Familia y desarrollo personal
Trabajo
enviado por:
Juan Paulo Rivera
paulo_ian_ula@openchile.cl
Universidad de Los Lagos
Unidad Tecnológica
Puerto Montt – Chile
Indice
1. Definición de familia
2. Introducción
3. ¿qué es la personalidad?
4. Características de la personalidad
5. La familia y la personalidad
6. El rol de la madre
7. El rol del padre
8. Ansiedad ante lo extraño y ansiedad por la separación
9. Perturbaciones en las relaciones familiares
10. Relaciones con los demás niños
11. Hermanos
12. Sociabilidad
13. El impacto de los cuidados diarios
14. Desarrollo cognoscitivo
15. Desarrollo social
16. Desarrollo emocional
17. Conclusión
18. Bibliografía
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1. Definiciones de
Personalidad
Es la
organización dinámica, dentro del individuo, de aquellos sistemas psicofísicos
que determinan su conducta y su pensamiento característicos.
(Allport)
Formas
relativamente estables, características del individuo, de pensar, experienciar
y comportarse.
(Rotter)
Una
organización más o menos estable y perdurable del carácter, temperamento,
intelecto y físico de una persona, lo cual determina su adaptación única al
ambiente.
(Eysenck)
2. Introducción
"El
carácter de un niño depende en gran parte de la estimulación efectiva e intelectual
de los primeros tres años de vida".
Bajo esta
premisa, la investigación que presentamos a continuación nos permitirá llegar a
plantear que la familia es la mayor influencia en el desarrollo de los niños,
siendo éstos también, influenciados de manera importante por otros miembros de
la familia.
Señalaremos
cuan importante es el rol de la madre con el lactante en sus primeras horas,
como también el rol del padre en establecer lazos estrechos.
Otro de
los puntos a tratar será el abuso contra los niños, incluyendo el abuso sexual
y el descuido de los padres.
Y al
finalizar comentaremos la influencia que tienen los hermanos desde temprana
edad, ya sea positiva o negativamente y cómo las acciones de los padres pueden
ayudar a disminuirla la rivalidad entre hermanos.
3. ¿Qué es la
personalidad?
La
personalidad es una de las categorías más polémicas y complejas de la
Psicología. Si consideramos que somos análogos los seres humanos (percepción,
aprendizaje o pensamiento) debemos analizar cómo nos diferenciamos de los demás
y cómo cada uno posee una personalidad propia y peculiar.
Comenzaremos
analizando la etimología del término personalidad, distinguiéndola del
temperamento y el carácter que, a menudo, se han tomado como sinónimos. Después
explicaremos diversas teorías sobre la personalidad, cada una con sus
partidarios y detractores.
Entre las
teorías más relevantes hay algunas clásicas, como el Psicoanálisis de Freund,
que otorga primacía al inconsciente del individuo; las tipologías de Catell y
Eysenck, que subrayan la importancia de los rasgos de personalidad y crearon
tests para medirlos; y la teoría humanística de Rogers, que destaca el
potencial de crecimiento humano. También veremos otros modelos teóricos con
notable influencia en la actualidad: el aprendizaje social de Rotter y Bandura
y la teoría cognitiva de Kelly.
Para
finalizar, describimos como los psicólogos evalúan la personalidad con
observaciones de conducta, experimentos y tests, y qué alteraciones o
desórdenes pueden presentar.
En la
actualidad predomina el cuarto significado. Con frecuencia, el término
personalidad se asocia con un criterio de atractivo social. Se cree que un
individuo tiene personalidad si posee algunas cualidades que los demás admiran
o elogian. Ser educado, tener atractivo físico, simpatía o talento pueden ser
los factores determinantes de este criterio.
Sin
embargo, entre los investigadores de la personalidad, que tratan de explicar
por qué las personas se comportan como lo hacen, hay muchos interrogantes sin
desvelar en su totalidad. ¿Qué es la personalidad? ¿Qué variables internas
(rasgos, cogniciones, expectativas) o situacionales son importantes en su
constitución? ¿Cómo se desarrolla a lo largo del ciclo vital de cada individuo?
¿Qué es lo normal y lo anormal en la personalidad?
Sabemos
que cada ser humano es único y singular, y también parecido a los demás. Si la
Psicología de las diferencias individuales enfatiza el estudio del individuo
concreto, la Psicología de la personalidad, si quiere ser una ciencia, tiene que
definir una leyes que expliquen la conducta de las diferentes personalidades
para poder predecir sus conductas. Todavía no existe un modelo global que
explique todo lo que sabemos del funcionamiento humano.
4. Características
De La Personalidad
Para comprender
mejor el concepto de personalidad, es preciso distinguirlo de otros
relacionados con él, como temperamento y carácter.
El
temperamento consiste en la herencia biológica recibida y, por tanto, es
difícil de cambiar o modificar. Millon (1993) lo describe como el material
biológico en bruto desde el cual la personalidad finalmente emerge. Se puede
decir que incluye el sustrato neurológico, endocrinológico y bioquímico desde
el cual la personalidad comenzará a formarse.
El
carácter es un término derivado de una palabra griega que significa grabado y
se forma por los hábitos de comportamiento adquiridos durante la vida. Millon
piensa que le carácter puede ser considerado como la adherencia de la persona a
los valores y costumbres de la sociedad en que vive.
La
personalidad es la conjunción del temperamento y el carácter en una única
estructura. La personalidad representa un patrón profundamente incorporado de
rasgos cognitivos, afectivos y conductuales manifiestos, que persisten por
largos períodos de tiempo y son relativamente resistentes a la extinción.
Entre las
características más relevantes de la personalidad podemos citar estas:
·
No tiene una
existencia real, se infiere a partir de la conducta de los individuos. Es una
abstracción que nos permite ordenar la experiencia y predecir el comportamiento
en situaciones específicas.
5. La familia y el desarrollo de la personalidad
¿Fue planeado y bienvenido su nacimiento? ¿ Qué edad
tenían sus padres? ¿ Estaban sanos física y emocionalmente? ¿Eran ricos o
pobres? ¿Cómo encajó su personalidad con la de ellos? ¿Cuántas personas viven
en su hogar?
Estos factores sociales tempranos tienen gran
influencia en el niño que usted fue y en la persona que es. Además, usted mismo
influyó en su familia. Los sentimientos que sus padres experimentaban y las
acciones que realizaban estuvieron influidas por el sexo, el temperamento, la
salud y el orden en que usted nació.
La clase de familia en que creció, probablemente fue
muy diferente de la que existió un siglo antes, y se espera que los cambios en
la vida familiar sean mucho más profundos en el futuro. Es posible que los
bebés de hoy solo tengan un hermano, sus madres trabajen fuera del hogar y sus
padres se hallen más comprometidos en su vida que lo que estuvieron sus propios
padres. En la actualidad, un infante tiene entre un 40 y un 50% de probabilidad
de crecer con un solo padre, más a menudo con la madre, y quizás por causa del
divorcio.
Estos cambios en la vida familiar están
revolucionando la investigación acerca de la socialización (cómo aprenden los
niños aquello que la cultura juzga adecuado). Las relaciones que se forman en
la infancia determinan muchos de los patrones para la socialización temprana
del niño. Anteriormente, las investigaciones solo tenían en cuenta las
relaciones que los infantes establecían con la madre; hoy se reconoce la
importancia de las que establecen con el padre, los abuelos, los hermanos y
otras personas que los cuidan.
Asimismo, se tiene en cuenta cómo opera el sistema
familiar en su totalidad. ¿Cómo afectan las relaciones maritales el trato que
cada esposo mantiene con el bebé? ¿Actúan de modo diferente los padres cuando
ambos están con el bebé o cuando solo está uno de ellos? Preguntas como estas
han producido respuestas interesantes. Por ejemplo, si ambos padres están
presentes y conversan entre sí prestan menos atención a su hijo. La estrecha
relación que se crea entre algunos esposos puede disminuir la posibilidad para
estar más cerca de los hijos; en otros casos, la paternidad fortalece el
matrimonio o introduce tensiones en este. Si se toma la familia como una
unidad, puede verse la telaraña de relaciones que se tejen en su interior.
Los lazos creados durante la infancia pueden
determinar la capacidad para establecer relaciones en la vida. Ahora se verá
como los bebés influyen y son influidos por quienes se mantiene cerca de ellos.
