“La Renovación de la Profesión Docente”

Origen: www. unicef.cl

 

PRESENTACIÓN

El texto que aquí se presenta corresponde al debate “La Renovación de la Profesión Docente”, que tuvo lugar en UNICEF el día 17 de junio 1999. Esta actividad se enmarca dentro del ciclo de discusiones denominada “Desafíos de la Política Educacional”, que UNICEF ha desarrollado como un modo de contribuir a fortalecer, mejorar o corregir algunos aspectos relevantes de la Reforma Educativa Chilena.

El ciclo completo ha incluido los siguientes temas:

·        Tensión entre derecho a la educación y libertad de enseñanza

·        Financiamiento de la educación: implicancias sobre la equidad

·        La renovación de la profesión docente

·        Socialización en los primeros años: repercusiones y alternativas educativas.

·        Impacto educativo de la enseñanza preescolar: resultados, causas y desafíos

·        Claves de la inequidad en la educación básica

·        La deserción en la educación media

Nuestro objetivo, con este ciclo de debates, es generar y difundir interés, conocimientos y acuerdos sobre dimensiones claves del proceso de cambio educativo en curso. Para este fin UNICEF quiere constituirse en un espacio disponible para la discusión plural y constructiva.

Pensamos que la política educacional debe poner en el centro de su agenda el compromiso del estado de asegurar a todos los niños y jóvenes el derecho a una educación de la mejor calidad. Este es el desafío que UNICEF ha hecho suyo, a partir de la convicción de que una sociedad desigual encuentra en la educación una de las principales herramientas de su democratización.

Para garantizar a todos el derecho a una buena educación, es preciso identificar y remover los obstáculos económicos, sociales, culturales e institucionales que impiden su distribución equitativa y perpetúan las desigualdades de origen. Pero éste no es sólo un problema técnico, es principalmente un desafío social y político. Ejercer una vigilancia crítica orientada por estos principios, y promover la participación y la discusión en espacios cada vez más amplios, son parte de la contribución de UNICEF a esta tarea. Se trata nada menos que de convertir la perspectiva de la educación como un derecho de todos en parte del sentido común. Creemos posible que la sociedad chilena en su conjunto, llegue a apropiarse del valor de la educación como una palanca de promoción social para todos sus hijos.

Pensamos que sólo la difusión del conocimiento, la generación de discusiones en diferentes ámbitos de la sociedad y la apropiación de este desafío más allá del mundo de los expertos y las autoridades, podrán modificar una realidad que todavía no nos es satisfactoria.

 

Mario Ferrari

Representante de UNICEF para Argentina, Chile y Uruguay


INTRODUCCIÓN

 

Las importantes transformaciones educacionales en curso afectan también, y muy centralmente, a la profesión docente. La naturaleza de los cambios en educación ponen en el centro de las preocupaciones un conjunto amplio de nuevos conocimientos, capacidades y prácticas que los profesores debieran adquirir para hacerlos efectivos. Vistos en su conjunto estos requerimientos suponen una profunda renovación de la profesión docente, la que debe ser repensada en términos de su identidad profesional, procesos de formación inicial y en servicio, y formas de organización y participación. En el caso chileno, está pendiente para la Reforma Educacional lograr una mejor relación política y técnica con los docentes, en efecto, más allá de lo realizado hasta ahora, Chile carece de un modelo y una política consensuales acerca de qué significa la renovación y modernización de la actividad docente. Este debate se basa en la convicción de que la Reforma de la calidad y la equidad educativas tiene en la adhesión y compromiso de los docentes una condición indispensable: ésta se hace con y por los profesores o no pasa de ser un buen deseo.

Los participantes en la conversación fueron:

Jaime Pérez de Arce, Subsecretario de Educación

Jorge Pavez, Presidente del Colegio de Profesores de Chile

Rosa María Torres, Consultora del IIPE-UNESCO Buenos Aires

Iván Núñez, Asesor del Ministro de Educación

Beatrice Ávalos, Coordinadora del Programa de Fortalecimiento de la Formación Inicial Docente del Ministerio de Educación

Ricardo Hevia, Consultor de UNESCO

Gastón Sepúlveda, Jefe del Proyecto de Fortalecimiento de la Formación Inicial Docente de la Universidad de la Frontera

Mario Vargas, Jefe del Departamento de Administración Educacional de la Municipalidad de Santiago

Carlos Veas, Secretario Ejecutivo de la Federación de Instituciones de Educación Particular, FIDE

Jenny Assael, Asesora del Presidente del Colegio de Profesores de Chile

El tema, complejo por su combinación de dimensiones políticas, culturales y académicas, fue abordado desde diferentes perspectivas, constatándose en muchas de ellas la presencia de desacuerdos. Sin embargo, estas discrepancias se refirieron más a valoraciones de lo hecho hasta ahora, que a propuestas de lo que debe hacerse a futuro. Al contrario, parece haber un consenso bastante avanzado respecto de cuestiones fundamentales que deben ser abordadas y resueltas para mejorar la calidad del desempeño docente. La síntesis que presentamos comienza con un breve enmarcamiento internacional del tema, que permite situar los desafíos chilenos en el contexto de problemas de la Región; luego se discuten las relaciones entre Reforma y profesión docente; a continuación se profundiza en la idea de profesionalización, como vector de los esfuerzos de renovación de la profesión docente; para finalmente comentar algunos de los más importantes desafíos que se abren para una futura política educacional de fortalecimiento de la docencia.

 

Contexto internacional.

La inclusión de los docentes en forma activa y protagónica, es el gran “cuello de botella” de los procesos de Reforma en general. El tema tiene un carácter eminentemente conflictivo, sensible y de profundas implicancias políticas, lo que ha hecho que las posturas se planteen en forma muy polarizada. Más aun, en términos de política hacia los docentes en el ámbito internacional, no parecen haber señales muy alentadoras: postergaciones presupuestarias unidas a la crisis económica, junto a un fenómeno social de pérdida de interés entre los jóvenes por ser profesor, y cambios en los procesos de formación en los institutos postsecundarios, derivan en dinámicas que bien podrían caracterizarse como de “desprofesionalización” de la docencia.

Es una característica muy extendida de las Reformas Educativas, recibir el reclamo de los docentes por su falta de participación, parece haber un conflicto permanente entre las decisiones tomadas por los gobiernos y los espacios de consulta esperados por los profesores. A nivel de las unidades, no basta con “decretar” la participación, si el modelo escolar continúa siendo rígido y autoritario, ésta no encuentra las condiciones para desplegarse.

Una falencia importante de las Reformas ha sido limitar las políticas hacia los docentes en términos de mejorar sus capacidades y conocimientos, descuidando una dimensión clave: la voluntad y compromiso. Las Reformas, aun antes de enfrentar los desafíos de "saber cómo", se juegan en el "querer cambiar" de los actores. Desde esta perspectiva una buena reforma es, prioritariamente, una reforma viable, que se puede llevar a la práctica porque cuenta con la simpatía, la adhesión y el compromiso de los actores. Para transformar la realidad escolar es indispensable no generar resistencia, rechazo o indiferencia de parte de los maestros, actitudes todas que han sido una constante en las diferentes experiencias de reforma. A la base de buena parte de las incomprensiones o valoraciones tan diferentes sobre los avances de las reformas entre las autoridades políticas y los maestros, hay una carencia inicial de apropiación de los cambios, que hace ver las nuevas oportunidades como sobrecarga, y los nuevos desafíos con angustia.

El campo educativo adolece de una intolerancia muy generalizada, que afecta a los diferentes estamentos, no sólo entre docentes y gobierno, más aun entre docentes y familias, entre directivos y docentes. Esto deriva en un funcionamiento fuertemente fragmentado, desde los diseñadores de curriculum respecto de los productores de texto, hasta los profesores de una y otra asignatura: la parcelación parece ser una característica cultural y organizacional fuertemente arraigada en el campo educativo, que impregna fuertemente las condiciones de trabajo y las visiones de los profesores sobre los procesos educativos.

 

Contexto de Reforma.

Los procesos de cambio cultural y económico, que tienen como vector la exponencial expansión del conocimiento y los medios de su transmisión y uso, así como la irrupción de la tecnología en casi todas las esferas de actividad humana, han puesto a la educación (en un sentido amplio) en el centro de las prioridades y las necesidades. Sin embargo, se advierte un desfase entre esta condición estratégica y los acelerados cambios que están a su base, y la capacidad del sistema escolar y de sus profesionales, los docentes, de renovarse y estar a la altura de estos nuevos requerimientos. Transformar la escuela en un centro especializado en aprender/enseñar en este nuevo contexto y a los profesores en verdaderos profesionales del conocimiento y su transmisión, constituye el desafío mayor para el campo educativo en general y la identidad profesional de los profesores en particular. Aquí se juega en último término la tan sentida demanda de recuperar su estatus social.

