EL HECHO RELIGIOSO EN EL SISTEMA EDUCATIVO ESPAÑOL

(Documento de trabajo para la Fundación ENCUENTRO)

1.- Introducción

Este documento recoge el trabajo del seminario de estudio que, con el mismo título, se ha tenido desde febrero 1998 en el Instituto Fe y Secularidad. Recoge, más concretamente, no poco de lo que constituirá la "ponencia-marco" del Simposio que está proyectado como culminación de dicho seminario para el próximo mes de abril; ponencia que será presentada por José Luis Corzo Toral. El presente documento se ha redactado con miras a que la Fundación Encuentro pueda ya explorar posibles consensos de las fuerzas sociales en algunos puntos y derivar de ahí propuestas concretas que presentar a dicho Simposio.

2.- Aclaración general sobre la orientación y alcance de nuestro trabajo

Tanto el seminario como el Simposio están proyectados desde una filosofía del ser humano y de su educación; ya que pensamos que es muy relevante en esta el factor religioso. El Simposio no tiene ninguna veleidad decisoria; tiene puro carácter reflexivo, de debate intelectual. Aun así, podrá aportar una iluminación (sobre un futuro deseable y no imposible) que podrá ser valiosa en nuestra coyuntura: cuando crece el multiculturalismo y cuando la incorporación a Europa abre nuevas perspectivas a la vez que ofrece nuevos modelos de actuación. Podría con ello también sugerir ya ciertas soluciones cercanas.

3.- Salvedades

Naturalmente, este replanteamiento no interfiere con el reconocimiento (artículo 27,3 de la Constitución española) del derecho de los padres "a que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones". Pero todos somos conscientes de las dificultades que viene creando su aplicación a la clase de "religión y moral católica" por cuanto ésta, obligatoria para los centros, es opcional para los alumnos y da, con ello, lugar a la enojosa y no resuelta problemática de "las alternativas". (El punto que más hoy nos suele hacer escépticos sobre las posibilidades de solución.)

4.- Un aspecto hasta ahora poco atendido en el problema

Sin merma de lo dicho en el nº anterior, y de la salvaguardia de los tiempos que se den a la enseñanza religiosa que llamaremos "confesional", habría que atender al que podíamos llamar "derecho humano" de la sociedad española y de todos sus miembros a tener correcta información sobre el hecho religioso -tan esencial en la historia humana y tan importante para la formación de una personalidad integrada.

Este aspecto de la cuestión fue pasado por alto en la reivindicación de los que, en la transición democrática, propugnaron la aconfesionalidad; y tampoco, por otra parte, ha sido después suficientemente destacado en las reivindicaciones católicas. Pensamos que, por ello, el hacer ahora central su consideración -con lo que a su propósito enseña el tiempo trascurrido- podría aproximar no poco las posturas y abrir camino hacia posibles consensos.

5.- Seis tendencias de solución

Es útil aquí evocar seis posibles "tipos ideales" en el modo de tendencia hacia la solución del problema; se han dado en nuestra civilización occidental, aunque nunca puras:

a)      "confesional" sería la legislada por estados confesionales coherentes: una enseñanza religiosa obligatoria y única, vigilada en su ortodoxia por la autoridad religiosa competente; a la que no se da alternativa. Se supone que los miembros del estado son también practicantes de la religión en cuestión. (Las excepciones se tratan con uno u otro estatuto especial.)

b)      "secular" podríamos denominar aquella a la que se llega, desde la anterior, cuando se reconoce explícitamente la libertad religiosa. Lo que era excepción es normalizado y se reconoce el pluralismo. Hay aún que subdividir: puede que el pluralismo sea lo dominante o puede que subsista una situación de preferencia confesional, aunque limitada.

c)      "liberal": llevada a plena consecuencia la libertad religiosa en una situación más y más pluralista, se produciría un mosaico de alternativas en el seno de la escuela unitaria. En un determinado momento, los alumnos se dividirían en grupos para atender enseñanzas religiosas confesionales (de cada confesión) -o una alternativa de filosofía de tendencia agnóstica-. (Todo debe ocurrir con el máximo respeto mutuo; pero habría que ponderar el impacto de los mensajes secundarios que los alumnos recibirían en esa situación.)