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ASPECTOS IMPORTANTES EN EL DESARROLLO SOCIAL Y DE LA
PERSONALIDAD DESDE EL NACIMIENTO HASTA LOS 36 MESES |
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EDAD APROXIMADA En meses |
CARACTERÍSTICAS |
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0 – 3 |
Los infantes se abren al estímulo. Empiezan a mostrar interés y curiosidad, y sonríen con facilidad al as personas. |
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3 – 6 |
Los bebés pueden anticiparse a lo que ocurrirá y demuestran contrariedad cuando ello no sucede; lo manifiestan con enfado o cautela. Ellos, sonríen, arrullan y ríen con frecuencia. Este es el periodo del despertar social y de los primeros intercambios recíprocos entre el bebé y quien lo cuida. |
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7 – 9 |
Los infantes desarrollan "juegos sociales" y tratan de obtener respuestas de las personas. "Conversan" con otros bebés, los tocan y los halagan para que le respondan. Expresan emociones más diferenciadas y manifiestan alegría, temor, enojo o sorpresa. |
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9 – 12 |
Los infantes se preocupan intensamente por las personas que los cuidan, pueden sentir temor de los extraños y actuar con serenidad ante nuevas situaciones. Al año, comunican emociones con mayor claridad, muestran estados de ánimo, ambivalencia y graduación de los sentimientos. |
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12 – 18 |
Los bebés exploran el ambiente, utilizando las experiencias de las personas a las que están más unidos. A medida que lo dominan, se muestran más confiados y ansiosos de imponerse. |
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18 – 36 |
Los niños que empiezan a caminar se tornan ansiosos porque se dan cuenta que se alejan de las personas que los cuidan. Mediante la fantasía, el juego y la identificación con los adultos logran superar la conciencia de sus limitaciones. |
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FUENTE: Adaptado de Sroufe, 1979 |
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6. El rol de la madre
Hasta años recientes, muchos desarrollistas parecían
concordar con Napoleón en que "la buena o mala conducta de un niño en el
futuro depende de la madre". Aunque en la actualidad se reconoce que la
madre no es la única persona importante en la vida del bebé, todavía es un
factor esencial en su desarrollo
El Vínculo Madre – Hijo
Algunos investigadores se basan en el enfoque
etológico para explicar cómo y en qué momento se crea esa intimidad especial
entre madres e hijos. Este enfoque afirma que la conducta está determinada
biológicamente y ligada a las bases evolutivas de los comportamientos. Se basa
en la observación naturalista, centrada en animales, y hace énfasis en que
existen periodos críticos, o sensitivos, para el desarrollo del comportamiento.
En relación con estos estudios acerca del comportamiento animal, el etólogo
Konrad Lorenz (1957) caminó como los patos, movió sus brazos a la manera de
aquellos e imitó su voz, y logró que los patitos recién nacidos lo siguieran
como a la madre pata, y lo quisieran "como a una madre".
Los polluelos recién salidos del cascarón siguen el
primer objeto que vean moverse, sean o no de su propia especie, y se encariñan
con él cada vez más. En general, el primer vínculo se establece con al madre,
pero si se altera el curso normal de los acontecimientos pueden establecer
otros (a menudo extraños, como el de Lorenz). Esta conducta denominada
impronta, es una forma instintiva de aprendizaje en que el sistema nervioso de
un organismo parece preparado para adquirir cierta información en un periodo
crítico en las primeras etapas de la vida animal. Se dice que la impronta es
automática e irreversible. Lorenz observó que si los polluelos no encontraban
un objeto al cual seguir la impronta no ocurría. De la misma manera se
presentan ciertos rituales entre cabras y vacas después del parto. Si estos se
detienen o se interrumpen, la madre y el ternero no se reconocerán entre sí, lo
cual puede ser catastrófico para los terneros, que pueden presentar
debilitamiento físico, desarrollo anormal o morirse. Estos hallazgos suscitan
interrogantes para los seres humanos.
¿Existe un periodo crítico en el vínculo madre -
hijo?
En 1976 dos investigadores concluyeron que si la
madre y el bebé se separaban durante las primeras horas después del parto, el
vínculo madre – hijo (sentimiento de relación cercana de la madre con su hijo y
la preocupación por cuidar al recién nacido) quizás no se desarrolle con
normalidad. Estos estudios fueron la causa de que muchos hospitales
establecieran que la madres y los recién nacidos permanecieran en la misma
habitación. Tales cambios humanitarios son bienvenidos, aunque la investigación
complementaria no haya confirmado la noción de un momento crítico en el vínculo
madre – hijo. No se hallaron efectos a largo plazo del prolongado contacto
entre madre e hijo.
En 1982 Klaus y Kennell modificaron su posición
original. En 1983 Stella Chess, psiquiatra e investigadora escribió "Hasta
ahora, el concepto de periodo crítico ha sido desacreditado en la teoría del
desarrollo humano". Este hallazgo alivió de preocupación y culpa a los
padres adoptivos, así como a los padres que habían sido separados de sus hijos
poco después el parto. No obstante, la preocupación por el vínculo todavía es
muy importante y algunos desarrollistas sostiene que es urgente investigar en
los grupos que corren peligro de establecer vínculos débiles (como padres y
madres pobres, solteros o muy jóvenes) para averiguar qué factores, diferentes
de los primeros contactos, afectan los vínculos padres – hijo.
¿Qué necesitan los bebés de las madres?
En un estudio muy conocido, monos rhesus recién
nacidos fueron separados e sus madres entre 6 y 12 horas después del parto, y
criados en un laboratorio. Los monos fueron encerrados en jaulas junto con una
de dos clases de "madres" sustitutas (una sencilla figura cilíndrica
de malla de alambre o una figura forrada con tela de toalla). Algunos monos
fueron alimentados con biberones conectados a la "madre" de alambre,
otros fueron "criados" por la madre cálida y suave de tela de toalla.
Cuando se les permitió que estuvieran con cualquiera
de las dos clases de "madres", pasaron más tiempo colgándose de la de
tela de toalla, incluso si eran alimentados por la de alambre. Cuando se les
llevó a un cuarto que no les era familiar, los bebés "criados" por
las madres de tela de toalla se mostraron más deseosos de explorar que los
"criados" por las madres de alambre, aún cuando las propias madres
estuvieran allí. En apariencia, los monos recordaban mejor a las madres
sustitutas de tela de toalla. Después de un año de separación los monos
"criados por las madres de tela de toalla" se apresuraban a
abrazarlas, mientras que los "criados por las de alambre" no se
interesaban en ellas. Sin embargo, ninguno de los monos de los dos grupos se
desarrolló con normalidad, y tampoco fueron capaces de criar a su propia
progenie.
No es muy sorprendente que una madre simulada no brinde la misma clase
de estímulos y oportunidades para el desarrollo que una madre viva. Estos
experimentos muestran que (contrario al énfasis psicoanalítico en la
satisfacción de las necesidades biológicas) la alimentación NO es el acto más
importante que las madres realizan. "Ser madre" implica la comodidad
de un estrecho contacto corporal y, en los monos, la satisfacción de la
necesidad innata de colgarse. Es seguro que los infantes humanos también
presentan necesidades que deben satisfacer, o al menos, aliviar, para crecer de
manera normal. La principal tarea de la psicología es averiguar cuáles son.
En las últimas décadas la investigación ha dejado a un lado los
conceptos unilaterales de impronta y vínculo madre – hijo, y se ha centrado en
los proceso bilaterales de los vínculos entre los bebés y las personas que son
importantes en sus vidas.
El vínculo: una relación recíproca.
Cuando la madre está cerca, su hijo la mira, le
sonríe, le habla, gatea hacia ella. Cuando ella lo deja él llora; si regresa,
grita de alegría. Cuando se asusta o está triste se cuelga de ella. Entonces el
bebé ha creado su primer vínculo con otra persona.
El vínculo es una relación activa, de afecto recíproco y duradera entre
dos personas. En círculos no científicos se denomina amor. La interacción
continua de las dos personas refuerza el vínculo. Quizás, "una parte
primordial del plan básico de la especie humana es que los infantes desarrollen
vínculos afectivos con una figura maternal", la cual no necesariamente es
la madre biológica; puede ser una persona que le brinde los cuidados básicos.
Estudio del vínculo
La investigación acerca del vínculo muestra cuan
fundamental es el trabajo de los científicos precedentes. A principios de los
años cincuenta, cuando Ainsworth comenzó a estudiar el vínculo, era un colega junior
de John Bowlby (1951). En parte, Bowlby se convenció de la importancia del
vínculo madre – hijo después de examinar algunos estudios etológicos del
establecimiento de lazos en los animales y también al observar a los niños
perturbados en las clínicas psicoanalíticas en Londres. Reconoció el rol del
bebé en el fortalecimiento del vínculo y previno contra los problemas que
acarrea separar a la madre del hijo.
Los estudios del establecimiento de vínculos en los
monos y la investigación acerca de la conducta de los bebés en un cuarto que no
les era familiar también influyeron en Ainsworth. Después de estudiar el
vínculo en los bebés ugandeses (1967), trató de reproducir sus experiencias en
Baltimore. Debido a las diferencias culturales entre los Estados Unidos y
África, se vio precisada a cambiar su método, basado en observaciones naturales
de los bebés en el hogar, y desarrollar la hoy famosa situación extraña. Esta
técnica de laboratorio, diseñada para provocar comportamientos de acercamiento
entre adultos e infantes, se ha convertido en el método más común para estudiar
el vínculo. Normalmente, el adulto es la madre (aunque otros adultos pueden
tomar parte en los estudios) y el infante está entre los 10 y 24 meses de edad.