Las políticas hacia la profesión docente son un tema en que constatar el desacuerdo entre los actores (en diagnóstico, valoraciones, prioridades, propuestas), es el primer y quizá más importante hallazgo. Existe cierta desconfianza y prejuicios muy instalados entre los actores principales en juego (Mineduc, Colegio de Profesores y Municipios), que dificulta la discusión abierta y los acuerdos y compromisos. Sin embargo existe consenso sobre la centralidad del tema para el éxito de la Reforma en general y también acerca de lo dificultoso de su tratamiento en los últimos años. Asegurar el compromiso, la participación y el interés de los docentes en la Reforma se ha vuelto una necesidad crítica para el País.

La profesionalización docente debe ser discutida en el marco más amplio de la Reforma Educativa: cuando son los aprendizajes de los niños el indicador de éxito de la Reforma, el actor clave para ella no es el Ministerio ni los sostenedores, sino los docentes. Esto, en el caso chileno, pone en un escenario privilegiado a quienes constituyen la base profesional de un campo en desarrollo, inmerso en un proceso de cambio acelerado. Aunque se expresan diferentes juicios sobre la Reforma (de mayor o menor cercanía), hay consenso en valorar los objetivos de calidad y equidad educativas como norte de la Reforma y acuerdo en la necesidad de impulsarla.

Como valoraciones más favorables se mencionaron:

política, programas y reflexión elaborados sobre los docentes

prioridad en la asignación de recursos hacia los profesores

iniciativas concretas de apoyo y desarrollo profesional

cambios legislativos importantes (Estatuto Docente, Jornada Completa) que mejoran el entramado legal en que trabaja la profesión

Como valoraciones más desfavorables se mencionaron:

desarticulación de las políticas, falta de integración, lo que impide al profesor percibir la coherencia de las diferentes líneas de la Reforma

falta de sustento conceptual, de teoría que fundamente la propuesta (que la hay) sobre la renovación del profesor

falta de participación, en el sentido de generación de autonomía y conquista de espacios por la sociedad civil

visión estrecha del cambio educativo requerido: utilitarista y no ligado al desarrollo amplio de la persona

insuficiente mejoramiento de las condiciones de trabajo de los docentes, básicamente el aumento de sueldos, pero también las condiciones organizacionales de desempeño.

Se piensa que las transformaciones educacionales generan un marco auspicioso para la profesión docente, en efecto, se le han abierto horizontes nuevos, atractivas oportunidades de desarrollo profesional y desafíos que implican una redefinición de su trabajo y la identidad profesional. Han quedado atrás las imágenes que hacían contradictoria la modernización tecnológica de la educación y la importancia del rol docente: ya nadie piensa que más tecnología implica menos profesores, y –más importante aun- es consensual que las modernas tecnologías de la información y otras transformaciones socioculturales, requieren de un fortalecido –aunque por supuesto renovado- rol de los profesores para la formación de los alumnos.

Los juicios sobre el nivel de avance de la Reforma en términos de fortalecer la profesión docente, deben ser hechos considerando algunos aspectos que -inevitablemente- limitan la rapidez y extensión del impacto de las políticas, entre ellos:

las precarias condiciones de los docentes a finales de los ochenta

lo numeroso del cuerpo profesional, que unido a las políticas “universalistas” de mejoramiento (por lo menos respecto de los mínimos salariales), generan una carga presupuestaria muy grande

el carácter más cultural que político o material, que tienen los procesos de cambio educativo en que están implicados los docentes

 

Desarrollo profesional.

Es importante discutir las connotaciones que tiene la idea de "profesionalización" de los docentes, en la medida en que se instala el supuesto de que actualmente ellos no serían profesionales. En todos los demás campos la profesionalidad se da por adquirida con la formación universitaria, no se ve porqué en el caso de los profesores esto deba ser distinto. Otro tema es, sin embargo, el de los estándares de calidad del desempeño profesional de un docente: sería conveniente establecer algún sistema de que permita juzgar las capacidades, habilidades y conocimientos esperados en diferentes momentos de la carrera profesional. Esto es aún más necesario dada la importancia del aprendizaje que se obtiene en el ejercicio mismo del oficio de enseñar, el saber pedagógico acumulado en la experiencia práctica; pero debiera servir además para articular el perfeccionamiento en servicio y otras dimensiones de la carrera profesional de un docente. Todo esto más que "profesionalizar", es promover el "desarrollo profesional" de los maestros.

Se debe valorar las estrategias concretas que la Reforma ha impulsado para el fortalecimiento de la profesión docente. Un ejemplo sustantivo es la promoción de grupos de trabajo colectivo, que tienen como meta el desarrollo personal, social y profesional de los docentes. En ellos, los profesores elaboran un conocimiento que expande sus posibilidades de acción, fortalece su identidad y autoestima, y renueva su compromiso colectivo con la enseñanza. La centralidad política y profesional de estos espacios radica en el reconocimiento del saber pedagógico -adquirido por los docentes en la práctica y en la reflexión sobre ella- y la necesidad de su desarrollo como un elemento indispensable para la política educativa. Esta lógica esencial ha estado presente en las iniciativas de la Reforma.

Las nuevas metodologías de formación en servicio obligan a repensar los programas de capacitación utilizados (a veces por la misma Reforma), a fin de hacerlos coherentes, lo cual pasa por un reconocimiento de las capacidades y conocimientos generados por los profesores en la reflexión sobre su práctica. Además, para dar mayor potencialidad a estas experiencias de autoperfeccionamiento gatilladas con la Reforma, se las debe vincular con cuestiones estratégicas de más amplio alcance, como por ejemplo los procesos de formación inicial de los maestros y en general con las Escuelas de Educación de las Universidades; o con oportunidades de investigación educativa que los docentes realicen con apoyo externo. De no hacerse, las reflexiones se vuelven autorreferentes y tienden a agotarse. Estos espacios enfrentan además algunas dificultades burocráticas, limitaciones de tiempo y se enfrentan con una cultura escolar aun muy rígida.

Es importante asumir las perspectivas de trabajo que se abren con la Reforma Curricular, los profesores debieran incorporar capacidades de diseño y adaptación del curriculum, transformando su relación con los nuevos programas de estudio. Se debe abandonar el rol limitado a aplicar, por uno más constructivo. Sin embargo, hasta ahora han habido orientaciones contradictorias al respecto: mientras por un lado formalmente se abren las oportunidades en este campo, no se entregan las herramientas ni se generan las capacidades para hacerlas efectivas. Esta necesidad de formación de los profesores aparece como central, toda vez que el nuevo curriculum implica un cambio paradigmático respecto a las disciplinas y a las formas de enseñanza. Sin duda ocupar significativamente este espacio de (re)creación curricular será un proceso gradual de aprendizaje y formación colectivos.

Una conclusión evidente es afirmar la urgencia de acercar las universidades a la Reforma Educativa. En efecto, la profesión docente mantiene una dependencia muy estrecha con las universidades a lo largo de toda su trayectoria: la formación incial, el perfeccionamiento y nuevas formas de asesoría en terreno, están a cargo en la casi totalidad de los casos de las universidades. Sin embargo, existe consenso en que -salvo excepciones- éstas se encuentran alejadas de los conceptos, ideas y prácticas impulsadas por la Reforma. El dinamismo adquirido en esta década por el campo educacional ha acrecentado la tradicional distancia entre la experiencia de formación universitaria y los requerimientos del trabajo.

El tema de la participación es clave, por sus ramificaciones sobre aspectos técnicos, políticos y culturales. Por una parte, se argumenta la variedad de instancias de participación abiertas en los últimos años a los docentes, que –teniendo como base el trabajo colectivo en su unidad educativa- están llamados a definir proyectos de mejoramiento para su establecimiento, seleccionar recursos de aprendizaje, diseñar las actividades pedagógicas de la extensión de la jornada escolar, elaborar o adaptar planes de estudio para el nuevo curriculum, etc. Por la otra, se critica el fuerte enmarcamiento de todos estos espacios, el hecho de que se reduzcan a aspectos técnico pedagógicos y no institucionales o políticos, la falta de tiempo de los docentes para trabajar en ellos (lo que redunda en una sobrecarga de los profesores) y las condiciones organizacionales restrictivas (sobre todo al interior de los establecimientos, pero también en la relación con los sostenedores) que limitan cuando no desvirtúan las oportunidades de participación abiertas por la Reforma. Estas visiones contrapuestas (ambas con una buena base de realidad), se disputan la opinión y la valoración de los docentes; el resultado parece ser una enorme distancia entre la experiencia cotidiana de participación y compromiso de los profesores con los Programas de la Reforma y la crítica pública (en un registro más político) de la misma Reforma..

 

Otros desafíos.

Hace falta aumentar la autocrítica de los principales actores en juego, en efecto, se ha caído en argumentaciones cerradas, de desconocimiento y descalificación recíprocos. La caricaturización hecha por el Colegio de Profesores de que “no hay Reforma” o “nunca se consulta nada”, se corresponde con la imagen dada por el Ministerio de que “la Reforma es perfecta” o “la participación ha sido amplia”. Estas imágenes discursivas, que en el fondo sólo expresan intolerancia, van calando en el sentido común de los profesores y la sociedad civil, aportando poco a la construcción colectiva de un proceso inevitablemente ambivalente y conflictivo, como es una Reforma Educativa de las proyecciones de ésta.

