Tercera Conferencia Magistral
Derechos de los Niños, Niñas y Jóvenes a la Información y Participación
Autor: Conferencia del señor Per Engebak, Director Regional de UNICEF para América Latina y el Caribe

Como uno de los eventos de conmemoración del Décimo Aniversario de la Convención sobre los Derechos del Niño, este Congreso ha dado lugar a una valiosa reflexión en particular sobre el derecho a la información que tienen los niños, niñas y adolescentes y su vinculación con el derecho a la participación. En las ponencias presentadas se han ampliado apropiadamente estos derechos en el sentido de incluir los derechos a la expresión y participación, fundamentales para la formación de la ciudadanía y de la democracia. Se ha incluido el impacto de los medios sobre la niñez, en especial el que proviene de la televisión y del Internet; igualmente se han hecho referencias a la tecnología y ética de la información y a la relación de ésta con el desarrollo psico-social del niño o de la niña. Otros temas han surgido en relación al derecho a la intimidad y a la privacidad, como por ejemplo el derecho que tienen los niños a sus pequeños secretos que forman parte de su mundo interior, y se han tocado aspectos relacionados con actividades paralelas como las analizadas en los grupos especiales: la confidencialidad de la información, el rol de los organismos internacionales, y la participación política de los niños y niñas.

Al celebrar este Décimo Aniversario, resaltemos que los principios de universalidad e individualidad de los derechos de los niños constituyen una característica especial de la Convención. Significan que los derechos civiles, políticos, culturales, económicos y sociales son inseparables y que en todo lugar debe buscarse su implementación integral. UNICEF, durante los años que precedieron a la Convención, se esforzó en especial por lograr avances en los derechos económicos y sociales, como lo hicieron varios Estados y otras organizaciones, convencidos de la viabilidad de la sobrevivencia y desarrollo pleno de la infancia. En efecto, intervenciones de bajo costo, efectivas y científicamente respaldadas, lograron salvar 25 millones de vidas durante los años ochenta gracias a esta clase de esfuerzos concertados.

Pero la Convención también establece que todos los niños y niñas tienen derechos civiles y políticos, y éstos hasta ahora han estado relativamente descuidados o no han recibido la atención necesaria. Incluyen precisamente derechos relacionados con el derecho del niño o de la niña a la información, como son el de tener un nombre y una nacionalidad, el gozar de la libertad de expresión, el derecho a la participación en las decisiones que afectan su bienestar, a la protección frente a la discriminación y a la explotación laboral, sexual o de otra clase. Cada uno de estos derechos tiene vínculos con el bienestar y el desarrollo pleno armonioso de los niños y niñas, incluyendo su formación como ciudadanos.

Habiendo logrado el éxito conocido respecto a la sobrevivencia de la infancia, sin olvidar que aún ocurren en el mundo 12 millones de muertes prevenibles entre los niños y niñas mas pobres, estamos convencidos de que es hora de actuar con firmeza y, a nivel global, para confrontar los retos que presentan los aspectos cívicos de los derechos de la niñez, en particular los derechos de protección y los problemas multifacéticos que tienen los niños, niñas y jóvenes.

trabajo infantil, niños trabajadores de las calles de las grandes ciudades, niños en la guerra, explotación sexual de los niños y niñas, violencia en el hogar y en los medios, tortura y detención injusta o privación de la libertad, discriminación y violencia contra las niñas y contra la niñez de grupos étnicos minoritarios.

UNICEF afirma contundentemente que estos problemas tienen solución y que la comunidad internacional, junto con los Estados y la sociedad civil, está en capacidad de elaborar una agenda práctica y unas fechas o períodos aceptables para hacerlo. Como há ocurrido con las metas de la Cumbre Mundial que durante la década se han estado llevando a cabo, algunas con mayor éxito que otras. Para ello se requiere ampliar y fortalecer la participación genuina de los niños y niñas, como se describe más adelante.

Recuerdo aquí una afirmación de La Declaración de la Cumbre Mundial:

Los niños del mundo son inocentes, vulnerables y dependientes. También son curiosos, activos y llenos de esperanza. Su tiempo debería ser de gozo y paz, de jugar, aprender y crecer. Su futuro debe estar lleno de armonía y cooperación. Sus vidas deben madurar, a medida que se amplían sus perspectivas y obtienen nuevas experiencias.

La Cumbre hizo igualmente un llamamiento especial a los niños para que participaran en el logro de las metas.

El derecho a la información

El derecho a saber o conocer, y por tanto el derecho a la información, se extiende a todos los aspectos que el desarrollo mental y la curiosidad de los niños abarcan, de acuerdo a su edad. El niño pequeño no tendrá tanto interés en conocer aspectos relacionados con la política o con su sexualidad, pero es evidente que esta situación es diferente a medida que el niño crece, madura y se convierte en adolescente. Los padres no pueden impedir que los niños reciban la información necesaria para comprender su propio desarrollo físico, mental y afectivo. Con base en esa comprensión es como pueden forjar su sentido de responsabilidad tanto individual como social.