En la serie de ocho episodios de la situación extraña
(1)la madre y el bebé entran en una habitación que no les es familiar; (2)la
madre se sienta y a bebé se le permite explorar. Luego (3)entra un adulto
desconocido y, (4)la madre sale y deja al bebé con el extraño. Después, (5)la madre
regresa a la habitación y el extraño se retira del lugar. Entonces, (6)la madre
deja solo al bebé y (7)enseguida, en vez de la madre, regresa el extraño a la
habitación. Por último (8)el extraño sale y la madre vuelve a entrar. La madre
anima la bebé para que explore y juegue de nuevo y lo consuela si es necesario.
El interés del experimento reside en la respuesta del niño cada vez que la
madre retorna al cuarto (episodios 5 y 8).
Patrones de vínculo
Cuando Ainsworth y sus colegas observaron a niños de
un año de edad, tanto en la situación extraña como en el hogar, encontraron
tres patrones principales: vínculo seguro (la categoría más común, 66% de los
niños estadounidenses) y dos tipos de vínculos ansiosos o inseguros: el vínculo
de evitación (20% de los bebés) y el vínculo ambivalente o de residencia (12%
de los niños).
Los niños que establecen vínculos seguros lloran o
protestan cuando la madre sale y se muestran felices cuando regresa. La
utilizan como apoyo; se alejan de ella y exploran, y regresan de vez en cuando
para reafirmar su seguridad. En general son cooperadores y de buen genio. A los
18 meses exploran mejor el ambiente que los niños que establecen vínculos
inseguros. Se desempeñan mejor en espacios abiertos y pueden alcanzar, sostener
los juguetes y divertirse con ellos. Se tambalean y se caen con menor
frecuencia. Debido quizás a que saben que sus madres están a su disposición,
pueden concentrarse más en los alrededores que los niños cuyos ojos buscan a
sus madres con ansiedad.
Los niños que evitan casi nunca lloran cuando la
madre sale y no prestan atención cuando regresa. No logran alcanzar lo que
necesitan y tienden a ser de mal genio; no les gusta que lo carguen, pero les
disgusta aún más que los dejen en el piso.
Los niños ambivalentes (resistentes) demuestran ansiedad aun antes que
la madre salga. Se enojan demasiado cuando ella sale y cuando regresa adoptan
comportamientos ambivalentes, como dejarse cargar por ella y patearla o
retorcerse al mismo tiempo. Estos niños exploran poco y son difíciles de
contentar.
En un cuarto patrón, vínculo desorientado –
desorganizado podrían clasificarse los niños que con frecuencia muestran
comportamientos contradictorios e inconscientes. Éstos celebran el retorno del
a madre, pero se alejan enseguida o se acercan sin mirarla. Parecen confundidos
y temerosos; pueden representar el patrón menos seguro. A menudo, este patrón
se asimila la de los niños resistentes.
Cómo se establece el vínculo
En opinión de Ainsworth, el bebé construye "un
modelo que se adapte" a lo que él espera de su madre. Básicamente, cuando
la madre actúa de la misma manera, el modelo funciona, pero si ella cambia su
comportamiento (no una o dos veces, sino con frecuencia), el bebé puede revisar
el modelo y cambiar la naturaleza del vínculo.
No obstante, la personalidad del bebé también influye (la tendencia a
acurrucarse llorar o adaptarse a nuevas situaciones). El vínculo se afecta por
los actos de la madre y del bebé y por las respuestas que se den entre sí.
Qué hace la madre Cuando una madre es afectiva,
atenta y sensible a las señales que emite su hijo, el vínculo seguro se
fortalece,. La cantidad de interacción positiva es más importante que las
habilidades de la madre para brindar cuidados y que la cantidad de tiempo que pueda
pasar con su hijo.
Ainsworth y sus colegas (1978) encontraron varias
diferencias importantes en la realidad de ser madre, las cuales se relacionaron
con los patrones de vínculo de los bebés. Las madres de los bebés cuyos
vínculos son seguros fueron mucho más sensibles frente a ellos en el primer año
de vida. Descifraron las señales que les enviaban los bebés cuando los
alimentaban para que pararan de alimentarlos, lo hicieran más despacio o con
mayor rapidez. Investigaciones más recientes también encontraron que las madres
de bebés considerados seguros habían sido más sensibles a las manifestaciones
de los infantes cuando tenían uno, tres y nueve meses de edad (posiblemente
para calmarlos cuando lloraba, "responder" a sus sonidos y conversar
con ellos cuando se fijaban en las señales faciales de las madres).
Además las madres de los niños que desarrollaron
vínculos seguros los mantenían más cerca que las madres de los niños de los
otros dos grupos. Los bebés llevados en cargadores blandos, antes que en los
asientos para niños, desarrollaron vínculos más seguros a los 13 meses de edad.
Las madres de bebés que presentaban el vínculo de
evitación eran las más furiosas de los tres grupos, tenían dificultad para
expresar sus sentimientos y rehuían el contacto físico cercano con sus hijos. A
su vez, los bebés sometidos a ese distanciamiento físico y a los rechazos se
volvieron agresivos.
En un grupo de mujeres de bajos ingresos, solteras en
su mayoría, las madres de los bebés que desarrollaron vínculos seguros eran
sensibles y tenían habilidad para cuidar a sus hijos e infundirles sentimientos
positivos acerca de sí mismas. Las madres de los bebés con vínculo de evitación
se mostraban tensas, irascibles, carecían de confianza y parecían no
preocuparse por sus hijos. Las madres de los bebés resistentes eran bien
intencionadas pero tenían menos capacidad, obtuvieron menos puntaje en las
pruebas de Cl y eran menos recursivas para satisfacer las necesidades de sus
bebés.
El "amor materno" no es automático ni suficiente
para el establecimiento de los vínculos. Existen muchos factores que afectan la
manera como una mujer actúa frente a su bebé. Uno de ellos es el estado
emocional de la madre. Por ejemplo, es muy probable que los hijos de las madres
que padecen una enfermedad dad mental o, por alguna razón, los maltraten,
desarrollen vínculos inseguros. Otros factores son las razones de la madre para
tener el bebé, su experiencia y competencia para cuidar niños, su visión de la
vida, su relación con el padre del bebé, su interés en un trabajo o en otras
actividades externas, sus condiciones de vida y la presencia de parientes en el
hogar, como una abuela que apoya o que se entromete.
Qué hacen los bebés Los infantes influyen de manera
activa en las personas que los cuidan. Casi toda la actividad de un bebé que
conduzca a obtener una respuesta de un adulto puede tomarse como un
comportamiento de vínculo: chupar, llorar, sonreír, colgarse y fijarse en los
ojos de las personas que los cuidan. En las primeras ocho semanas de vida, los
bebés dirigen estos comportamientos a sus madres, antes que a cualquier otra
persona. Sus propuestas tienen éxito cuando las madres responden con afecto,
expresan satisfacción y mantienen mucho contacto físico con los niños, a la vez
que les otorgan gran libertad para explorar. Los bebés aprenden a comprender el
sentido de las consecuencias de sus propias acciones (sentimiento de poder y
confianza en su capacidad para obtener resultados).
Las primeras características de un infante pueden
tomarse como predictores de la probabilidad de que establezca vínculos seguros
o ansiosos. Por ejemplo, muchos de los bebés con vínculo resistente han tenido
problemas poco después del parto, casi la mitad de los bebés que participaron
en un estudio. Algunos presentaron retardo en el desarrollo, lo cual pudo
haberlos convertido en niños difíciles de cuidar. En Chile, un estudio
realizado con bebés entre 17 y 21 meses, y sus madres, encontró que era
probable que los que nacieron bajos de peso establecieran vínculos inseguros.
La irritabilidad de los infantes también puede relacionarse con los vínculos de
resistencia. Los niños que experimentaron ansiedad a los dos días de nacidos
porque les retiraron el chupete de la boca (una medida de la reacción frente a
la ansiedad) mostraron vínculos inseguros a los 14 meses. Sin embargo, el vínculo ansioso puede
evitarse. Aun si los niños tienen problemas. En muchos casos, el comportamiento
de la madre es fundamental para la calidad del vínculo que se establece entre
ellos. Con frecuencia las madres normales pueden compensar las limitaciones
físicas o mentales de los hijos, de modo que los niños desarrollen un vínculo
seguro. Asimismo, el bajo peso al nacer no parece estar asociado con el
deterioro del vínculo. La comparación de niños que padecen pérdida de la
capacidad auditiva y niños con capacidad auditiva normal no mostró diferencias
en la seguridad del vínculo ni en la relación madre – infante entre los dos
grupos, lo cual indica que una buena relación madre – hijo no depende del
desarrollo temprano del lenguaje normal. "Como en toda relación, las
respuestas del compañero son vitales". En consecuencia, la interacción
entre el adulto y el infante determina la calidad del vínculo.
Cambios en el vínculo
Los patrones de vínculo normalmente permanecen
(aunque pueden cambiar con frecuencia). En un estudio realizado con 43 bebés de
clase media, casi la mitad cambió los patrones de vínculo entre los 12 y los 19
meses de edad. Los cambios Se asociaron con otras alteraciones producidas en la
vida cotidiana de los bebés, incluso el trabajo de la madre fuera de la casa y
la provisión de otra clase de cuidados. No todos los cambios se produjeron en
una sola dirección: algunos bebés establecieron vínculos menos seguros, pero la
mayoría estableció vínculos más seguros.