La actitud predominante del gremio docente durante la década ha sido reivindicacionista, producto de una concentración de su discurso en los aspectos salariales. Esto ha desperfilado al magisterio como actor en el debate sobre políticas educacionales. Esta postura restrictiva ha comenzado a ser revertida en los últimos años, existiendo una manifiesta intención de situar al Colegio de Profesores como interlocutor en todo el ámbito de la Reforma. La señal más clara a este respecto fue la realización del Congreso Nacional de Educación.

Una herencia cultural que no colabora con la Reforma, pero sobre todo que impide una mayor profesionalización de los docentes, es la defensa corporativa de profesores, que a veces han cometido alguna falta. Al contrario, los docentes debieran asumir más firmemente la defensa del derecho a la educación de los alumnos, erradicando prácticas discriminatorias originadas -entre otros- en los propios docentes. Es decir, pasar de la organización sindical corporativa y reactiva, a un Colegio Profesional que se preocupa por el desempeño, la ética y la modernización de su oficio.

Parece ser que el nuevo régimen de administración del sistema escolar, basado en la gestión descentralizada y la redefinición del rol del Ministerio de Educación, dejó a los docentes con una sensación de desprotección, de desamparo. Ellos recienten la relativa distancia que tienen con el Ministerio porque ella parece expresar un retiro del Estado, que históricamente había constituído buena parte de la identidad profesional de los docentes (“profesor de Estado”). La Reforma actual, que ha operado dentro de estos nuevos marcos, resignificándolos pero manteniéndolos, ha sufrido las quejas de un cuerpo docente que no acaba de resituarse en el nuevo ordenamiento institucional del sector. Por supuesto, los problemas de gestión de los sostenedores (empleadores, en este caso) contribuyen a reforzar y mantener estos temores.

Para fortalecer la identidad profesional, se debiera hacer énfasis en la dimensión ética de la profesión docente. Para ellos, “sacar a todos sus alumnos adelante” no debiera ser sólo un desafío profesional (en este sentido de “saber técnico”) sino además un compromiso ético. Así, el objetivo profesional de lograr calidad educativa, viene a sustentarse en el valor social de la equidad.

Un tema clave sobre el que existen opiniones y valoraciones contrapuestas, es el de los salarios docentes. Por una parte, se argumenta que los niveles de ingreso mínimo y promedio de los profesores han sido reajustados significativamente en este tiempo (incluso en el contexto de crisis económica de los últimos dos años); por la otra, se señala que la remuneraciones actuales aun no están en consonancia con la carga de trabajo ni con la importancia de la profesión. Tampoco es consensual la idea de evaluar el desempeño de los maestros y ligar a ellos diferencias en los ingresos. El resultado es que, pese a que los docentes han sido la categoría laboral vinculada al sector público más beneficiada con aumentos de ingresos en la última década, entre los profesores existe una sensación generalizada de postergación y frustración.

Una línea de solución parece ser sacar las negociaciones salariales de la lógica contingente y ciega de uno o dos años plazo, y ponerla en un horizonte temporal mayor, concordando con los docentes una alianza de largo plazo de mejoramiento remuneracional. Esto permitiría dar mayor perspectiva a las negociaciones, sacar el diálogo de la tensión permanente y destinar energías a los demás temas sustantivos de la educación (siempre postergados por el problema salarial).

La Reforma ha tenido una clara deficiencia en términos comunicacionales, en el sentido de no destacar suficientemente los procesos de cambio profundo que han estado renovando en la práctica la profesión docente. Opacados por los grandes anuncios de las inversiones financieras, los programas en que han participado con entusiasmo los profesores tienen cierta opacidad pública. Esto no es sólo un tema de “marketing político”, en rigor es sustancial al proceso de Reforma que los discursos políticos y los mensajes de los medios refuercen, dando sentido y proyección, las iniciativas de cambio en que están involucrados los actores locales. Pero además, los esfuerzos comunicativos no han sido capaces de transmitir los principios valóricos por los que se orienta la Reforma, las opciones morales involucradas en el compromiso con la equidad y el sentido profundamente humanista de las transformaciones pedagógicas y curriculares. Esta deficiencia parece estar a la base de una cierta imagen de reduccionismo tecnicista o instrumentalización económica que algunos tienen de la Reforma, así como de la relativa distancia cultural respecto de los docentes que ha experimentado.

Es importante preguntarse por cuáles son las condiciones básicas que una escuela tiene que tener para transformarse en una organización para el aprendizaje. En este caso, cuáles son las condiciones de formación, capacidad y desempeño de los maestros, pero también cuáles son los requisitos salariales, las condiciones laborales y la organización institucional que soportan su trabajo. Parece enormemente productivo pensar en términos de la función esencial de ser un centro de aprendizajes, para discutir los demás temas de la escuela y la profesión docente.

Fortalecer los procesos de autonomía en la gestión de las escuelas, traspasando mayores atribuciones a sus actores (entre ellos los docentes), es una línea de política enormemente productiva, porque tiene al mismo tiempo beneficios en términos de administrativos, educativos y de profesionalización docente. Sin embargo, no ha sido fácil perfilar un modelo de gestión simultáneamente autónomo y público, por lo que muchas veces el discurso de la autonomía se confunde con el de privatización.

Una línea importante de discutir a futuro es abrir espacios de participación más amplios también en las dimensiones administrativas y de gestión, como por ejemplo, en la elección de las autoridades escolares por la comunidad, las cuentas públicas de gestión, etc. En este caso, claro, la mayor amplitud también se refiere a la importancia de favorecer la participación de nuevos actores (familias, alumnos, comunidad).

 

Esperamos que la lectura de este documento enriquezca estas ideas y haga surgir muchas más, a fin de transformar a los docentes en los primeros y más importantes agentes preocupados de asegurar a cada niño y joven, independiente de su situación de origen, el derecho a una educación de la mejor calidad.


DEBATE

Jorge Pavez

Quisiera agradecer la posibilidad de participar en este intercambio de ideas que tratará acerca de cómo mejoramos la calidad de la educación y cómo ayudamos a construir entre todos un país mejor. He leído los documentos bases[1], son un buen punto de partida para la discusión. La invitación previa, hecha por UNICEF, fue referida básicamente a la Reforma y, como dirigente del gremio, me interesa decir algunas cuestiones al respecto.

Estamos absolutamente de acuerdo con impulsar en nuestro país un proceso de reforma, un proceso que signifique resolver dos problemas que en los discursos siempre aparecen indicados: los  de equidad  y  los de calidad. Pero en esa visión común, en la que podemos coincidir con las líneas oficiales del gobierno, tenemos también importantes diferencias. Primero, vemos que los procesos de reformas que se impulsan en nuestro país y en el mundo están motivados por centros externos, básicamente el Banco Mundial.  Estos se plantean el tema de la calidad de educación desde una perspectiva bastante utilitarista y no como tradicionalmente los maestros la habíamos entendido:  formar individuos íntegros que se incorporen a un proceso de desarrollo del país y que, a su vez, sean posibilitadores de cambios a través de una visión crítica. En este sentido  creo que en estas reformas hay una visión estrecha. 

Por otra parte, debiéramos profundizar mucho más en el tema de la equidad. Se da por descontado que el tema de la equidad está resuelto a partir del esfuerzo que se hace durante el gobierno militar y en los últimos años por resolver los problemas de cobertura. Eso no es así, pues si bien existe un avance importante en la enseñanza básica, en enseñanza media aún tenemos dificultades, y para qué decir en la educación preescolar.

Teniendo esos dos ejes claros, coincidimos con las visiones teóricas que el gobierno está planteando respecto  a desarrollar en nuestro país un proceso de reforma.  No obstante, tenemos críticas importantes respecto a los ejes articuladores, que se implementaron en tiempo de dictadura, cuando vivíamos en una situación de país en la que no podíamos participar y donde sencillamente demolieron  el tradicional rol del estado (responsable principal de la educación), y también la función de los profesores.

Entonces, en esta primera vuelta de opiniones, yo diría que como dirigentes del gremio estamos de acuerdo con la reforma, pero tenemos una visión crítica del proceso que se ha hecho en nuestro país.  Esto porque no ha dado suficiente participación y no ha impulsado cambios institucionales, que modifiquen el marco jurídico que se diseñó en el tiempo de la dictadura.  Este diseño empezó un proceso de privatización, que entiende a la educación inserta en el mercado y respecto al cual falta financiamiento.  No hay en esta visión un trato objetivo que signifique mejorar las condiciones de trabajo docente. En esta situación nos encontramos como gremio, queriendo abrir un espacio de diálogo con el gobierno, pero teniendo desconfianza del gobierno y el gobierno, a su vez, teniendo una tremenda desconfianza en nosotros,  lo que, en la práctica, hace que muchas veces nos paralicemos en una acción que debiera ser claramente de impulso común.

