Como uno de los eventos de
conmemoración del Décimo Aniversario de la Convención sobre los Derechos del
Niño, este Congreso ha dado lugar a una valiosa reflexión en particular sobre
el derecho a la información que tienen los niños, niñas y adolescentes y su
vinculación con el derecho a la participación. En las ponencias presentadas se
han ampliado apropiadamente estos derechos en el sentido de incluir los
derechos a la expresión y participación, fundamentales para la formación de la
ciudadanía y de la democracia. Se ha incluido el impacto de los medios sobre la
niñez, en especial el que proviene de la televisión y del Internet; igualmente
se han hecho referencias a la tecnología y ética de la información y a la
relación de ésta con el desarrollo psico-social del niño o de la niña. Otros
temas han surgido en relación al derecho a la intimidad y a la privacidad, como
por ejemplo el derecho que tienen los niños a sus pequeños secretos que forman
parte de su mundo interior, y se han tocado aspectos relacionados con
actividades paralelas como las analizadas en los grupos especiales: la
confidencialidad de la información, el rol de los organismos internacionales, y
la participación política de los niños y niñas.
Al celebrar este Décimo
Aniversario, resaltemos que los principios de universalidad e individualidad de
los derechos de los niños constituyen una característica especial de la
Convención. Significan que los derechos civiles, políticos, culturales,
económicos y sociales son inseparables y que en todo lugar debe buscarse su
implementación integral. UNICEF, durante los años que precedieron a la
Convención, se esforzó en especial por lograr avances en los derechos
económicos y sociales, como lo hicieron varios Estados y otras organizaciones,
convencidos de la viabilidad de la sobrevivencia y desarrollo pleno de la infancia.
En efecto, intervenciones de bajo costo, efectivas y científicamente
respaldadas, lograron salvar 25 millones de vidas durante los años ochenta
gracias a esta clase de esfuerzos concertados.
Pero la Convención también
establece que todos los niños y niñas tienen derechos civiles y políticos, y
éstos hasta ahora han estado relativamente descuidados o no han recibido la
atención necesaria. Incluyen precisamente derechos relacionados con el derecho
del niño o de la niña a la información, como son el de tener un nombre y una
nacionalidad, el gozar de la libertad de expresión, el derecho a la
participación en las decisiones que afectan su bienestar, a la protección
frente a la discriminación y a la explotación laboral, sexual o de otra clase.
Cada uno de estos derechos tiene vínculos con el bienestar y el desarrollo
pleno armonioso de los niños y niñas, incluyendo su formación como ciudadanos.
Habiendo logrado el éxito
conocido respecto a la sobrevivencia de la infancia, sin olvidar que aún
ocurren en el mundo 12 millones de muertes prevenibles entre los niños y niñas
mas pobres, estamos convencidos de que es hora de actuar con firmeza y, a nivel
global, para confrontar los retos que presentan los aspectos cívicos de los
derechos de la niñez, en particular los derechos de protección y los problemas
multifacéticos que tienen los niños, niñas y jóvenes.
trabajo infantil, niños
trabajadores de las calles de las grandes ciudades, niños en la guerra,
explotación sexual de los niños y niñas, violencia en el hogar y en los medios,
tortura y detención injusta o privación de la libertad, discriminación y
violencia contra las niñas y contra la niñez de grupos étnicos minoritarios.
UNICEF afirma
contundentemente que estos problemas tienen solución y que la comunidad
internacional, junto con los Estados y la sociedad civil, está en capacidad de
elaborar una agenda práctica y unas fechas o períodos aceptables para hacerlo.
Como há ocurrido con las metas de la Cumbre Mundial que durante la década se
han estado llevando a cabo, algunas con mayor éxito que otras. Para ello se
requiere ampliar y fortalecer la participación genuina de los niños y niñas,
como se describe más adelante.
Recuerdo aquí una
afirmación de La Declaración de la Cumbre Mundial:
Los niños del mundo son
inocentes, vulnerables y dependientes. También son curiosos, activos y llenos
de esperanza. Su tiempo debería ser de gozo y paz, de jugar, aprender y crecer.
Su futuro debe estar lleno de armonía y cooperación. Sus vidas deben madurar, a
medida que se amplían sus perspectivas y obtienen nuevas experiencias.
La Cumbre hizo igualmente
un llamamiento especial a los niños para que participaran en el logro de las
metas.
El derecho a saber o
conocer, y por tanto el derecho a la información, se extiende a todos los
aspectos que el desarrollo mental y la curiosidad de los niños abarcan, de
acuerdo a su edad. El niño pequeño no tendrá tanto interés en conocer aspectos
relacionados con la política o con su sexualidad, pero es evidente que esta situación
es diferente a medida que el niño crece, madura y se convierte en adolescente.
Los padres no pueden impedir que los niños reciban la información necesaria
para comprender su propio desarrollo físico, mental y afectivo. Con base en esa
comprensión es como pueden forjar su sentido de responsabilidad tanto
individual como social.