¿A qué se debe esto? Aunque las habilidades maternas
para brindar cuidado a su hilo son muy importantes para establecer el vínculo
inicial, sus señales emocionales (la alegría que demuestre al alimentar o al
bañar al bebé) pueden ayudar a la evolución del patrón del vínculo, en especial
durante el segundo año de vida. Algunos hijos de madres muy jóvenes e
inmaduras, que en principio pueden mostrar vínculos inseguros, se vuelven más
seguros a mecida que sus madres adquieren experiencia, habilidad y actitudes
más positivas. Otras personas también pueden ser importantes en la vida de un
niño, lo cual permite crear vínculos con el padre, la abuela o una niñera.
Efectos del vinculo a largo plazo
¿Los niños que establecen vínculos seguros con la
madre se convierten en dependientes de los adultos? Las investigaciones afirman
que no. De hecho, cuanto más seguro sea el vínculo entre un niño y el adulto
que lo cría, es más fácil para el infante desprenderse de él. Los niños que
tienen una base segura no necesitan estar cerca de sus madres. Su libertad para
explorar les permite intentar nuevas acciones, enfrentar problemas de varias
maneras y sentirse cómodos en los ambientes que no les son familiares.
Estos efectos pueden mantenerse algunos años después
del nacimiento. A los dos años, los niños que tienen vínculos seguros son más
entusiastas, cooperadores, persistentes y más efectivos que los que tienen
vínculos inseguros. A los dos y tres años se conocen mejor a sí mismos y a sus
madres; es probable que conozcan mejor sus propios nombres, que las niñas
identifiquen como suyos los zapatos de las madres y conozcan su propio sexo y
el de la madre.
Entre los tres y los cinco años son más curiosos, competentes, se llevan
mejor con otros niños y es probable que establezcan amistades estrechas. Si han
mantenido buenas relaciones con los padres, esperan mantener (y las mantienen)
buenas relaciones con los demás. Es probable que sean más independientes en
preescolar y sólo pidan ayuda a los profesores cuando en realidad la necesitan.
Por otro lado, los niños con dificultades de vínculo
con frecuencia tienen otros problemas. Los niños de 2 años que habían sido
resistentes a los 14 meses son más inhibidos que los que habían mostrado un
patrón de evitación. El vinculo desorientado – desorganizado, presente en la
infancia, puede servir como predictor del comportamiento hostil hacia otros
niños de la edad de cinco años.
Crítica de la investigación acerca del vínculo
Casi toda la investigación sobre el vínculo se basa
en a técnica de la Situación Extraña. Aunque esta investigación ha revelado
muchos aspectos que ayudan a comprender el concepto de vínculo, numerosos
críticos ponen en duda sus conclusiones.
La Situación Extraña es extraña y artificial: establece
una serie de ocho episodios de tres minutos cada uno, pide a las madres que no
inicien interacción, expone a los niños a repetidas entradas y salidas de los
adultos y espera que los niños les presten atención. El vínculo atraviesa una
amplia gama de comportamientos; por tanto, es necesario un método más completo
que permita medirlo con mayor sensibilidad, en especial para ver cómo
interactúan la madre y el infante en situaciones naturales y no estresantes.
Además, la Situación Extraña quizá no sea una manera
adecuada de estudiar el vínculo en determinadas situaciones. Por ejemplo, los
hijos de mujeres empleadas están acostumbrados a las ausencias rutinarias de
las madres y a la presencia de otras personas que los cuidan, y por eso, quizá,
no reaccionen según "el libreto". Una investigación realizada con
niños japoneses que están menos acostumbrados a separarse de las madres que los
niños estadounidenses, mostró altas tasas de clasificación en el patrón de
niños resistentes, lo cual puede reflejar lo estresante que resultó someterse a
la Situación Extraña.
Por último, no se conocen los efectos que a largo
plazo producirían los primeros vínculos que se establecen. Después de revisar
la literatura existente con relación al tema, M. E. Lamb concluyó que la
asociación entre vínculo en la infancia y desarrollo en la niñez es débil e
inconclusa. Las diferencias entre los niños mayores pueden provenir de la
interacción Padres – hijo posterior a la infancia. Es difícil saber cuándo
están más influidos los patrones de comportamiento, puesto que a menudo se
establecen muy temprano y permanecen inmodificables durante muchos años. Se
podrá tener una idea más amplia del concepto de vínculo cuando los
investigadores utilicen otras mediciones además de la Situación Extraña, y a
medida que introduzcan nuevos patrones de vínculo en los diseños de
investigación.
Aunque el concepto de vínculo madre – hijo es
importante, no es la única relación que los bebés establecen. La madre puede
ser la única persona que dé de mamar a los infantes, pero existen otras
(padres, abuelos, hermanos, amigos y personas que los cuidan) que pueden
brindarles apoyo, jugar con ellos e infundirles sentido de seguridad. Los papás
son especialmente importantes.
7. El rol del padre
Por
fortuna han pasado los días en que se ignoraba o minimizaba la contribución del
padre al desarrollo de sus hijos. Los comerciales de televisión muestran a
padres cambiando el pañal de su hijo y bañándolo, los almacenes ofrecen coches
para niños con manijas más largas y cargadores que se adaptan a los hombres de
más de 1.80 m. de estatura. Asimismo, los psicólogos emprenden más
investigaciones acerca del rol del padre en la vida del niño.
Los
hallazgos de tales investigaciones señalan la importancia de una paternidad sensible
y afectiva. En el primer año de vida se establecen lazos estrechos entre los
bebés y los padres, quienes ejercerán una gran influencia en el desarrollo
social, emocional y cognoscitivo del niño.
Lazos Y
Vínculos Entre Papás E Infantes
Muchos
papás establecen fuertes lazos con sus hijos poco después del nacimiento. Los
nuevos padres admiran con orgullo a sus bebés y se sienten obligados a
cargarlos. Los bebes contribuyen a mantener los lazos al hacer lo que todo bebé
normal hace; abrir los ojos, agarrar los dedos o moverse en los brazos de los
padres.
A los
tres meses de edad es posible predecir la seguridad del vínculo entre padre e
hijo. Los papás que se sienten satisfechos con sus hijos de tres meses, saben
que son importantes en el desarrollo de los bebés, responden a sus necesidades,
tienen como prioridad pasar tiempo con ellos y pueden lograr establecer un
vínculo seguro a la edad de un año.
Los bebes
desarrollan vínculos con ambos padres casi al mismo tiempo. En un estudio
clásico, los bebés de un año en adelante protestaron de igual manera por la
separación del padre y de la madre, mientras que los bebés de nueve meses o
menos sólo protestaron por la separación de la madre. Cuando ambos padres
estaban presentes, un poco más de la mitad de los bebés buscaban a la madre,
pero casi la mitad mostró tanta o mayor inclinación hacia su padre.
Otro
estudio encontró que aunque los bebés preferían el padre o la madre antes que
un extraño, se inclinaban más por la madre que por el padre, sobre todo cuando
estaban disgustados. Esto se presenta porque normalmente las madres cuidan más
a menudo a los bebes. Sería interesante saber si el vínculo padre – hijo cambia
en los hogares en donde el padre les brinda los cuidados primordiales.
¿Cómo
actúan los padres frente a los infantes?
A pesar
de la creencia corriente de que las mueres están predispuestas biológicamente
para cuidar a los bebés, las investigaciones señalan que los padres pueden ser
igual de sensibles y afectivos frente a los infantes. Los padres hablan el
"lenguaje materno", ajustan el ritmo de alimentación a las señales de
los bebés y cuando ven llorar o sonreír a los infantes frente a un aparato de
televisión sus respuestas fisiológicas (cambios en la frecuencia cardiaca, la
presión arterial y la conductancia de la piel) son similares a los de las
madres. Sin embargo, normalmente los padres no son tan sensibles como las
madres. En genera asumen un rol menos activo en la crianza del niño, y la
cantidad de cuidado que brinda al bebé es el factor principal para determinar
cuán sensible es un adulto frente a las señales de los bebés.
No
obstante, la cantidad de cuidado que los hombres brindan a los bebés está
aumentando en los países industrializados. Un estudio realizado con 48 padres
irlandeses de clase obrera encontró un alto nivel de cuidado a los niños y una
fuerte relación entre el cuidado del padre y los puntajes obtenidos a la edad
de un año en las pruebas cognoscitivas. Estos padres hablaban a sus bebés,
jugaban con ellos, los alimentaban, les cambiaban los pañales, los consolaban y
les cantaban. Los hombres más dispuestos a cuidar sus niños eran los jóvenes
cuyo matrimonio marchaba bien, estuvieron en el parto, modificaron sus horarios
de trabajo y compartían los trabajos domésticos con sus esposas.