 

Beatrice Avalos

Creo que Jorge ha puesto un tema importante sobre la mesa, que vale la pena discutir con relación al tema que nos preocupa aquí, el de los docentes.   Yo diría que en el contexto de la reforma hay un buen número de acciones que se están llevando a cabo y que tendrían el potencial para superar algunos de los problemas señalados por Jorge. 

He tenido oportunidad recientemente de conversar con las personas que coordinan desde el Ministerio, las actividades de los Grupos Profesionales de Trabajo (GPT).  Esta experiencia que consiste en la organización de actividades de encuentro de profesores en los liceos, tiene como meta orientadora el desarrollo personal, social y profesional de los profesores participantes.  Personal, en el sentido de tomar en cuenta que los profesores vivieron una época muy difícil durante la dictadura militar, que tuvo por resultado una baja de autoestima, sentirse maltratados, tener conflictos válidos con el Estado, con las municipalidades, con sus empleadores en términos de trato, de salarios, etc. Era importante poder rescatar o volver a darle vida a la convicción acerca del profesor como persona importante. Por otro lado, estaba el tremendo aislacionismo en el que trabajan los profesores, especialmente en el liceo, donde son especialistas. Cada uno hace sus cosas, corre de un lugar para otro. Todo esto requería énfasis en el desarrollo social. Por último, y quizás lo más importante de los GPT es el desarrollo profesional, el crecimiento en voz y visión de los docentes.  Esto se refiere a la capacidad de tener opiniones profesionales y saber cuáles son las orientaciones pedagógicas vigentes o en discusión en otras partes del mundo. Lentamente, con tremendas dificultades de tiempo por parte de los profesores, los GPT se han ido instalando en los liceos.  El programa que ha crecido gradualmente, ya tiene cuatro años.  Uno de los notables productos de este trabajo, es que más de un centenar de profesores se han sentado a escribir sus experiencias didácticas ( a partir de la realización de encuentros denominados Seminarios Didácticos),  las que están apareciendo en una publicación del MECE Media conocida como Páginas Didácticas.

Hay un conjunto de procesos como estos que ocurren en el contexto de la Reforma pero que no se resaltan suficientemente.   Escuchamos mucho de  Jornada Escolar Completa, Informática Educativa, Textos, Curriculum.  Estos son los grandes avisos de la reforma.  Pero no avisamos o comunicamos suficientemente los resultados de procesos más lentos y complejos como, por ejemplo, los que tienen que ver con el crecimiento profesional de los docentes:  los GPT, los talleres pedagógicos del programa P-900, las reuniones de docentes en microcentros rurales.   Creo que saber más sobre ellos daría una visión mejor de lo que está haciendo la reforma.   Estas experiencias necesitan más apoyo y ser puestas más en el centro de lo que sucede actualmente.

 

Iván Núñez

Sobre el Estado y las perspectivas de la profesión docente tengo una visión “pesimista en lo táctico y optimista en lo estratégico”.  Empiezo por lo estratégico, por la perspectiva larga y significativa.  A la profesión docente se le están abriendo horizontes que nunca antes había tenido.  Hay posibilidades y desafíos que están cambiando la historia de la profesión.  Creo que quedó atrás, por ejemplo, aquel “temor” a que la máquina o la tecnología, desplazaran a los docentes.  Se abre paso cada vez más el consenso que el docente, como ser personalizado y en sus relaciones e interacciones cara a cara, es cada vez más indispensable.  Eso lo va  entendiendo el país.  Así, hace dos o tres años que la demanda por ingresar a pedagogía  está creciendo.  Está revirtiéndose la tendencia a la disminución del interés por ingresar, se abren más cupos, además entran jóvenes con credenciales académicas más altas, etc*.  Algo debe olfatear el  sentido común, que tal vez nosotros, los llamados expertos, no valorizamos suficientemente.  En el siglo XXI en la sociedad del conocimiento, los profesores tendrán una centralidad que no la va a llenar la tecnología.  Esta es una batalla que se está ganando y eso es importante.

Creo que el hecho que con o sin ”pensamiento único”; con Banco Mundial o sin Banco Mundial, desde nosotros como latinoamericanos o creyendo en la hipótesis de la conspiración mundial; lo concreto es que están ocurriendo reformas educativas.  Y felizmente, en el caso de nuestro país, es una reforma en serio; puede ser discutible, con debilidades, con gradualidades, con un tiempo largo para madurar, pero es seria.  En ese contexto se ubica la profesión docente en Chile: de una manera distinta que si estuviéramos en un período de inmovilismo educativo.  Esto también llama al optimismo.

Dentro de la perspectiva que estamos trabajando en un terreno de enormes posibilidades, vale la pena señalar que los puntos de partidas fueron complicados y difíciles.  Yo llamaría a no olvidar el punto de partida de los años ochenta.  Hay que comparar la situación educacional y la situación magisterial de los ochenta y la de fines de los noventa.  No hay dónde perderse respecto a cómo y cuánto se ha avanzado al respecto.  Pero aún así, la estimación de un punto de partida muy deficitario no se puede revertir rápidamente.  Estamos en un campo que es muy amplio, cuantitativamente muy significativo, que pesa en las finanzas públicas.  No hay “varita mágica” que lo haga cambiar de un momento a otro.  Estamos hablando de un ámbito cultural.  Después de todo, las prácticas educativa, la  enseñanza y aprendizaje son procesos más culturales que políticos o materiales.  Por lo tanto son de difícil y lenta modificación.  Hay que mover muchas teclas para introducir cambios y esos cambios se producen a través de un tiempo largo.  Se está avanzando en la conciencia pública.  Está cambiando aquella noción de que los profesores sólo son recursos humanos, que el problema es  puramente de más plata o menos plata.  Se está abriendo una visión más compleja.  No estamos ya en el tiempo de aquel Subsecretario que llamaba a expulsar profesores y a suprimir el Ministerio de Educación.  Eso quedó como experiencia del pasado.  Con el tiempo irán también quedando como un mal recuerdo los que decían “Estatuto Docente: Estatuto indecente”.  Lentamente se va avanzando.

Desde el punto de vista de la política pública y tratando de tomar un poquito de distancia respecto a ella hay aciertos y debilidades.  Hay aciertos en el discurso (los discursos no son ociosos, los discursos no están de más, no son pura retórica, los discursos también construyen).  Desde el discurso del año 1996 quedó instalada esta idea de “fortalecimiento de la profesión docente”, que no es banal, porque sobre un discurso de esa naturaleza se puede girar y se puede exigir.  El  Estatuto de la Profesión Docente, va haciendo que ese discurso sea más concreto que una pura promesa.  Ha habido inversión financiera para respaldar ese discurso.**  Ha sido insuficiente; hay que expandir la inversión, pero a diferencia del panorama que nos muestra Rosa María en su trabajo respecto al conjunto de América Latina, acá se invierte cada vez más en  docentes, en vez de desinvertir o de retroceder.  Hay que avanzar más, a mayor escala, pero estamos en senda correcta.

El discurso de profesionalismo se respalda con la apertura de iniciativas concretas, como las que señaló Beatrice: construcción de profesionalismo en la escuela misma, en torno a las prácticas.  Aquí hay gente que puede contarnos lo que está pasando sin que lo sepamos. ¿Qué esta ocurriendo en el que podía ser el peor espacio para que existan y se desarrollen grupos de profesionales de la educación: el espacio de las escuelas multigrado, aisladas, rurales.  Allí se está haciendo una experiencia, que Gastón Sepúlveda podrá describir. 

Por otra parte, consideremos los Grupos Profesionales de Trabajo, lo que ha ocurrido en los Talleres de los Profesores en el Programa de las 900 Escuelas y, en  los últimos años, el Programa que apoya, con recursos ministeriales, la renovación de las carreras pedagógicas, etc.  Hay un conjunto de iniciativas y de espacios que se están abriendo y que permiten albergar mucho optimismo respecto a que se puede hacer de la docencia efectivamente una profesión, puesta en otra situación en la sociedad, con otra imagen y con otras capacidades.

Estamos marchando, desde la política pública gracias a que tenemos mucha inversión. Me siento satisfecho con el nivel de inversión para las  posibilidades de este país.  Por otra parte, no estamos trabajando sólo con las  herramientas jurídicas de la dictadura, como pudiera parecer.  También, con las nuestras. El parlamento cada cierto tiempo está enfrentándose a nuevos desafíos legales. La ley sobre Estatuto y su posterior reforma, las modificaciones legales al régimen de subvenciones escolares, la ley sobre jornada completa y otras, no son resortes de la dictadura. Son ejemplos de normas y reestructuraciones innovativas generadas en democracia.

