptura y separación de las tres unidades anteriormente señaladas, va a favorecer la potenciación del acceso y aumento de la información, su deslocalización de los muros escolares y la creación de nuevos entornos para el aprendizaje.

Sin lugar a dudas, una de las repercusiones directas de la utilización de las redes en la formación es la cantidad de información: voz, datos, imagen..., que puede ser puesta a disposición del estudiante. Y ello será posible no sólo por su acceso directo a bibliotecas electrónicas, hipertextos distribuidos y ficheros de documentación mediante FTP, sino también a través de "listas de distribución" y "chat".

Desde esta perspectiva, el problema más significativo para el profesor y estudiante ya posiblemente no sea dónde conseguir información, sino tener la habilidad y competencia necesarias para evaluarla, seleccionarla y discriminarla, de acuerdo con sus necesidades concretas y proyecto educativo en el cual se vean inmersos. Tal incremento de la información disponible, nos llevará, al mismo tiempo, a la necesidad de una permanente actualización y a la necesidad que los centros de formación diseñen nuevos modos de organizar y acceder a la misma.

Directamente asociado con este incremento de la información, nos encontramos con la situación de su deslocalización del profesor y entorno escolar cercano. La información ya no estará ubicada únicamente en espacios físicos concretos cercanos al entorno del estudiante, sino en un no lugar, que algunos denominan ciberespacio, lo que nos llevará al desempeño de nuevos roles por las instituciones educativas y los que en ella participan, y a la desaparición y transformación de otros.

Ahora bien, dos reflexiones debemos de hacernos en lo que respecta a la información. Una, tener muy claro desde el principio, que una cosa es tener más capacidad de acceso a la información y, otra cuestión muy diferente, es tener más conocimientos; y dos, que exclusivamente con la deslocalización de la información no garantizamos un acceso democrático e igualitario a la misma.

Con esto lo que queremos decir, es que la posibilidades que ofrezcan para la formación, no dependerán únicamente de la potencialidad de las redes, sino de un cúmulo de variables que van desde el diseño de instrucción y de la estrategia y metodología que se aplique sobre la misma, hasta su potenciación desde la Administración, no sólo de dotaciones, sino también de acciones, actitudes, pensamiento y cultura. En este sentido, tenemos que pensar que el efecto de los medios no es proporcional a su potencial tecnológico, sino más bien a los contextos culturales, científicos y organizativos donde se movilizan y a los usos a los que se destinen.

Como se desprende de los comentarios realizados hasta el momento, la incorporación de las redes al mundo académico, traerá una serie de cambios en el rol desempeñado tradicionalmente por el profesor y el estudiante. En cuanto al profesorado, los nuevos entornos lo llevarán a abandonar la posición de ser el transmisor exclusivo de información, desempeñando otros como el de diseñador de situaciones mediadas de aprendizaje y creando hábitos de destreza en los estudiantes para la búsqueda, selección y tratamiento de la información, adquiriendo al mismo tiempo mayor significado para el diagnóstico de habilidades y necesidades de los estudiantes y su tutorización.

En este aspecto de los medios, de cualquier medio, y los profesores, debemos dejar claras diversas matizaciones. Desde mi punto de vista, ningún medio sustituirá al profesor, lo que sí repercutirá es que tengamos que cambiar los roles y las funciones tradicionalmente desempeñados. Por otra parte, si algún medio tiene que sustituir a algún profesor concreto, lo mejor es hacerlo cuanto antes y no perder el tiempo. Y otra, que no existe el supermedio, las redes tampoco lo son, que evitará el fracaso escolar, nos llevará directamente a una enseñanza de calidad, y pueda ser utilizado en todos los contextos y para todas las cuestiones y situaciones de enseñanza.

Por muchos apocalípticos e integrados que existan, los efectos de los medios no vienen exclusivamente determinados por su potencial tecnológico, sino fundamentalmente por la estrategia que apliquemos sobre el mismo y en el diseño en el cual se inserte. Desde esta perspectiva, el mejor enfoque de la enseñanza posiblemente sea multimedia, es decir, el de la combinación de medios y recursos, humanos y técnicos, con diferentes sistemas simbólicos para alcanzar unos objetivos específicos.