En los
Estados Unidos, los padres cuidan a los bebes menos de lo que juegan con ellos
y tienden a realizar muchas actividades de modo diferente de como las ejecutan
las madres, los padres que grabaron videocintas cara a cara con infantes entre
dos y 25 semanas, en general proveen una serie de estallidos de estímulos
intensos y de corta duración, mientras que las madres se muestran más tiernas y
rítmicas. Los papás dan palmaditas a los bebés, las madres les hablan con
dulzura. Los padres lanzan al aire a los bebés y forcejean con los que empiezan
a caminar; las madres en general juegan con ellos de manera apacible, les
cantan y les leen cuentos.
Sin
embargo, este estilo de juego no es característico de todas las culturas. Por
ejemplo, los padres suecos y los alemanes por lo general no juegan con los
hijos de esta manera. El hecho de que los infantes suecos muestren mayores
comportamientos de vínculo hacía las madres que hacía los padres (diferente de
lo que ocurre con los bebés estadounidenses, que muestran igual tendencia hacia
ambos padres) indica que la diferencia en el estilo de juego en los Estados
Unidos debe cumplir un rol importante en el fomento del vínculo entre el padre
y tu hijo. De manera similar, los juegos vigorosos entre padre e hijo no se encuentran
en los pigmeos aka de África. De nuevo se observan diferencias en el modo como
actúan los padres frente a tus hijos en las diversas culturas.
La manera
como los padres se involucran está determinada por diversas circunstancias, una
de las cuales es la actitud de la madre. Ella normalmente es la portera del
acercamiento del padre con el hijo, tanto en las acciones directas que realiza
como en lo que habla acerca de él. Otra circunstancia es el empleo de la madre,
las mujeres que trabajan tiempo completo estimulan más a sus bebés que las que
permanecen en el hogar, y juegan con los bebés más que los papás. A pesar del
trabajo, emplean más tiempo que los padres para cuidar a los bebés. Un estudio
realizado con papás que cuidaban a sus hijos encontró que se comportaban más
como madres que como padres "típicos".
Es
evidente que los roles y las expectativas sociales, lo que padres y madres
deben hacer, influyen en el estilo de interacción con los hijos.
¿Cuál es
la importancia de la relación padre – infante?
Las
diferencias biológicas y sociales entre hombre y mujer contribuyen a que el rol
de cada padre sea único en la familia y la contribución de cada uno, especial.
Por ejemplo, la característica física de los juegos en que participan los
padres ofrece a los bebés estímulos y retos para superar los temores. Durante
los dos primeros años, sonríen y "conversan" más con el padre, debido
quizá a que él constituye una novedad.
Un
estudio realizado con niños que empezaban a caminar (dos tercios de los cuales
eran hijos de mujeres que trabajaban fuera del hogar) mostró los beneficios que
produce el que el padre se involucre en los juegos y en el cuidado de los
niños, en especial cuando su actitud es afectiva y positiva. El comportamiento
del padre tuvo especial importancia en el desarrollo de la competencia para
resolver problemas, y aunque el comportamiento de la madre tuvo mayor impacto
en a relación, la interacción con el padre ayudó a crear vínculos más seguros
con la madre. Además, el vínculo de seguridad con el papá contribuye a que el
niño establezca amistades más estrechas a la edad de cinco años.
El padre
también contribuye de manera importante en la adquisición de independencia de
los niños que empiezan a caminar. Un estudio se centró en observar la interacción
de 44 niños y niñas de dos años de edad con las madres y los padres (que fueron
quienes les brindaron los cuidados primarios). A los padres se les dieron
instrucciones para que lograran que los niños se alejaran de los juguetes y no
tocaran un magnetófono. Tanto la madre como el padre se relacionaron de modo
similar con los hijos. En consecuencia, parece que los papás no representan el
papel de familia disciplinaria aunque actúan de manera menos estereotipada.
Como ya
se ha dicho, los adultos actúan de modo diferente frente a los bebés, y esto
depende de si son niños o niñas. Esta diferencia se nota más en los padres que
en las madres, aun durante el primer año de vida del bebé. En el segundo año
esta diferencia de intensifica: los papás conversan y dedican más tiempo a los
hijos que a las hijas. Por estas razones, los padres más que las madres parecen
ayudar a desarrollar la identidad de género y el rol de género, proceso por el
cual los niños aprenden los comportamientos que la sociedad considera apropiados
para cada sexo.
Los
padres también pueden influir más que las madres en el desarrollo cognoscitivo
de los hijos. Cuanto más atención preste un padre a su hijo varón, más
inteligente, alerta, curioso y alegre se mostrará entre los cinco y los seis
meses. Los niños que crecen sin padre se retrasan en su proceso cognoscitivo
frente a los que se crían con los dos padres, aun cuando en ambos casos la
madre actúe de igual manera. Este hallazgo puede reforzar las evidencias de que
el padre es muy importante en el desarrollo cognoscitivo o mostrar que crecer
en un hogar con un solo padre acarrea desventajas económicas o sociales.
El mismo
hecho de que los dos padres tengan personalidades diferentes (no importa de que
tipo sean) influye en el desarrollo en formas no conocidas todavía. Por
ejemplo, no se sabe qué efectos surjan del proceso de aprendizaje de los niños
de modo que la misma acción origine diferentes reacciones de la madre y del
padre. Sin embargo, parece claro que cualquiera de los dos que desempeñe el
papel más duradero en la vida cotidiana del niño ejercerá en él una influencia
decisiva.
8. Ansiedad ante lo
extraño y ansiedad por la separación
Sofía era
una bebé amigable, sonreía a los extraños, se acercaba a ellos y continuaba
arrullando alegremente aun cuando alguien cualquiera estuviera a su alrededor.
En la actualidad tiene ocho meses y llora a gritos cuando un extraño se le
aproxima o cuando sus padres tratan de dejarla con una niñera. Sofía
experimenta ansiedad ante lo extraño, prevención ante la persona a quien no
conoce y ansiedad por la separación, angustia cuando se va un familiar que la
cuida.
Estas
formas de ansiedad solían considerarse señales cognoscitivas y emocionales de
la infancia que reflejaban el reconocimiento de la madre y el establecimiento
de vínculo con ella. Sin embargo, en la actualidad se piensa que estos
fenómenos son variables y dependen en gran medida del temperamento del bebé y
de las circunstancias de vida.
Aunque la
reacción de Sofía es normal, no es universal. En primer lugar, existen
diferencias transculturales en la ansiedad ante lo extraño. Por ejemplo, cuando
los niños navajos llegan a la edad de un año muestran menos ansiedad que los
niños anglo - americanos. Entonces, existen diferencias en el interior de una cultura,
los niños navajos que tuvieron muchas posibilidades de interactuar con otras
culturas, porque pertenecían a familias numerosas o vivían cerca de puestos
comerciales, estaban menos prevenidos frente a los extranjeros que otros niños
navajos.
En la cultura
dominante estadounidense, los niños casi nunca reaccionan de modo negativo
frente a los extraños antes de los seis meses; comienzan a hacerlo a los ocho o
nueve meses y aumentan cada vez más este comportamiento durante el primer año
de vida. Sin embargo, a los tres o cuatro meses se presentan señales sutiles de
prevención frente a los extraños, las cuales demuestran que el bebé reconoce a
las personas que habitualmente lo cuidan y que no se siente seguro con el
recién llegado. No obstante, cuando tiene mas edad, el niño puede reaccionar de
modo positivo frente a un recién llegado, en especial si no lo ha maltratado,
aunque espera un poco antes de acercarse poco a poco. En esta clase de
acercamiento priman la curiosidad natural y la tendencia innata a relacionarse
con otras personas.
Al
reaccionar frente a un extraño, el bebé se fija en las señales emitidas por las
personas que lo cuidan. En un estudio con bebés de 10 meses algunas mujeres
desconocidas se aproximaban a las mamás, que hablaban de la mujer a los bebés
bien fuera de modo positivo o neutral, o hablaban a la mujer de la misma
manera, o permanecían calladas. Cuando las madres hablaban positivamente acerca
de la extraña los bebés se mostraban más amigables con ella que en otras
ocasiones, y es probable que se inclinaran hacia ella y le ofrecieran un
juguete. En apariencia los bebés referencian socialmente a sus madres en esta
situación ambigua y actúan en consecuencia.
En la
actualidad, ni el miedo temprano e intenso a los extraños ni la fuerte protesta
cuando la madre sale se consideran una señal de vínculo seguro. Ahora los
investigadores miden el vínculo mas por la capacidad de los padres para
brindarle afecto y comodidad a sus hijos cuando están juntos que por la
cantidad de lágrimas que el bebé derrama cuando éstos se marchan. El llanto de
un niño cuando los padres se van o cuando un extraño se acerca puede revelar
más acerca de su temperamento que de la seguridad de su vínculo.
9. Perturbaciones en
las relaciones familiares
Cuando se
rompen los vínculos entre los infantes y los padres, o se deterioran porque los
niños son separados de sus padres o porque las relaciones son difíciles de
mantener, las consecuencias pueden ser demasiado severas. ¿Qué ocurre con los
niños a quienes se les priva de sus padres desde muy temprana edad? La
respuesta depende de numerosos factores, entre los cuales se hallan la razón
para la separación, los cuidados que el niño recibe y la calidad de las
relaciones antes de la separación y después de ella.