Sin embargo ¿qué le reprocharía, a nuestra política de fortalecimiento de la profesión docente?.  Primera debilidad: no ha tenido la capacidad de articular suficientemente las múltiples iniciativas que se están dando al interior del propio generador de esta política, que es el Ministerio de Educación.  Aparecen como compartimentos estancos, como iniciativas que no se potencian mutuamente. 

Segunda debilidad, hemos hecho poco esfuerzo por ponerle teoría a ese discurso (esto no es sólo responsabilidad del Ministerio; es responsabilidad del mundo académico también).  Se requieren más esfuerzos para fundamentarlo mejor y complejamente, con debate, con alternativas, etc.  En ese sentido los documentos que se nos han aportado aquí son muy significativos para esta construcción.  Se trata de la  construcción, en debate, de una teoría compartida de la profesión docente, con todos los pluralismos que se requieran.  Creo que en eso estamos fallando. 

Tercera debilidad; la que se ha señalado respecto a la participación.  Estamos haciendo mucho por lo que alguien llamó la “profesionalidad conferida” desde el Estado, pero no se ha complementado con la “profesionalidad construida” desde la sociedad misma.  En este caso desde el magisterio, en las escuelas.  Hay falta de participación.  Pero cuidado: la falta de participación no se la atribuyamos sólo a una “conspiración del Estado que no quiere que la gente participe”.  Preguntémonos también ¿qué pasa en la sociedad civil, que la gente no participa? ¿de qué manera se la llama a participar. Digo esto porque hay modos y modos de participar, participar en qué, participar cómo.  Creo que nos falta mucho que aprender todavía.  La participación no es cuestión de decretos estatales, no es  cuestión de estructuras, sino también cuestión de culturas.  La cultura de la  mera reivindicación, por ejemplo.  La cultura de movilización y de confrontación no ayuda a la participación, ayuda a otras cosas.

Respecto al marco de la reforma, calidad y equidad, yo llamaría la atención sobre una opción que se hizo en este país y en esta década, tan histórica como la opción que se hizo a mediados del siglo pasado según el debate entre Bello y Sarmiento.  Por su parte, Sarmiento demandaba “educación popular” y Bello proponía construir una universidad para que hubiera una elite capaz de educar.  Hubo un dilema aquí también, al comienzo de los 90.  Se optó primero por equidad: por pre-básica y básica.  Ese fue el eje de la política educativa del Presidente Aylwin.  Esta política empezó primero jugándose en la equidad y después sumó calidad.  Primero, Educación Pre-básica y Básica y, en el actual gobierno, Educación Media, postergando la Educación Superior.  Postergando lo que hubiera querido Bello.  Seguramente el próximo gobierno va a poner énfasis en Educación Superior.  La batalla estará en que no se abandonen los avances y se  sigan potenciando e incrementando los logros que ha habido en parvularia básica y media.  Ojalá no ocurra que  las corporaciones universitarias, que son poderosas, que tiene voces de todo tipo y que son capaces de salir a las calles, empiecen a expropiar los recursos que ya se le han dado a la Media y a la Básica.  En este momento, en que entramos a definiciones políticas, sería bueno tener presente las opciones que se han hecho.  Hay necesidad de rescatar lo logrado en vez de desvalorizarlo.

 

Jenny Assael

A raíz de lo que plantea Iván, creo que debemos profundizar en la temática. Obviamente hay avances, eso nadie lo discute, acá hubo aumento en el presupuesto de educación, además no estamos en dictadura, el país avanzó diez años, han pasado cosas, hay una política de equidad,  pero existen también  gruesos problemas de inequidad. Si no entramos a complejizar no  avanzaremos.   Hay que ver dónde hay avances y por qué. El documento de Rosa María Torres complejiza, siento que es por ahí donde tenemos que avanzar, poder poner algunos nudos en términos de la profesión, que entremos a identificar los  problemas que allí se dan, las contradicciones. Lo digo como una acotación a cómo continuar el debate.

 

Gastón Sepúlveda

A propósito de la complejización del desarrollo de la profesión docente, yo hablo como una persona que está trabajando en la formación de profesores.  En la Universidad de La Frontera ganamos un proyecto del Ministerio para innovar en la formación de profesores, pero también he tenido la suerte de trabajos anteriores que están relacionados con trabajos de innovación educativa en terreno. Una de las experiencias más interesantes en mi vida fue haber contribuido al diseño del MECE Rural, programa que ha sido extraordinario en términos de posibilidades.

Uniendo todas estas cosas y a partir del desafío que plantea Jenny, y lo que plantea Rosa María Torres en su documento, se me ocurre que hay un foco extraordinariamente importante, además de las decisiones políticas e inversiones, que no está suficientemente explotado como posibilidad, y tiene que ver con  espacios progresivos para la participación de los profesores, esto es una cuestión básica. A mí me tocó vivir la reforma como egresado de la Escuela Normal de Victoria el año ‘65 y las posibilidades que se dieron como participación versus las que tenemos abiertas ahora, hay un mundo de diferencia.  Sin embargo, yo siento que no las hemos tomado demasiado en serio y no hemos focalizado esfuerzos, recursos, pensamientos, para abrir estos espacios de participación. Por ejemplo, la experiencia de los microcentros rurales es extraordinaria en términos de cómo los profesores pueden generar su propio conocimiento pedagógico, avanzar, etc. Eso no es suficientemente potenciado si no se vincula a un proceso estratégico, para usar las palabras de Iván, en términos de formación y desarrollo profesional docente. Si esa cuestión está aislada, circulando en los sectores rurales y no vincula otros tipos de esfuerzos, es probable que eso mismo se agote, la gente se aburra, pero en una vinculación con programas de formación docente, estos procesos alcanzan una extraordinaria dimensión.

Paso a relatar la experiencia que tenemos ya por tres años, de cómo hemos hecho esfuerzos, cada vez más crecientes, de incorporar a los profesores a la formación de futuros docentes y lo que hemos encontrado ahí es de una potencia extraordinaria.  Los programas de formación docente ya no pueden ser demandantes de espacios en las escuelas para tener alumnos en práctica, sino más bien invitar a las escuelas a este encuentro común de formación profesional docente y generar ahí  transferencias, donde los saberes se encuentren, se intercambien y se desarrollen. El otro día teníamos un taller de profesores colaboradores y surgió esta pregunta  “¿cómo hacemos los profesores que tenemos 45 alumnos y que tenemos dificultades objetivas por la administración de los colegios, la distribución de los horarios, etc., de poder hacer clases distintas a las clases lectivas?” Ellos mismos se respondieron: “sí, claro, estas son cuestiones objetivas, pero si estamos con alumnos que van a ingresar a la tarea docente, no les podemos decir que eso es imposible”. Ahí hay una cuestión extraordinariamente importante en términos de avanzar en la complejización de la formación de docentes, vinculado a la problemática de desarrollo educativo tal como se está viviendo en las escuelas.  Siento que por ahí hay una cosa que tenemos que explorar. 

Estoy de acuerdo con Iván, falta teoría, sabemos poco, es probable que los espacios de participación no sólo estén restringidos por la falta de recursos sino también cómo nosotros podemos contribuir a su desarrollo progresivo. Es indudable que se ha avanzado en la descentralización del perfeccionamiento de profesores en servicio, pero a mi juicio esta cuestión no está alcanzando los frutos que debiera por los modelos de capacitación y perfeccionamiento usados. Tengo la experiencia de una gran cantidad de cursos licitados en mi universidad, y hay un punto negro que tiene que ver con que no nos hemos hecho cargo de la voz de los profesores y así potenciarla en el desarrollo de conocimiento pedagógico.

 

Jorge Pavez

No puedo dejar de hacer algunas observaciones a lo que planteó Iván. Evidentemente que después de diez años se supone que las cosas cambian y se supone que para mejor.  Comparar los años ‘80 con los ‘90 es claramente una situación objetiva, que significa que vivimos en un país distinto, en que se supone que hay menos temor en la gente (a pesar de que objetivamente tenemos problemas en el poder Judicial que impide, por ejemplo, que haya plena libertad de expresión y que haya dos personas que por editar un libro van a la cárcel, que tenemos problemas en el Parlamento qué duda cabe), que el Estatuto Docente es un Estatuto que significó un cambio importante en las relaciones laborales y profesionales de los profesores en comparación a lo que existía en tiempo de dictadura. No se trata de hablar de un estatuto “indecente” o como decíamos nosotros “insuficiente”, sino que de un pensamiento coherente.  Tú contribuiste en la elaboración del Estatuto que como  Colegio de Profesores presentamos en el gobierno de Aylwin y que era claramente distinto al que finalmente salió.   Allí se plantea un espacio de profesionalización de la educación,  se plantea la posibilidad de que se valoren a los profesores si se perfeccionan, perfeccionamiento que pagan los profesores. Pero es también una realidad  que hemos tenido  que batallar durante tres años para que se nos pague un perfeccionamiento que está establecido en la ley. Entonces, son cuestiones que también es necesario revisarlas. 