No tiene sentido hablar de las redes aplicadas a la educación, sin considerar los problemas que los profesores tienen para su utilización; y, en este aspecto, puede que su formación no sea la más óptima, de ahí la necesidad de que paralelamente a, o antes de, su incorporación a las instituciones educativas, se establezcan medidas para su formación y perfeccionamiento. Formación que debe superar la mera capacitación técnica e instrumental, para alcanzar otras dimensiones más significativas como son: la curricular, estética, evaluadora, actitudinal, investigadora, productora, etc.; si no queremos que, de nuevo, pase lo mismo que con otras tecnologías ya incorporadas en las instituciones educativas, que sólo han servido para hacer las mismas cosas que antes, pero únicamente de forma más rápida.

No es suficiente utilizar el poder de las tecnologías para seguir haciendo lo mismo, aunque sea de formas más rápida y eficaz, sino también para llevar acabo actividades diferenciadas y nuevas.

En cuanto al estudiante, la creación, por medio de las redes, de entornos más flexibles y abiertos de aprendizaje, le exigirá el desempeño y adquisición de nuevas competencias, superando el papel pasivo de la mera memorización y repetición de la información y desenvolviéndose en otros más significativos para la resolución cognitiva de problemas, la localización, reflexión y discriminación de la información, el control activo de los recursos de aprendizaje puestos a su alcance para su organización y disposición de un itinerario formativo propio, y la adquisición de una actitud positiva para la interacción "con" y "desde" las tecnologías.

La adquisición y movilización de estas destrezas y habilidades le servirán no sólo para desenvolverse en estas tecnologías y en las instituciones educativas sino, lo que puede ser más significativo, para desenvolverse en la sociedad del futuro, que como viene apuntándose desde diferentes sectores será una sociedad del aprendizaje, y del aprendizaje a lo largo de toda la vida.

Respecto a los aspectos metodológicos, ya hicimos referencia, al comienzo del artículo, a la necesidad de contemplar que la utilización de las redes nos debe de servir no sólo para localizar información y ubicar materiales autoinstruccionales para los estudiantes, sino fundamentalmente para crear entornos de comunicación entre profesor-alumno y alumno-alumno, rompiendo modelos unidireccionales de comunicación.

El desafío que como profesores nos supone la utilización de las redes, no debe ser exclusivamente el hacer más cosas de forma más rápida y que podamos visitar sitios lejanos, sino crear entornos que faciliten el trabajo colaborativo entre los estudiantes. Desde esta perspectiva, una de las formas habituales de integrar las redes a los procesos de enseñanza-aprendizaje, es utilizar el método de proyectos, en sus diversas modalidades de intercambio interpersonales, colecciones de información o de resolución colaborativa de problemas.

Tales cambios deben de hacerse desde la base de aplicar nuevas estrategias de aprendizaje que estén basadas en la participación y la responsabilidad directa del alumno en su propio proceso de formación, favorecer la aplicación de diseños instruccionales apoyados en el trabajo independiente y autónomo, que permitan que los estudiantes seleccionen las fuentes, sistemas simbólicos de la información adaptados a sus características y necesidades particulares, propiciar por los medios la interacción entre usuarios junto a la interacción con los medios, asumir como valor significativo una perspectiva procesual de la enseñanza, por encima de una perspectiva centrada exclusivamente en los productos que se alcancen, y concederle la máxima significación a los contextos y al ambiente donde el aprendizaje se produce.

Por último, indicar que, aunque hemos aludido a la necesidad de cambios en el profesor y en el alumno para la incorporación óptima de esta tecnología, éstos aspectos no son suficientes para garantizar el éxito de su incorporación, deben también de mostrarse otros en las estructuras organizativas de las instituciones formativas, férreamente ancladas en la existencia de una persona que enseña y otra que aprende en unos momentos temporales fijos y en unos espacios estáticos.

D. Julio Cabrero Almenara.
Profesor de Tecnología Educativa de la Universidad de Sevilla.

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