Institucionalización
Cuando
los orfanatos eran la única solución para cuidar a los niños cuyos padres
habían fallecido o no podían cuidarlos, la mayoría de los bebés llevados allí
morían durante el primer año. Los niños que permanecían internos durante un
largo periodo decaían intelectualmente y desarrollaban problemas psicológicos.
Un
estudio realizado por R. A. Spitz (1945, 1946) comparó 134 niños criados en dos
instituciones ("guarderías" y "hogares de niños
abandonados") con 34 criados en su propio hogar. Al cabo de un año, los
niños de guardería y los criados en su propio hogar estaban saludables y eran
normales; pero los de hogares de niños abandonados estaban por debajo del
promedio de peso y estatura y su puntaje de desarrollo había descendido con
vertiginosidad.
Asimismo,
eran bastante propensos a las enfermedades, a menudo con desenlace fatal. Como
paradoja, muchos de los niños de hogares para niños abandonados provenían de
buena familia, mientras que los de guardería eran hijos de mujeres jóvenes,
delincuentes, la mayoría de las cuales sufría perturbaciones o retardo mental,
la diferencia más importante entre las dos instituciones radicaba en la
cantidad de personas que atendían a los niños. En la guardería, los niños
recibían cuidados de tiempo completo de sus propias madres o de madres
sustitutas; en el 'hogar de niños abandonados" ocho infantes compartían
una enfermera (situación característica de las instituciones).
Al
mostrar la necesidad de suministrar cuidados parecidos a los maternos, el
trabajo de Spitz desató una tendencia a ubicar los niños en hogares de adopción
y adoptarlos a más temprana edad. En realidad, tanto el estudio de Spitz como
otros mostraron que los niños internos en instituciones bien manejadas que les
brindan mucha conversación y experiencias activas y llenas de significado no
sufren deterioro de la inteligencia, pero, aun en estas buenas condiciones, los
niños corren el riesgo de la privación social. El daño no proviene de ser
separado de los padres ni de tener más de una persona que los cuida, sino de
tos cambios continuos de estas personas, situación que origina la formación de
vínculos tempranos emocionales frente a individuos particulares. Este daño
puede evitarse con la atención y los estímulos que brinde una persona a quien
el bebé se sienta ligado como madre sustituta.
Las
investigaciones que midieron las respuestas fisiológicas y de comportamiento de
bebés de nueve meses que habían sido separados de las madres durante un periodo
corto señalan que el estrés de los infantes quizá se deba más a la calidad de
los nuevos cuidados que a la separación misma. Cuando las personas que cuidaban
a los niños se mostraban cálidas, afectuosas, y jugaban con los infantes antes
de que éstos lloraran, los bebés lloraban mucho menos que cuando estaban al
cuidado de personas menos afectuosas. Este efecto fue mayor en los bebés cuyo
temperamento los impulsaba a enojarse por nada en situaciones en que sentían
pérdida de control.
Hospitalización
Aún la
mas pequeña estadía en un hospital puede perturbar a os infantes y a los niños
que empiezan a caminar; su sensibilidad intelectual comienza a disminuir hasta
cuando retornan al hogar, a menos que les brinden muy buena atención. Cuando se
hospitalizan bebés entre 5 y 30 meses de edad, atraviesan tres etapas de ansiedad
por la separación.
En
principio protestan; tratan de volver con sus madres, agitan la cuna y se
agitan ellos mismos, luego, se desesperan, se aíslan y permanecen inactivos, y
lloran monótona o intermitentemente. Como se mantienen muy quietos, se supone
que aceptan la situación. Por último, se despreocupan: aceptan los cuidados de
varias enfermeras, comen, juegan con juguetes, sonríen y se tornan sociables.
No obstante, cuando sus madres los visitan, permanecen apáticos y pueden
manifestar rechazo.
¿Qué
puede hacerse para reducir la angustia y el temor de un infante que debe ser
hospitalizado? Puede quedarse uno de los padres, incluso a pasar la noche. Las
visitas diarias de los otros miembros de la familia, las rutinas familiares y
un menor número de personas que lo cuiden pueden ayudar a superarla extrañeza
de la situación. Proporcionar, por anticipado, separaciones ocasionales felices
puede reducir la angustia de las visitas inminentes. Es muy probable que los
niños que están bajo el cuidado de sus abuelos o hermanas, o hayan pasado la
noche en casa de los amigos, sientan menos angustia ante la hospitalización.
Abuso y
descuido del niño
Aunque la
mayoría de los padres trata de brindar lo mejor a los hijos, algunos no pueden
satisfacer sus necesidades básicas. El maltrato puede adoptar formas
diferentes. El abuso infantil incluye las lesiones físicas, y este patrón
típico se ha identificado como síndrome del niño golpeado. El abuso sexual se
refiere a cualquier contacto sexual entre un niño y una persona adulta. El
descuido se relaciona con la deficiencia en los cuidados adecuados, por lo
general cuidados físicos como alimento, vestido y supervisión. También se
presenta el descuido emocional, que algunas veces origina fracaso no orgánico
para prosperar, en el cual un bebé deja de crecer y pierde peso en el hogar a
pesar de la adecuada nutrición, pero mejora con rapidez cuando se le aleja de
éste y se le brindan cuidados emocionales.
Al final
de los años ochenta, y en la primera mitad de los noventa, se informó que en
los Estados Unidos más de dos millones de niños al año fueron víctimas de abuso
y descuido. La mayoría sufrió abuso sexual, esto representa un aumento en los
casos reportados, lo cual puede reflejar un incremento en el maltrato, mayor
reporte del maltrato o ambas situaciones.
Causas
del abuso y el descuido
¿Por qué
los adultos lastiman o descuidan a los niños? Según el enfoque ecológico de
Bronfenbrenner (1979) este problema se puede situar en el contexto social de
varios niveles de influencia ambiental, en el hogar, la comunidad y la cultura
en general.
Los que
abusan y los que descuidan. Más del 90% de los abusos contra los niños ocurre
en el hogar, y más del 90% de los abusadores no son psicópatas ni presentan
personalidad criminal, pero algunos son solitarios, tristes, deprimidos,
malhumorados, insatisfechos, aislados, soportan bastante estrés o tienen
problemas de salud que les impiden criar a sus hijos. A menudo fueron
maltratados en su niñez y rechazados por sus padres. El poder que ejercen sobre
sus hijos mediante el abuso puede ser un esfuerzo desplazado para obtener el
control de sus propias vidas.
Con
frecuencia los abusadores se odian a sí mismos por lo que hacen, pero se
sienten impotentes para dejar de hacerlo. A menudo no saben cómo ser buenos
padres. Por ejemplo, ignoran que hacer para que un bebé deje de llorar y
algunas veces pierden el control al no lograr que los bebés realicen lo que
quieren que hagan. No conocen lo relacionado con el desarrollo normal del niño,
y esperan que éste sepa cómo emplear el retrete o que permanezca limpio y
ordenado en la edad temprana. Además, esperan que sus hijos cuiden de ellos y
se tornan abusivos cuando esto no sucede. Tienen más enfrentamiento con los
hijos que los padres no abusivos y son menos efectivos para resolver problemas.
Los padres abusivos tienen problemas para leer las señales emocionales de sus
hijos y a menudo malinterpretan las necesidades de los bebés. Así, un padre
puede tratar de alimentar a su hijo cuando en realidad llora de dolor, y
sentirse frustrado cuando el bebé arroja el alimento.
Por otra
parte, los padres descuidados pueden ser irresponsables y apáticos, e ignorar a
sus hijos. Las madres de los infantes que dejan de crecer por lo general han
sido mal nutridas ellas mismas y han tenido relaciones tormentosas con los
Padres de los bebés; tienden a tener más problemas de embarazo y parto que
otras madres, ganan menos peso, dan a luz más pronto y tienen bebés más
pequeños; también presentan problemas para alimentar a sus hijos. No abrazan a
los bebés ni conversan con ellos y parecen incapaces de proveer un ambiente
cálido y seguro en el hogar para los infantes, cuya presencia parece
incomodarlas.
Víctimas.
Los niños que sufren los abusos tienden a necesitar más cuidados de sus padres
que otros niños. Es probable que hayan nacido bajos de peso, sean hiperactivos,
retardados mentales o limitados. Lloran más y muestran comportamiento más
negativo. Los niños cuyo crecimiento se detiene debido a un descuido emocional,
con frecuencia han tenido problemas médicos durante el parto o poco después de
éste.
Ambiente
familiar. Es más probable que los padres abusivos tengan más problemas
maritales que otras parejas y que se golpeen entre sí. Tienen más hijos, viven
con ellos, sus hogares son más desorganizados y experimentan situaciones más
estresantes que otras familias. La llegada de un nuevo hombre al hogar (un
padrastro o el novio de la madre) puede propiciar que éste abuse.