Pero yo quería apuntar a las autocríticas. Yo creo que el gobierno hace una autocrítica respecto a que los procesos de cambios de la reforma son carentes de articulaciones entre ellos.  Esto es verdad, el maestro en la escuela ve estos planes diversos no con una lógica que le permita visualizar que detrás de todo eso que le está llegando, se está articulando la reforma, que tiene como sentido último mejorar sus condiciones de trabajo como profesional y,  también,  elevar la calidad de lo que está enseñando.  Me parece importante, además, que se plantee el tema de la participación, porque es efectivo, aquí han habido cambios curriculares en que no ha habido ninguna participación. Hubo bastante más en Enseñanza Media y creo que se notó.

En relación a la autocrítica, creo que es efectivo que el gremio se planteó históricamente, producto de su mala condición económica que no guarda relación con la importancia que tiene la profesión, una tarea fundamentalmente reivindicativa. Hoy, a partir de una revalorización real de las condiciones de trabajo docente y de una verdadera profesionalización, nos planteamos un cambio, que significa participar efectivamente en un proceso de profesionalización. En eso, nosotros, más allá de las debilidades y dificultades, hemos intentado, y eso es bueno que lo valorice el Ministerio de Educación, un esfuerzo real por cambiar y tener un pensamiento propio. El Congreso Nacional de Educación fue un paso importante. Logramos señalar como gremio: esto estamos pensando para la educación de nuestro país y en eso planteamos claramente un discurso que apunta a fortalecer la educación pública, como el gran eje central. 

Respecto a lo mismo, nos hemos planteado ahora, y se lo hemos comunicado al Ministro, formar equipos de reflexión pedagógica que nos perspectiven una posibilidad de movimiento de renovación, de innovación pedagógica, que va a tener que surgir con estas semillas que dice Beatrice Avalos. El problema es que estas semillas, como dice el colega de la Universidad de La Frontera, trabajan con enormes dificultades, porque la organización del trabajo docente efectivamente no ha cambiado, hay una cultura escolar absolutamente rígida, hay imposibilidad real de tiempo para poder trabajar en equipo; eso finalmente se logra si existe la posibilidad de que se reúnan los profesores, como estos microcentros rurales  que son un tremendo avance.  Pero cuando nosotros hemos planteado al Ministerio: dennos un par de días para que nos juntemos a discutir nuestros propios problemas, el Ministerio ha tenido dudas, dudas en el sentido de que no dependen de él las escuelas, tiene que hablar con la Asociación de Municipalidades y los municipios tienen dudas, porque piensan que después de esto se va a encontrar todo malo y se puede plantear una confrontación con el gobierno.

Hay prejuicios, faltan posibilidades de entendernos de mejor manera, por lo menos en los nudos donde tenemos la misma voluntad de cambios.  Yo leí el documento firmado por los Ministros y me parece extraordinario todo lo que han avanzado en compromisos, pero debiera ser importante que bajaran a la realidad de las escuelas, conocieran cómo estamos trabajando nosotros, las condiciones de inestabilidad con que trabajan los profesores, el grado de carga, el grado de estrés que están teniendo.  Dice Iván Nuñez que indudablemente mejor que diez años atrás; pero yo diría, también, que las exigencias se han cuadruplicado para el profesor. 

En algunos aspectos hay ciertamente avances importantes, que nosotros somos los primeros en valorar. Pero en otros hay una prepotencia intelectual, hay una clase de despotismo ilustrado, ustedes (Ministerio de Educación) creen ser los únicos que saben todo, entonces como lo saben todo, esta es la “gran” reforma, la viga maestra. Pero la verdad es que marcha con hartas dificultades.

 

Rosa María Torres

Quisiera empezar aclarando que me voy a separar del contexto chileno y a hablar más bien desde una mirada latinoamericana y desde algunas tendencias y debates actuales sobre el tema en otros países de la región. Es claro que este es un tema sobre el que tenemos dificultades para hablar, por ser sumamente complicado, delicado, sensible  y muy polarizado en América Latina. De hecho, éste es el gran cuello de botella de los procesos de reforma en todo el mundo.

Me voy a apoyar en algunas cosas que ya se han dicho aquí. Beatrice dice que hay iniciativas innovadoras, renovadoras, pero que muchas son poco visibles. La reforma chilena "hacia afuera" está en efecto cristalizada en dos o tres grandes programas, pero el tema docente como tal, no aparece, o aparece muy débilmente.

Al mismo tiempo, como dice Jorge, hacen falta signos más claros desde la política; una cosa son las iniciativas innovadoras, los intentos que se vienen haciendo desde varios ámbitos -gobiernos, organizaciones sindicales, instituciones escolares, etc.- y otra los lineamientos de política que muestren que esos intentos no son contracorriente sino que están enmarcados en una línea comprometida con rupturas importantes en torno al tema docente y al de la formación docente en particular.

Iván Nuñez mencionaba un optimismo estratégico que yo, al menos en este momento, no comparto. Entiendo que Iván se refiere específicamente a la situación chilena, y aquí ustedes son quienes tienen la última palabra. Pero si miramos lo que está ocurriendo con la cuestión docente en el mundo, y en los países en desarrollo en particular, no hay razón para ese optimismo. Más bien, el  diagnóstico es preocupante y apunta claramente a la desprofesionalización docente. En muchos países está costando reclutar docentes, incluido Estados Unidos, Gran Bretaña, Canadá, países altamente industrializados, con enormes recursos. Los pronósticos tampoco son optimistas: quienes estudian estos temas hacen pronósticos bastante devastadores de lo que puede llegar a ser la situación docente de no activarse medidas urgentes para contrarrestar las tendencias negativas actuales. Es decir, sí hay condiciones para pensar optimistamente hacia el futuro, pero sólo si se toman ya decisiones claras para revertir drásticamente esas tendencias.

Creo, como Jorge Pavez, que buena parte del por qué no se avanza en este campo, es porque hay un diálogo de sordos.  El desencuentro con los docentes es el desencuentro más viejo y repetido de las reformas educativas. Uno ve para atrás -años ‘60, ‘70, ‘80, ‘90- y el reclamo de los docentes está ahí y es siempre el mismo: “no hay participación, no nos consultan”. Esto no sólo en los países menos desarrollados, sino también en los más desarrollados: basta con leer lo que ha sucedido o sucede hoy mismo con el cuerpo docente en Japón, Corea, España, Gran Bretaña, Estados Unidos. Las reformas educativas se han hecho y se hacen en general a espaldas de, o al menos no con la suficiente consulta y participación de, los docentes. El "protagonismo", la "participación", la "autonomía profesional" de los docentes están mucho más presentes en el discurso, en los documentos, que en la realidad. Las declaraciones y recomendaciones de las sucesivas reuniones de ministros de educación (PROMEDLAC) en América Latina son, de hecho, tremendamente progresistas y favorables al tema docente. Sin embargo, del papel a la realidad las cosas cambian mucho.  

Hay una profunda intolerancia en el campo de la educación. Y esto no sólo en las relaciones entre organizaciones docentes y gobierno, sino en el campo de la educación como un todo. Los docentes son intolerantes con los padres de familia, unos y otros se ven como enemigos más que como aliados. La fragmentación dentro del sector es enorme, nadie se comunica con nadie: el departamento encargado del currículo no se comunica con el que hace los textos escolares, y ambos pueden trabajar sin ningún contacto con el que diseña y hace formación docente. Los docentes de un mismo grado no se conocen, no se reúnen para trabajar juntos. Los que planifican se desentienden del problema de la ejecución. Estamos llenos de blancos-negros, de dicotomías, de gente que no coordina. ¿Cómo esperar la articulación con otros sectores si dentro del propio campo predomina la descoordinación? De ahí que la inter-sectorialidad es un terreno en que se avanzó muy poco en esta década, a pesar de las declaraciones y compromisos.

Diálogo no es sólo diálogo de palabras. En los procesos de reforma educativa hay a menudo espacios de encuentro, reuniones de intercambio, consultas. Pero luego, la realidad contradice el diálogo, desvanece el sentido y el valor mismo de la consulta y la participación. El diálogo debe ser respaldado con medidas concretas que muestren consecuencia con el espíritu del diálogo.

Gastón Sepúlveda decía que estamos presenciando la emergencia de nuevas formas. Los Microcentros Rurales que hay aquí, con similares formas en otros lados, empiezan a multiplicarse y a cobrar notoriedad, lo que es finalmente un reconocimiento de la importancia de romper con el aislamiento de la tarea docente, la importancia de que los docentes se vinculen entre sí, trabajen juntos, salgan de la escuela. Pero, como dice Jorge, esto requiere una revisión profunda del modelo escolar convencional. No basta con decretar la participación docente, si el modelo escolar es rígido y no reconoce al maestro como sujeto que toma decisiones, y que las toma más allá de su aula y sus alumnos. Promover la participación docente en el cambio de la educación pasa por reconocer la centralidad de la participación docente en los procesos de reforma, y esto implica una revisión profunda de los parámetros con los cuales se viene haciendo reforma educativa, en los ‘90, en los ‘80, en los ’70, desde hace mucho.