d)      "laicista": como reacción a una situación confesional prolongada y en virtud de un proceso de secularización acelerado, puede producirse tal visión prevalente de los aspectos negativos (fanatismos, oscurantismos, violencias...) de las religiones y de sus exclusivismos que lleven a desear su positiva segregación del sistema educativo; relegándola a un status simplemente privado y familiar.

e)      "cultural": la voz de alarma viene, entonces, a darla, incluso para los no practicantes de ninguna religión, el advertir que sin una suficiente comprensión de lo religioso, dejan de ser comprensibles muchas cosas (historia, arte, costumbres, valores) de las propias culturas, más aún de la entera humanidad. Se propugna entonces el retorno de unas clases de "cultura religiosa". La diferencia con los tipos "confesional" y "liberal" está en que tales clases son concebidas como abiertas, y obligatorias, por igual para todos los alumnos. Esto elude el peligro de ghettos; fomenta la tolerancia y la comprensión mutua y no se ve que deba generar indiferentismo; las clases, que llamaríamos "neutrales", pueden complementarse con otras clases confesionales para los practicantes de cada religión.

f)        "humanista" podíamos, por fin, llamar a la tendencia, muy cercana a la anterior, que pone acento en que el factor religioso no se agota en sus manifestaciones culturales (sobre todo, las más externas), sino que tiene funciones humanas más hondas. Esta tendencia no separa lo religioso de los aspectos éticos y axiológicos de la existencia humana individual y social; reclama que la escuela no quede exclusivamente en manos de la tecnología y la economía. Confía en que clases de religión (neutrales ante todo, también las confesionales) ayuden a cada uno a encontrar el sentido de la vida y a todos a convivir en democracia.

6.- Hacia la formulación de propuestas concretas: algunas sugerencias

Este último punto no puede ser plenamente desarrollado en este documento de trabajo. Ya que se han de buscar complejos equilibrios prácticos, que, a partir de los datos existentes y respetando los límites, vayan alumbrando ante todo el futuro posible, camino del deseable. Eso es, precisamente lo que se busca suscitar con el Simposio: la apertura de un debate leal de toda la sociedad o, al menos, de los más directamente interesados; que sepan ir más allá de las polémicas y desplegar una imaginación constructiva. Podría ser también algo que la Fundación Encuentro aportara previamente al Simposio en algunos puntos básicos.

Las sugerencias que siguen van en primer lugar a los actuales "actores confesionales"; en segundo lugar a los actuales responsables del sistema educativo; en tercer lugar a actores confesionales y no-confesionales en posibles esfuerzos convergentes.

7.- Los actuales "actores confesionales"

Entendemos por tales a los actuales docentes de "Religión y Moral católica" y sus estructuras. Forman un cuerpo de profesionales numeroso y experimentado; fiel, con sentido vocacional, a su tarea a pesar de muchas incomprensiones sociales. Han realizado, en notable mayoría, una importante evolución en los últimos decenios: no sólo saben distinguir correctamente la clase de religión de la catequesis, sino que son tolerantes y conocen y aprecian lo religioso incluso en sus formas no católicas.

¿No podrían, en muchos casos, ofrecer sus clases a todos como un servicio educativo común, desde la facilidad que les da su experiencia religiosa? Servicio informativo: que mostrara la tradición cristiana de nuestro país, sus raíces, sus frutos, sus luces y sus sombras, en relación también con las otras religiones de la vieja España. Servicio también formativo, aunque no catequético: mostrando la dimensión religiosa de la existencia humana, individual y social; con atención expresa a la realidad futura de la España europea y más y más llena de inmigrantes, donde han de convivir (y no sólo tolerarse) diversas concepciones de la vida.

¡Qué absurdo sería que un profesorado especializado en enseñar el cristianismo a los cristianos católicos, no sirviera para enseñarlo a todos, sin afán proselitista sino servicial!

8.- Los responsables del sistema educativo

Por su parte, las Administraciones públicas y otros responsables del sistema educativo español parece podrían ya contribuir al futuro deseable incorporando a la Universidad, con rango y exigencia auténticamente universitarios, estudios y titulaciones sobre el hecho religioso. Para comenzar, cursos "máster" para licenciados de Facultades humanísticas (Filosofía, Historia, Teología, Filología) que los capacitaran para las ya incluso preceptivas "actividades sobre Sociedad, Cultura y Religión". Ulteriormente, es deseable un título de licenciatura en "Ciencias de las religiones".