Los
padres abusadores se aíslan de los vecinos, la familia o los amigos. En
consecuencia, no hay quien aparezca en los momentos clave ni vea lo que sucede
en la familia. Los padres descuidados se aíslan dentro de la familia y tienden
a distanciarse emocionalmente de la esposa y los hijos
La
comunidad. El mundo exterior
puede proveer un clima de violencia para la familia. El desempleo, la
insatisfacción en el trabajo y las penurias económicas están estrechamente
correlacionadas con el abuso contra la esposa y los hijos. Es más probable que
los hombres que no se sienten bien en el trabajo o están desempleados maltraten
más a las esposas y a los hijos que otros hombres.
La
cultura. Una cultura puede
establecer el escenario para la violencia al fomentar ciertas actitudes. El
crimen violento y el castigo físico son dos factores que parecen conducir al
abuso contra los niños. Este es muy raro en los países donde no es frecuente el
crimen violento ni se castiga a los niños con nalgadas. En los Estados Unidos,
30 estados todavía permiten el castigo corporal en las escuelas, donde los
niños pertenecientes a las minorías y los minusválidos son castigados con más
frecuencia que sus compañeros.
Efectos
del abuso y del descuido
El
descuido y el abuso en la niñez pueden provocar consecuencias graves, lo cual
se refleja en la relación existente entre los desarrollos físico, emocional y
cognoscitivo. Los niños que sufren los abusos, con frecuencia presentan retardo
en el lenguaje. Es más probable que repitan un año escolar, que obtengan las
peores notas en las pruebas y tengan problemas disciplinarios en la escuela.
Tienden a ser agresivos y a no cooperar con otros niños y, en consecuencia, a
llevarse mal con ellos. Es muy probable que se conviertan en delincuentes o
criminales cuando llegan a la edad adulta. El abuso es mas traumático si el
padre que no abusa elude el tema y si se ha presentado más de un tipo de abuso.
Es
probable que los niños que sufren abuso sexual sean temerosos, tengan baja
autoestima, se mantengan preocupados por el sexo y tengan problemas con el
comportamiento y los logros escolares. Cuando llegan a la edad adulta tienden a
ser temerosos, deprimidos, ansiosos, malhumorados u hostiles, tienen baja
autoestima, no confían en las personas, se sienten aislados y estigmatizados y
son desadaptados sexuales.
Por
fortuna, muchos niños maltratados logran adaptarse, en especial si tienen un
apoyo familiar al que puedan aferrarse. Las dos terceras partes de los adultos
que han sufrido abusos en la niñez serán muy cuidadosos con sus propios hijos.
Aquellos que se convierten en buenos padres posiblemente han tenido la ayuda de
personas a quienes pudieron recurrir en busca de apoyo, y tienen una buena
relación amorosa o marital; también es posible que estén enojados con sus
experiencias y sean capaces de hablar abiertamente de ellas, hayan sufrido el
abuso de sólo uno de los padres y hayan tenido una relación afectuosa y de
apoyo con uno de los padres o con un pariente.
La
relación entre sufrir el abuso en la niñez y crecer para convertirse en
abusador no se presenta en todos los casos. En algunos, la expectativa de que
lo uno siempre conduce a lo otro parece ser una profecía de autorrealización, y
muchos padres que sufrieron abusos se sienten como "bombas de tiempo que
caminan", listas a explotar en forma violenta contra sus propios hijos.
Cómo
combatir el descuido y el abuso de los padres
Los
padres necesitan ayuda para combatir el abuso y el descuido, en especial cuando
se trata de niños con necesidades especiales. Pueden obtenerla de los programas
educativos y de apoyo a la comunidad, cuidados diarios subsidiados, amas de
casa voluntarias y hogares transitorios de descanso o padres auxiliares que se
encarguen de los niños cuando los padres se sientan agobiados. En la
actualidad, estos programas existen en muchas comunidades.
Cómo evitar
el abuso sexual
Los
padres pueden evitar que otras personas abusen sexualmente de sus hijos (sus
esposos, parientes, amigos o trabajadores de la comunidad como maestros o
líderes de grupos). En primer lugar, necesitan reconocer las señales del abuso
sexual. Éstas incluyen cambios extremos en el comportamiento (pérdida del
apetito, sueño perturbado y pesadillas) mojarse en la cama, chuparse el pulgar
o llanto frecuente, ropa interior rasgada o manchada, sangrado vaginal o
rectal, infección vaginal o de la garganta, dolor, comezón, hinchazón de los
genitales, interés poco usual en el sexo o en las materias relacionadas con él,
y temor o disgusto de quedarse en ciertos lugares o con ciertas personas.
Los
padres también deben decir a los hijos que sus cuerpos les pertenecen y que
tienen el derecho a decir "no" a alguien que quiera tocarlos o
besarlo, cuando ellos no deseen, aun cuando sea una persona a quien aman y en
quien confían. Los niños deber saber que no son culpables de lo que un adulto le
haga, que pueden hablar a sus padres acerca de cualquier tema sin temor a que
se les castigue y que la mayoría de los adultos no lastiman a los niños.
10. Relaciones con
los demás niños
Aunque
los padres ejercen la mayor influencia en la vida de los hijos, otros niños
también son importantes.
11. Hermanos
Cuando se
tienen hermanos o hermanas es probable que las relaciones con ellos sean más
duraderas que cualesquiera otras que se tengan. Pueden haber peleas
continuamente en la niñez o haber sido los mejores amigos. De cualquier manera,
estas personas comparten sus raíces, "saben quiénes son", aceptaron o
rechazaron los mismos valores de los padres y es probable que se traten con
mayor franqueza que cualquiera de las personas que conocen. No tener hermanos también
afecta la vida de una persona.
La
relación y reacción de los niños con sus hermanos
El
nacimiento de un hermano parece cambiar la manera como la madre actúa con el
primer hijo. Es probable que la madre juegue menos y sea menos sensible a los
intereses del hijo mayor, tenga más confrontaciones o inicie menos
conversaciones. Los niños que toman la iniciativa al comenzar juegos o
conversaciones con la madre presentan menos problemas de rivalidad con los
hermanos que aquellos que se retraen. Esto se debe a que han encontrado la
manera de salvaguardar las relaciones que mantienen con la madre.
La
sabiduría popular aconseja que los padres preparen a los hijos mayores para el
nacimiento de un nuevo bebé e introduzcan cambios en la vida de los niños (como
cambiarlos de cuarto, pasarlos de la cuna a una cama o cambiarlos de escuela)
con bastante anticipación para minimizar la experiencia de sentirse desplazado.
Los padres deben aceptar que la ansiedad y los celos son normales, y al mismo
tiempo proteger al nuevo bebé de cualquier expresión de perjuicio que se
origine en esos sentimientos. Pueden animar a los mayores para que jueguen y
ayuden a cuidar al bebé, y hacer énfasis en cuánto valoran a cada niño.
Por
ultimo, los hermanos mayores se adaptan mejor si los padres les dedican tiempo
y atención extra para compensar la repentina dedicación de la madre al nuevo
bebé.
¿Cómo
interactúan los hermanos?
Los
hermanos empiezan a relacionarse con mayor frecuencia después de los seis meses
de vida de un bebé. En muchas sociedades, incluida la nuestra, los hermanos
mayores tienen responsabilidades en los cuidados del bebé. Los niños también
enseñan a sus hermanos menores e influyen en su desarrollo cognoscitivo.
Aunque la
rivalidad se halla presente con frecuencia, también lo está el afecto genuino.
En general los hermanos menores cobran bastante apego a las hermanas y hermanos
mayores. Los bebes se sienten afectados cuando los hermanos se marchan. Los
saludan cuando regresan, los prefieren como compañeros de juego y buscan en
ellos seguridad cuando un extraño entra en el cuarto.
Cuando
las hermanas pequeñas imitan a los hermanos mayores adoptan características que
tradicionalmente se han considerado masculinas. El ambiente que los hermanos
crean entre si afecta no sólo sus futuras relaciones sino también el desarrollo
de la personalidad de cada uno. También puede afectar la manera de reaccionar
frente a otros niños.
12. Sociabilidad
Aunque la
familia es el centro del mundo social del bebé, los infantes y, aún más, los
niños que empiezan a caminar se interesan en las personas que vienen de afuera
de la casa, en especial las de su mismo tamaño. Debido a que en esa época
muchos bebés pasan su tiempo en compañía de otros bebés, los investigadores
estudian cómo actúan entre sí.
El
interés de los bebés en otros niños no es continuo. Desde los primeros días de
vida en el hospital, los bebés que permanecen quietos en su cuna comenzarán a
llorar cuando escuchan que otros también lo hacen. Durante los primeros meses
de vida responden a los otros bebes casi de la misma manera como lo hacen con
sus madres: miran, sonríen y arrullan. Desde los seis meses hasta casi un año
sonríen a otros niños, los tocan y balbucean, en especial cuando no están
distraídos por la presencia de adultos o de juguetes. Sin embargo, a la edad de
un año, cuando sus principales preocupaciones son aprender a caminar y
manipular objetos, prestan más atención a los juguetes que a otras personas.