 

Jaime Pérez de Arce

Comparto lo que decía Iván Nuñez, en términos generales,  creo que en el caso de Chile  el tema de los profesores, su rol, su compromiso, su motivación, su estímulo, su interés en los procesos de cambio, es el principal “talón de Aquiles “ del proceso de reforma que lleva adelante nuestro país.  Concuerdo con lo que decía Iván de que la prioridad colocada hacia el futuro es en materia de educación superior, y comparto la preocupación de tener el cuidado que ésta no nos vaya a hacer olvidar que  la principal prioridad debiera ser resolver este tema de los profesores en la reforma educacional.

Si compartimos lo dicho en los documentos base de este debate, éste es un proceso de reforma que tiene como indicador de éxito mejorar los logros y mejorar el aprendizaje de los niños, ahí el sujeto clave es el profesor y el aula, y no el Ministerio ni los gobiernos comunales.  De ahí emerge lo central que es este actor. En parte no está resuelto su protagonismo porque efectivamente hay un diálogo de sordos.  Hace falta tanto de parte del Ministerio, de la autoridad, como también del gremio, una visión más autocrítica y objetiva de las cosas.  No nos ayuda la visión de que “acá no hay reforma”, o que hay una “reforma perfecta” o que “no hay participación” o que “hay mucha participación”… y lamentablemente los discursos son de ese tipo.  Creo que es equivocado levantar la idea que las cosas que se han hecho en esta materia son suficientes, creo que se han hecho cosas importantes, pero mi impresión es que nos falta avanzar.

En materia de participación tenemos múltiples programas e iniciativas que tienen como eje fundamental la participación y  la decisión de los profesores.  Respecto del tema de identidad de los maestros, creo que este proceso se juega en los profesores como profesionales de la educación.  En esto es bastante claro lo que viene, la injerencia que pueden tener en el diseño de planes y programas de estudios, los grupos profesionales de trabajo, etc.  Se han señalado en el debate bastantes alternativas en las cuales han participado miles de profesores.  Todos son ejemplos que abonan en relación a que el rol, la participación y los espacios de decisión que tienen los profesores, respecto al que tenían hace apenas ocho años atrás, ha cambiado sustancialmente.

Sin embargo, la sensación que existe en el gremio, a mi juicio exagerada, es que no existe participación.  Lamentablemente cuando el discurso del gremio es exagerado, contribuye en los propios profesores a consolidar esa sensación, porque el gremio de profesores es probablemente en Chile el gremio que tiene mayor legitimidad y autoridad sobre sus afiliados, la voz del gremio es una voz importante para los profesores, constituye juicio y es constitutivo de sentido en el discurso de los profesores.  Entonces si uno tiene un gremio que dice “aquí no hay una reforma” (porque hay muchas declaraciones en momentos de contingencia que se han hecho en ese sentido), naturalmente que eso se introduce en el sentido de los profesores.

Mi impresión es que se han hecho avances pero tenemos insuficiencias, parte de las insuficiencias tienen que ver con el complejo sistema de administración que hoy existe.  En Chile ocurrió un fenómeno que no ha sido bien resuelto todavía, los profesores antes tenían un Ministerio, era su Ministerio, el profesor se sentía representado en el Estado a través de una institución tan importante que era el Ministerio de Educación, era su “pater” que lo empleaba, lo defendía, le pagaba su sueldo y se preocupaba que se sintiera lo mejor posible. Eso no ha sido satisfecho por la administración comunal, que es descentralizada, dispersa. En todo caso yo no estaría por volver atrás, el futuro está adelante, no está en la década del ‘60 ni del ‘70. Los gobiernos comunales, producto de los problemas de financiamiento que naturalmente el sistema ha tenido, infortunadamente han generado un discurso que  pone el acento en los problemas financieros, más que en la buena oportunidad que se les abrió.  Tengo la impresión que desde que se produjo este traspaso a los municipios, en la década de los ‘80, tenemos un gremio que se siente sin ningún órgano del Estado que se preocupa por ellos. Probablemente eso está en la raíz de la explicación de por qué el gremio tiene tanta potencia y es tan constitutivo de sentido para todos los demás profesores, porque pasa a ser la única voz que ellos tienen en las instancias que ejercen algún tipo de poder y de influencia.

En este sentido hay otro actor muy relevante que es la administración municipal, además de  las decenas de sostenedores particulares que existen. En qué aspecto también es importante este tercer actor, en que no son pocas las cuestiones que, desde el lado del Ministerio de Educación, se han visto como instrumentos importantes de participación tanto para los profesores, sostenedores y  directivos docentes.  Por ejemplo,  la  extensión de la jornada, no hay una definición central del Ministerio de Educación respecto de qué se hace con esas horas adicionales.  Más bien se plantea que con esta ley se abre otra oportunidad de participación de los profesores: son los colegios los que deben discernir en qué ocupan esas horas adicionales, es un gran instrumento de participación.   Desde el gobierno se dice que estamos dando un paso espectacular, nunca antes los profesores han tenido esta oportunidad de participación.  Pero por otro lado, vale la pena preguntarse si hubo efectivamente participación de los profesores en esas decisiones o fue simplemente un ejercicio hecho a puerta cerrada por el equipo directivo docente o por el Director del establecimiento con el Jefe de la Unidad Técnica Pedagógica.  La verdad es que sabemos poco si efectivamente esa participación de los profesores ocurrió o no ocurrió, y no sólo de los profesores, porque la ley de jornada escolar especifica que participen los padres  y también los centros de alumnos.

Pongo otro ejemplo, hace cuatro años que existe una ley que permite que algunos recursos económicos sean administrados por las propias escuelas y sea delegada esa facultad de administración de los gobiernos comunales a los propios establecimientos educacionales. Pero ocurre que, para que el profesor termine participando en esa decisión, hay dos pasos intermedios: primero que la autoridad comunal delegue efectivamente en el establecimiento, y segundo que si con esa delegación de facultades, el director del establecimiento va a hacer participar o no a los profesores en las decisiones. Tampoco sabemos qué ha pasado, lo concreto es que delegaciones de ese tipo ha habido pocas.   Ha habido poca demanda desde las propias escuelas.  A  propósito de qué es lo que pasa con la sociedad civil, uno tampoco puede decir que ha habido una movilización de los profesores en demanda de más recursos a ser administrados por las escuelas.  Ese fenómeno tampoco ha ocurrido y tampoco podríamos decir que el gremio ha contribuido, como parte de sus políticas, de sus diseños, en cómo los profesores hacen uso de esa posibilidad que tienen, no ha sido parte del discurso del gremio.

Mi impresión es que se requiere dar mayor espacio a la participación en términos legislativos y cuestionarse en este aspecto acerca de la gestión de los propios establecimientos educacionales.  Hasta ahora hemos dado espacios de participación en términos de decisiones de tipo curricular y en discusiones sobre aspectos técnico-pedagógicos.  En esos terrenos ha habido bastante avance, pero la pregunta que habría que hacerse es  ¿qué pasa en el terreno de la administración y de la gestión? ¿valdrá la pena dar un paso mas allá en términos de lo que son los gobiernos comunales? Hay una pregunta pendiente, existen experiencias en este sentido, por ejemplo la experiencia de los Consejos Escolares en España, donde tienen la capacidad hasta de nombrar al Director, en estos Consejos participan los propios padres y apoderados.  Una discusión de ese tipo no es sencilla en nuestro país, pero es una discusión que valdría la pena.

Hasta ahora han habido una serie de iniciativas, no menores, y que se podrían resumir en que la sociedad chilena ha aceptado la idea de que hay que discriminar positivamente en favor de la profesión docente, y esa discriminación positiva ha operado hace bastante tiempo, por ejemplo en becas y remuneraciones. No obstante, no ha habido otros sectores que hayan dicho: “pedimos lo mismo para nosotros”, desde ese punto de vista ha habido una aceptación social importante.

Aprovecho de hacer otra crítica al gremio, es evidente que hoy en día lo que gana un profesor es insuficiente, es evidente que el punto de partida fue extraordinariamente malo.  Pero también es evidente que desde el año 1992 a la fecha, todos los años los profesores han tenido un trato especial respecto a todas las demás funciones públicas, han tenido un reajuste en diciembre que lo tienen todos los funcionarios públicos del país, y han tenido además un reajuste a comienzos del año siguiente.  En la práctica se ha instalado esa discriminación positiva y eso hace que sea efectivo, más allá de que sea insuficiente,  que la profesión docente sea uno de los sectores que ha tenido, en términos porcentuales, los reajustes de remuneraciones más alto que ningún otro sector profesional. Evidentemente como partieron de un punto muy bajo, ese reajuste que en porcentaje es muy alto sigue siendo bajo el resultado final.