No parece razonable que el ordenamiento universitario español siga ignorando prácticamente los estudios -hoy tan florecientes en la Europa comunitaria- sobre la dimensión religiosa humana. No es coherente un interés por la presencia de lo religioso en la educación obligatoria que no llegue a los niveles superiores de la enseñanza; sobre todo, porque el rango universitario del profesorado es calidad irrenunciable. Las Facultades eclesiásticas y sus titulaciones -reconocidas por el Estado español- no tienen por qué ser las únicas instituciones académicas que se ocupen de lo religioso y formen profesionales competentes. (Los Obispos, por supuesto, retendrán el derecho de enviar o no al ejercicio de la enseñanza confesional personas de su confianza académicamente tituladas, en unas u otras instituciones.)

9.- Actores confesionales y no-confesionales en colaboración

Desde un punto de vista humanista, parece deseable la instauración de un área de religión, valores éticos y humanismo, donde se programaran combinadamente, a lo largo de las distintas etapas educativas, diversos estudios de la religión, de ética y de concepciones filosóficas de la vida; dando siempre lugar en algunos cursos de las respectivas etapas a la opción confesional de los alumnos que la desearan. Se trataría de evitar que los niños sigan siempre vías paralelas que se ignoren mutuamente; y que unas materias sean alternativa forzada para los que optan. Buscando, más bien, el máximo de coincidencia en un tronco común. Los profesores de Cultura y símbolos religiosos, de Historia de las religiones, de Biblia, de Ética y concepciones filosóficas, compartirían una misma área con los de perspectivas confesionales; en colaboración leal, que no implicaría dilución de su identidad.

De hecho, cuanto menor es la edad de los alumnos, más difícil se hace la distinción entre la vivencia religiosa y el estudio de la religión; y, al mismo tiempo, más delicadas se tornan las opciones que dividen a unos niños de otros y que separan a los compañeros a causa de las opciones de sus padres; tanto desde el punto de vista psicológico y afectivo como desde el pedagógico y organizativo. La iniciación infantil a la oración personal y la asistencia a actos religiosos se realizan mejor en la familia y la respectiva comunidad religiosa. Pero no se puede eliminar de la escuela el conocimiento del propio medio social y cultural, impregnado de alusiones religiosas. Narraciones bíblicas, lugares, tiempos y costumbres de naturaleza religiosa, tanto del cristianismo como de las religiones que cada vez más comparten nuestro entorno social, pueden explicarse de una forma aconfesional que evite tanto el proselitismo como la crítica destructiva. "Así dice la Biblia, así piensan los musulmanes o judíos" serían formas comunes de hablar en tales clases.

10.- Un texto para meditar (De Simone WEIL, L'Enracinement [1943], 118-121)

"Las polémicas en torno al laicismo [de la escuela] han sido de las principales causas de envenenamiento... Desgraciadamente la cosa está lejos de arreglarse. Es imposible evitar una toma de postura en este problema y, ya de entrada, parece imposible encontrar una postura que no sea muy mala.

·        Lo cierto es que la neutralidad es una mentira. El sistema laicista no es neutro, comunica a los niños una filosofía que si, por una parte, es muy superior a la religión tipo San Sulpicio, por otra, es muy inferior al cristianismo auténtico. Y hoy es muy raro. A pesar de ello, muchos maestros muestran hacia esa filosofía [laicista] un fervor religioso.

·        [El liberalismo] La libertad de enseñanza no es una solución. La expresión está vacía de sentido. La formación espiritual de un niño no pertenece a nadie; ni al niño, puesto que no es capaz de disponer de ella; ni a los padres; ni al Estado. El derecho de las familias, invocado tan a menudo, no es más que una máquina de guerra. Y un sacerdote que, teniendo una ocasión natural para hacerlo, se abstuviera de hablar de Cristo a un niño de familia no cristiana, sería un sacerdote casi sin fe.

·        Mantener, tal cual, la escuela laica y permitir, o incluso favorecer, a su lado, la competencia de la escuela confesional es un absurdo desde el punto de vista teórico y desde el punto de vista práctico. Las escuelas privadas, confesionales o no, deben ser autorizadas no en virtud del principio de libertad, sino por un motivo de utilidad pública, en cada caso concreto que la escuela sea buena y bajo reserva de control.