El derecho a la información se liga hoy estrechamente a la construcción de ciudadanía, como lo han propuesto recientemente varios especialistas./ Para ello, los niños, niñas y jóvenes deben ser considerados como sujetos de derechos políticos, debe estimularse su participación en iniciativas de carácter social e impulsar nuevas formas de educación y prácticas democráticas en el sistema escolar.

Este proceso significa que el niño debe aprende a leer ciudadanamente el mundo, es decir, a desarrollar una mentalidad crítica, cuestionadora, que lo aleje del conformismo o de la resignación. Y que lo constituya en sujeto autónomo, libre tanto interiormente como en sus tomas de posición, capaz de pensar por sí mismo y no sólo con las ideas que circulan a su alrededor. Para ello, necesitamos escuelas en las que aprender a leer signifique aprender a distinguir, a discriminar, a valorar y escoger dónde y cómo se fortalecen los prejuicios o se renuevan las concepciones que tenemos de la política, de la familia, de la cultura y de la sexualidad. Esto significa también una escuela capaz en su uso creativo y crítico de los medios audiovisuales y las tecnologías informáticas.

Una verdadera condición de ciudadanía se expresa en la preparación del niño en el ejercicio de sus derechos y en su participación activa en todas aquellas decisiones que lo afecten, como lo exige la consolidación de la democracia. Los niños, y en particular los jóvenes, son portadores de verdades, percepciones, conocimientos, y también de palabra. La Convención ha dado legitimidad jurídica a un hecho casi ignorado por las prácticas sociales de muchos países, al incorporar el derecho de los niños y jóvenes a ser escuchados y que su opinión sea tenida en cuenta.

El derecho a la participación

La Convención favorece los procesos democráticos, entendidos no como procesos que conducen a una determinada forma de régimen político, sino como procesos de cambio social que permitan a los niños el ser incluidos en todas las decisiones que afecten sus vidas. Los autores de la Convención no hicieron referencia a la edad del niño/niña, sino a la “evolución de sus facultades” (art. 5), y por supuesto que son distintas las posibilidades de participación de los niños y niñas más pequeños y de los jóvenes adolescentes. El artículo 12 afirma que todos los niños y niñas tienen el derecho a expresar sus opiniones en los asuntos que los afectan. La participación no se limita a áreas específicas, y por eso mismo incluye el tomar parte en las decisiones de la familia, la escuela, la comunidad y la sociedad.

El Comité de Derechos del Niño ha enfatizado el rol de la familia en la promoción de estos derechos, señalando que es el espacio donde se puede iniciar la experiencia democrática del niño o de la niña. Los valores de la tolerancia, comprensión, mutuo respeto y solidaridad que se viven en la familia, fortalecen la capacidad del niño para una participación ilustrada en procesos de decisión. Al participar, el niño aprende; al participar el niño asume como propios los asuntos en los que participa, trátese del ambiente escolar o de su comunidad. O trátese de ámbitos políticos, como pueden serlo los movimientos por la paz de los niños en algunos países de la región, y su participación en procesos electorales o en parlamentos infantiles.

Se ha comprobado que la participación conduce a mayor eficiencia y sustentabilidad de los procesos de cambio. Se explica que al entender la participación como una posibilidad de compartir el control de recursos y de decisiones, los niños y jóvenes asumen responsabilidad, entendida ésta como un mecanismo de apropiación de los procesos y obligaciones contenidos en esta apropiación. Sartre escribió que la responsabilidad es “la conciencia de ser el autor incontestable de un evento o un objeto, y es igualmente una reivindicación lógica de las consecuencias de nuestra libertad”.

En este sentido, la responsabilidad explica la relación entre participación y eficiencia: el niño o niña, al participar, se convierte en “parte” de aquello en lo que participa, se convierte en su autor. Tal conciencia de ser el autor de un proceso o de un proyecto, engendra una responsabilidad que se manifiesta en actuar de modo favorable al proyecto o proceso.

UNICEF entonces afirma que respetar a los niños y darles oportunidades de participación es una de las maneras más efectivas de fomentar en ellos la creencia en sí mismos, la confianza en sus posibilidades, y el aprender a negociar en los procesos de toma de decisiones. La participación se convierte así en un fin en sí misma, y no sólo en un mecanismo par a asegurar el cumplimiento de otros derechos. La participación, fortalecida con el derecho a la información, se constituye así en un derecho básico, civil y político, cuya vigencia podrá garantizar las sociedades al alcance de los niños.

Por último, quiero felicitar a todas las personas organizadoras de este Congreso, en especial al Consejo Nacional del Menor y la Familia y su Presidente, Dr. Marcelo Jalil; a los ponentes y asistentes por las valiosas ideas y discusiones llevadas a cabo en estos días, que sin duda significan otro paso hacia adelante en el cumplimiento de la Convención. Muchas gracias.