Sin embargo, a pesar de eso, a propósito de la constitución de sentido, mi impresión es que la gran mayoría de los profesores chilenos sienten que han sido perjudicados en los últimos ocho, nueve años.   En esto hay una responsabilidad que la ejerce el propio gremio, porque cuando el gremio se plantea expectativas remuneracionales que claramente son desmesuradas, cualquier resultado que se tenga por positivo  frente a los demás sectores, genera en el gremio la sensación de que fueron perjudicados.  Para poner el ejemplo reciente,  hemos enfrentado  dos paralizaciones, la última muy larga, en donde la paralización se produce porque no se le otorga al gremio un reajuste del 40% en términos reales, esto en medio de una situación de crisis económica. Qué significó, que el  resultado final fue extremadamente inferior a esa expectativa, por lo tanto la sensación que se produce es de frustración.  Pero si uno mira con objetividad el problema, significa que en medio de un año de crisis el único sector vinculado al aparato público que tuvo un reajuste real de remuneraciones, fue el de los profesores. Sin embargo, la sensación del profesor común y corriente es que fue perjudicado, a pesar de que ningún otro sector tuvo ese trato, y eso producto que las expectativas que se le plantean son exageradas.

Planteadas todas estas cosas, efectivamente uno puede decir: “aquí hay insuficiencia de teorías”, y no ha habido la capacidad de transformar el conjunto de políticas incluidas en este capítulo que llamamos “fortalecimiento de la profesión docente”.  Y, además, que este capítulo tenga la fuerza de los otros capítulos dentro de la Reforma, como la jornada escolar completa, el MECE-Media, lo que no hemos tenido, por decirlo de alguna manera, es un “MECE-Profesor”. Probablemente hay que desarrollarse por ese lado.

En segundo lugar, tengo la impresión, a propósito de la ausencia de teorías y de todas las experiencias que existen, que sería interesante reflexionar sobre la idea de favorecer y fomentar la investigación en las escuelas.  Estoy pensando en un FONDECYT para desarrollar investigación en los colegios, así como tenemos para hacerlo en universidades, algo de esa naturaleza debiera existir.

Pero creo que el gremio debiera ayudar más en este esfuerzo por legitimar, en el conjunto de la sociedad chilena, que hay que dar pasos más audaces en materia de discriminación positiva a favor de los profesores. A qué tipo de cosas me refiero, hay un conjunto de problemas que afectan a otros actores que son bien importantes, actores que no tienen voz ni autoridad, tampoco están organizados para levantar con fuerza sus demandas en la sociedad, éstos son los niños y los padres.  Estos actores son objeto de múltiples discriminaciones y problemas en las escuelas y liceos. El gremio no ha tenido una voz potente sobre este tema, porque esto significa criticar conductas de profesores, porque los que ejercen esas discriminaciones y las practican, son también profesores.

Seamos claros, quiero citar otro caso, cada vez que los temas de participación a los cuales se invita al Colegio, suponen tomar decisiones que afectan a profesores, ha habido problemas con el gremio.  Por ejemplo, el Premio Excelencia Docente que significa reconocer desde la base del sistema, a los mejores profesores para que finalmente cuarenta de ellos reciban un premio.   No fue fácil lograr esa participación.  Por qué, porque un dirigente gremial de una comuna tiene que tomar parte de una decisión respecto de sus afiliados, de cuál es el mejor profesor y eso fue complicado que lo hiciera el gremio, y es comprensible, pero el cuidado de eso le impide al gremio legitimarse frente a otros aspectos, frente a este otro conjunto de actores, que significaría que uno tiene un gremio docente que no sólo es reconocido, respetado y valorado por los propios profesores, sino por estos otros actores que son los propios jóvenes y los padres y apoderados.  Si hubiera habido una voz potente en función de garantizar mejor el Derecho de todos a la Educación en Chile, que tiene insuficiencias y trabas legislativas importantes, y el Ministerio de Educación no ha tenido fuerza, ha carecido de respaldo, de fuerza social que apoye necesidades de cambio legislativo.  En algunos momentos hemos intentado y hemos fracasado, porque es un tema que no está y no forma parte de la agenda del propio gremio docente.

Lo otro que uno debiera pensar es redefinir el rol del Consejo de Profesores, quizás por ese lado vaya esta idea de buscar maneras de que los profesores tengan mayores responsabilidades, no sólo en los aspectos pedagógicos y de reflexión sobre sus propias prácticas, ya que de eso hay muchas iniciativas en marcha, sino que también en la propia administración y gestión.

También creo que tenemos pendiente tener mayor información sobre el tiempo efectivo de reflexión pedagógica que tienen los profesores en la escuela.  Se han dado pasos, estas dos horas que hay en la jornada escolar completa, existen y se están usando, el punto es en qué se están usando, si efectivamente están siendo un espacio de reflexión pedagógica interesante.

Finalmente, creo que para poder avanzar en todas estas materias, para poder tener la tranquilidad y poder superar esas visiones muy autocomplaciente de parte de la autoridad o de la exacerbada crítica por parte del gremio, hay que resolver un problema y es el problema de las remuneraciones.  Mientras no se resuelva el problema actual, una dinámica en la cual cada dos años está el problema instalado y se anticipa una tensión, por la modalidad de negociación que el Colegio de Profesores ha instalado como moda en las últimas etapas.  Si no se genera un horizonte concordado, claro, estratégico, a varios años plazo, en que nos vamos a mover en materia de remuneraciones, y de esta manera tener un horizonte mucho más largo para que el debate, el diálogo y la interlocución esté centrada en estos otros aspectos, de lo contrario creo que no lo vamos a poder resolver.

 

Ricardo Hevia

Tenía cierto temor de aceptar esta invitación porque hace tiempo me encuentro fuera del circuito, ya que ahora estoy trabajando más en cultura que en educación; pero me anima escucharlos a ustedes, porque después de todo veo que las conversaciones no cambian tanto. Me alegro encontrarme con Rosa María.  Me pareció muy estimulante su documento base y quiero partir desde donde ella sitúa el problema.  Creo que la centralidad del aprendizaje docente vinculado a la centralidad del aprendizaje de los alumnos, es fundamental. Resulta que le suceden cosas a los alumnos, cosas muy importantes, que no las relacionamos necesariamente con las que le suceden a los profesores o con las que queremos que les sucedan a los profesores.

La próxima semana se publica un estudio del Consejo Nacional de Televisión donde los alumnos, niños y jóvenes, dicen que  casi todo lo aprenden de la televisión.  Prácticamente el 90 por ciento de lo que saben lo han aprendido frente a la televisión y no en la escuela. Y esto que es tan real, no toca a la reforma , no toca a la escuela, no se piensa en cómo esto afecta lo que el profesor hace a diario.  Parecen dos mundos tan distintos, el del alumno y el de la escuela. No sólo la realidad del docente, sino la realidad de la escuela es anacrónica.  Todo lo de la escuela parece anacrónico. En la sociedad del conocimiento, donde el aprendizaje es tan central (porque decir aprendizaje es decir conocimiento), resulta  cierto lo que afirma Rosa María Torres sobre la desprofesionalización.  Cuando estamos en un mundo donde más se requiere saber aprender y ser profesionales del aprendizaje, desprofesionalizamos al docente y se desprofesionaliza la escuela.  Esto es lo anacrónico, que el mundo parece caminar en una dirección y la escuela parece caminar en la dirección opuesta. A mí me gusta la expresión de Gastón de que hay que vincular los proyectos a proyectos estratégicos, y eso es un tremendo desafío a la imaginación.  ¿A qué proyectos estratégicos podemos apostar hoy día? Creo que hoy hay que apostar a la tecnología y tal vez repensar la escuela desde la tecnología, desde la revolución de las comunicaciones. Hay que ver hacia donde va el mundo y, desde allí pensar una escuela que le sea útil a ese mundo, donde el niño aprende en Internet y  muchos de sus aprendizajes ocurren fuera del aula.  Este es un problema real, el de la interfase entre la escuela y la tecnología, de la escuela y el mundo, de la escuela y la familia.  Es en esta interfase, donde nos perdemos o no nos atrevemos a reconocer que están los problemas y también los problemas relacionados con los docentes.

En un mundo donde se valora cada día más la heterogeneidad, donde se rescatan las diferencias, parece que el valor fuera uniformar, apretar a los docentes en una falange griega. No me hace sentido el corporativismo, incluso el del gremio, en un mundo más plural, más heterogéneo, más del reconocimiento de las diferencias.  Algo pasa con esta escuela que no termina de abrirse a un mundo nuevo, abrirse a la tecnología, al mundo de los aprendizajes que están tan fuera de ella. Cómo la escuela se puede potenciar para convertirse en un centro especializado en aprendizajes.  A lo mejor, el ser especialista en aprendizajes no lo asegura el título de profesor.  No es fácil dibujar la línea divisoria entre los que son docentes de alma y los que  son docentes porque no pudieron hacer otra cosa en la vida, y no están contentos en el ejercicio de docencia, y se ven empujados a ganarse el sustento dañando a los niños, dañando a sus colegas, dañando a las familias de esos niños.