El derecho a la
información se liga hoy estrechamente a la construcción de ciudadanía, como lo
han propuesto recientemente varios especialistas./ Para ello, los niños, niñas
y jóvenes deben ser considerados como sujetos de derechos políticos, debe
estimularse su participación en iniciativas de carácter social e impulsar
nuevas formas de educación y prácticas democráticas en el sistema escolar.
Este proceso significa que
el niño debe aprende a leer ciudadanamente el mundo, es decir, a desarrollar
una mentalidad crítica, cuestionadora, que lo aleje del conformismo o de la
resignación. Y que lo constituya en sujeto autónomo, libre tanto interiormente
como en sus tomas de posición, capaz de pensar por sí mismo y no sólo con las
ideas que circulan a su alrededor. Para ello, necesitamos escuelas en las que
aprender a leer signifique aprender a distinguir, a discriminar, a valorar y
escoger dónde y cómo se fortalecen los prejuicios o se renuevan las
concepciones que tenemos de la política, de la familia, de la cultura y de la
sexualidad. Esto significa también una escuela capaz en su uso creativo y
crítico de los medios audiovisuales y las tecnologías informáticas.
Una verdadera condición de
ciudadanía se expresa en la preparación del niño en el ejercicio de sus
derechos y en su participación activa en todas aquellas decisiones que lo
afecten, como lo exige la consolidación de la democracia. Los niños, y en
particular los jóvenes, son portadores de verdades, percepciones,
conocimientos, y también de palabra. La Convención ha dado legitimidad jurídica
a un hecho casi ignorado por las prácticas sociales de muchos países, al
incorporar el derecho de los niños y jóvenes a ser escuchados y que su opinión
sea tenida en cuenta.
La Convención favorece los
procesos democráticos, entendidos no como procesos que conducen a una
determinada forma de régimen político, sino como procesos de cambio social que
permitan a los niños el ser incluidos en todas las decisiones que afecten sus
vidas. Los autores de la Convención no hicieron referencia a la edad del
niño/niña, sino a la “evolución de sus facultades” (art. 5), y por supuesto que
son distintas las posibilidades de participación de los niños y niñas más
pequeños y de los jóvenes adolescentes. El artículo 12 afirma que todos los
niños y niñas tienen el derecho a expresar sus opiniones en los asuntos que los
afectan. La participación no se limita a áreas específicas, y por eso mismo
incluye el tomar parte en las decisiones de la familia, la escuela, la
comunidad y la sociedad.
El Comité de Derechos del
Niño ha enfatizado el rol de la familia en la promoción de estos derechos,
señalando que es el espacio donde se puede iniciar la experiencia democrática
del niño o de la niña. Los valores de la tolerancia, comprensión, mutuo respeto
y solidaridad que se viven en la familia, fortalecen la capacidad del niño para
una participación ilustrada en procesos de decisión. Al participar, el niño
aprende; al participar el niño asume como propios los asuntos en los que
participa, trátese del ambiente escolar o de su comunidad. O trátese de ámbitos
políticos, como pueden serlo los movimientos por la paz de los niños en algunos
países de la región, y su participación en procesos electorales o en
parlamentos infantiles.
Se ha comprobado que la
participación conduce a mayor eficiencia y sustentabilidad de los procesos de
cambio. Se explica que al entender la participación como una posibilidad de compartir
el control de recursos y de decisiones, los niños y jóvenes asumen
responsabilidad, entendida ésta como un mecanismo de apropiación de los
procesos y obligaciones contenidos en esta apropiación. Sartre escribió que la
responsabilidad es “la conciencia de ser el autor incontestable de un evento o
un objeto, y es igualmente una reivindicación lógica de las consecuencias de
nuestra libertad”.
En este sentido, la
responsabilidad explica la relación entre participación y eficiencia: el niño o
niña, al participar, se convierte en “parte” de aquello en lo que participa, se
convierte en su autor. Tal conciencia de ser el autor de un proceso o de un
proyecto, engendra una responsabilidad que se manifiesta en actuar de modo
favorable al proyecto o proceso.
UNICEF entonces afirma que
respetar a los niños y darles oportunidades de participación es una de las
maneras más efectivas de fomentar en ellos la creencia en sí mismos, la
confianza en sus posibilidades, y el aprender a negociar en los procesos de
toma de decisiones. La participación se convierte así en un fin en sí misma, y
no sólo en un mecanismo par a asegurar el cumplimiento de otros derechos. La
participación, fortalecida con el derecho a la información, se constituye así
en un derecho básico, civil y político, cuya vigencia podrá garantizar las
sociedades al alcance de los niños.
Por último, quiero
felicitar a todas las personas organizadoras de este Congreso, en especial al
Consejo Nacional del Menor y la Familia y su Presidente, Dr. Marcelo Jalil; a
los ponentes y asistentes por las valiosas ideas y discusiones llevadas a cabo
en estos días, que sin duda significan otro paso hacia adelante en el
cumplimiento de la Convención. Muchas gracias.