·        [La asignatura confesional] Conceder al clero un lugar en la enseñanza pública no es una solución. Aunque fuera posible, no es deseable y, en Francia, no sería posible sin una guerra civil.

·        Ordenar a los maestros que hablen de Dios a los niños [catequesis], como ha hecho hace unos meses el gobierno de Vichy, por iniciativa del Sr. Chevalier, es una broma de muy mal gusto.

·        Conservar a la filosofía laica su estatuto oficial, sería una medida arbitraria, injusta por no responder a la escala de valores, y que nos precipitaría directamente en el totalitarismo. Porque, aunque el laicismo haya suscitado un cierto grado de fervor casi religioso, se trata, por la naturaleza misma de las cosas, de un grado débil; y ahora vivimos en una época de entusiasmos al rojo vivo. La corriente idólatra del totalitarismo sólo puede encontrar obstáculos en una vida espiritual auténtica. Si se acostumbra a los niños a no pensar en Dios, llegarán a ser fascistas o comunistas por la necesidad de entregarse a algo.

·        [Razonamiento de la autora] Se ve más claramente lo que exige la justicia en este terreno, cuando la noción de derecho se sustituye por la de obligación ligada a una necesidad. Un alma joven, que se despierta al pensamiento, tiene necesidad del tesoro acumulado por la especie humana durante el curso de los siglos. Se perjudica a un niño cuando se le educa en un cristianismo tan estrecho, que le impida para siempre la capacidad de darse cuenta de que hay tesoros de oro puro en las civilizaciones no cristianas. La educación laicista causa a los niños un perjuicio todavía más grande: disimula esos tesoros y, además, los del cristianismo.

·        La única actitud, a la vez legítima y posible en la práctica, que puede tener en Francia la enseñanza pública respecto al cristianismo, consiste en considerarlo como un tesoro del pensamiento humano entre muchos otros.

·        [Cultural] El colmo del absurdo es que un bachiller francés llegue al conocimiento de poemas de la Edad Media, del Poliuto mártir [Corneille], Atalia y Fedra, de Pascal y Lamartine, de doctrinas filosóficas impregnadas de cristianismo, como las de Descartes y de Kant, de la Divina Comedia o el Paraíso Perdido, y que jamás haya abierto la Biblia.

·        Bastaría con decir a los futuros maestros y profesores: la religión ha tenido en todo tiempo y en todos los países, salvo últimamente en algunos lugares de Europa, un papel dominante en el desarrollo de la cultura, el pensamiento y la civilización humana. Una enseñanza en la que nunca se habla de religión es un absurdo. Por lo demás, igual que en historia se habla mucho de Francia a los francesitos, es natural que, en Europa, si se habla de religión, se trate principalmente de cristianismo.

·        Así que habría que incluir en todos los niveles de la enseñanza, para niños ya un poco mayores, unas clases que podrían etiquetarse, por ejemplo, como historia religiosa. Se haría leer a los niños pasajes de la Escritura y, especialmente, el Evangelio. Se comentarían según el espíritu mismo del texto, como siempre debe hacerse.

·        Se hablaría del dogma como de algo que ha desempeñado un papel de primer orden en nuestros países, y en el que hombres de extraordinario valer han creído con toda su alma; tampoco habría que disimular que muchas crueldades han encontrado pretexto en él; pero, sobre todo, se intentaría sensibilizar a los niños ante la belleza que encierra.

Si ellos preguntan: "¿Eso es verdad?", hay que responder: "Es tan hermoso, que ciertamente tiene mucho de verdadero. En cuanto a saber si es o no absolutamente verdadero, tratad de haceros capaces de verificarlo vosotros mismos cuando seáis mayores". Estaría rigurosamente prohibido incluir nada en los comentarios que implicase la negación del dogma, así como su afirmación. Todo maestro o profesor que lo deseara y que tuviera los conocimientos y el talento pedagógico necesarios, sería libre para hablar a los niños, no sólo del cristianismo, sino, también, aunque insistiendo mucho menos, de cualquier otra corriente de pensamiento religiosos auténtico".

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