En el
segundo año de vida los bebés recuperan la sociabilidad y entienden mejor las relaciones.
Un niño de 10 meses que tiende un juguete a otro no presta atención si éste
está de espaldas, pero durante el segundo año de vida el niño sabe cuándo
existe mayor posibilidad de que lo que se ofrece sea aceptado, y cómo responder
a las propuestas de otros niños. La idea que se forma de las demás personas
parece ir acompañada de [a comprensión de sí mismo como individuo diferente de
los demás. Un estudio con niños alemanes de 19 meses encontró que era más
probable que quienes se reconocieron en un espejo imitaran a un niño
desconocido jugando con un juguete, que aquellos que no pudieron reconocerse a
sí mismos.
Por
supuesto, algunas personas son más sociables que otras. La buena disposición
para aceptar nuevas personas, la capacidad de adaptarse al cambio y el estado
de ánimo habitual parecen ser rasgos heredados, que permanecen bastante
estables con el correr del tiempo. Pero las actitudes de las personas que están
alrededor de los bebés también influyen en ellos. Los infantes sociables
tienden a tener madres sociables, los niños que pasan más tiempo con otros
niños desde la infancia parecen volverse sociables a más temprana edad que
quienes pasan su tiempo en el hogar.
13. El impacto de
los primeros cuidados diarios
Hasta
hace poco tiempo, la mayoría de los bebés de madres trabajadoras eran cuidados
en sus propios hogares. (Por supuesto que todas las madres trabajan, puesto que
criar niños y estar al frente de una familia son formas valiosas de trabajo,
aunque no estén remuneradas). Sin embargo, en este texto se define madre
trabajadora como la que ejecuta trabajo remunerado, por lo regular fuera del
hogar.
¿Qué les
sucede a los niños que desde muy temprana edad semanas o pocos meses son
cuidados fuera del hogar, bien sea por niñeras o trabajadoras que se dedican a
brindarles los cuidados diarios? ¿Son beneficiosos o nocivos los cuidados
diarios (y en especial los de los infantes) dados a los niños? Pocos temas como
éste levantan controversia, y pocos son tan difíciles de responder.
La
respuesta es importante, puesto que en los Estados Unidos la mitad de las
madres de niños menores de un año trabajan fuera del hogar, la más alta
proporción en la historia del país.
Un
cuidado diario adecuado es como tener un buen cuidado de los padres. Los niños
pueden desarrollarse física, intelectual y emocionalmente con cuidarlos que
comprendan pequeños grupos, una alta proporción adulto – niños y un equipo
estable, competente y dedicado. Las personas que brindan los cuidados deben
estar capacitadas en temas relacionados con el desarrollo del niño, ser
sensibles a las necesidades de los mismos, ejercer autoridad, pero sin
autoritarismo, ofrecer estímulo y afecto. El niño se desarrolla mejor cuando
tiene acceso a juguetes y materiales educativos, los cuidan adultos que le
enseñan y lo aceptan (no son sólo vigilantes y custodios) y mantienen el
equilibrio entre actividades organizadas y libertad para explorar por sí mismo.
En
general, los niños que están en programas que brindan buenos cuidados diarios
se crían física. cognoscitiva y socialmente tan bien como los que se crían en
el propio hogar. La buena calidad del cuidado diario parece ayudar al
desarrollo emocional e incluso, mejorar las relaciones con los padres. Los
padres quizá sienten menos angustia porque sus niños se encuentran bien
cuidados mientras ellos consiguen los ingresos necesarios para el hogar y
porque de algún modo descansan un poco de las obligaciones que tienen como
padres.

14. Desarrollo
Cognoscitivo
Para los
niños entre dos y cuatro años que asisten a los centros de cuidado diario, los
datos más directos aparecen en la esfera cognoscitiva. Un examen de la
literatura de investigación, la cual parece reflejar la mayor parte de los
programas de cuidado diario (no se limita a los mejores, pero excluye los
peores) señala que el cuidado diario no es perjudicial para el niño, y puede
ayudar, incluso, a su desarrollo.
Los niños
que reciben cuidados diarios superiores o muy buenos en grupo parecen
desempeñarse mejor en una cantidad de pruebas intelectuales que los niños
criados en el propio hogar por sus padres o por niñeras, o en los hogares de
cuidado diario. Donde las diferencias aparecen, los niños que reciben cuidados
diarios obtienen altos puntajes en las pruebas de Cl, muestran mayor
coordinación ojo – mano, participan en juegos más creativos, conocen mas acerca
del mundo físico, cuentan y miden mejor, muestran mejores habilidades de
lenguaje y recuerdan y recitan información, como sus nombres y direcciones.
Los niños
provenientes de familias de bajos ingresos o de hogares con ambientes
estresantes se benefician más de los cuidados diarios del centro. Aunque el
niño promedio que asiste a un buen programa de cuidado diario no se ve afectado
para bien o para mal, los niños limitados no tienden a mostrar disminución en
el Cl, lo cual se ve con frecuencia cuando alcanzan la edad escolar. Los niños
que están en un programa de cuidado diario se motivan más para aprender.
Un
estudio de seguimiento encontró que los niños que hablaban a menudo con las
personas que los cuidaban eran más sociables y atentos. De hecho, la calidad y
la cantidad de estímulos verbales pareció ser más importante para el desarrollo
social que los antecedentes familiares de los niños. En consecuencia, se ve el
entrecruzamiento de varios aspectos de desarrollo y la conexión entre las
influencias cognoscitivas y la personalidad.
15. Desarrollo
Social
Los niños
que han pasado mucho tiempo de su primer año de vida en los centros de cuidado
diario tienden a ser tanto o más sociables, confiados en sí mismos,
persistentes, exitosos y mejores solucionadores de problemas que los niños que
han estado en hogar. Los preescolares también tienden a sentirse más cómodos en
situaciones nuevas, a ser más amigables, menos tímidos y temerosos, más
solícitos y solidarios y tener mejor expresión verbal.
Sin
embargo, los niños que asisten a centros de cuidado diario son más
desobedientes y menos corteses con los adultos, dominantes y más agresivos con
otros niños, gritones y bulliciosos, y más exigentes en general. Pero, ¿Son
nocivas para el niño estas características "negativas"? ¿O es el
aspecto negativo de estos rasgos lo que representa amenaza para los adultos?
¿Piensan más por sí mismos los niños que han estado en centros de cuidado
diario y por eso son menos inclinados a aceptar lo que otras personas desean?
Alison
Clarke – Stewart, Autora del Desarrollo Humano, sugiere que estos niños pueden
parecer más "malcriados que los niños que permanecen en el hogar porque
desean realizar las cosas a su manera antes que lograrlas con facilidad, y no
porque sean desadaptados".
16. Desarrollo
Emocional
El
principal aspecto emocional relacionado con el cuidado infantil que los investigadores
han destacado es su efecto sobre los vínculos de los niños con sus madres ¿El
ser cuidado por otra persona durante mucho tiempo afecta este vínculo? Los
efectos están supeditados a muchos factores, incluidos la satisfacción de la
madre con su matrimonio; si trabaja tiempo completo o tiempo parcial y por qué;
la edad, el sexo, el temperamento del bebé y la clase y la calidad de los
cuidados que el bebé recibe. Los primeros cuidados infantiles en si mismos no
parecen representar riesgos para el desarrollo emocional: el riesgo subyace en
la mala calidad de los cuidados y del ambiente familiar.
El primer
año de vida parece ser el más crítico. Cuando los bebes de familias estables
reciben cuidados de buena calidad, muchos estudios reportan hallazgos
positivos. Por otra parte, cuando los infantes reciben cuidados inestables o de
mala calidad, es probable que esquiven a sus madres y más tarde presenten
problemas sociales y emocionales. Estos efectos son más desastrosos cuando no
existe una buena adaptación entre la personalidad de la madre y la del hijo,
cuando la familia se halla sometida a una gran tensión y cuando la madre no es
afectuosa con el bebe.
El tiempo
en que la madre empieza a trabajar está relacionado con la calidad del vinculo.
En una investigación, los niños de 18 meses cuyas madres empezaron a trabajar
en la segunda mitad del primer año de vida de los bebés tenían más probabilidad
de establecer vínculos inseguros que aquellos cuyas madres comenzaron a
trabajar cuando el bebé era más pequeño. Esto indica que la segunda mitad del
primer año de vida de los niños (en especial de los varones) quizá no sea el
tiempo más adecuado para que una madre empiece a trabajar y que las mujeres que
deben regresar a trabajar, o lo desean, en esa época deberían tratar de hacerlo
antes de que el bebé cumpla los seis meses.
Es
evidente que el tema de cuidado diario es demasiado complejo. La importancia de
la calidad de éste ha sido demostrada por los hallazgos de la investigación, de
manera que los resultados más positivos para el niño se asocian con un cuidado
estable y de buena calidad. Tampoco parece importar la edad en que los niños
entran a los centros de cuidado diario, aunque diversos estudios presentan
hallazgos diferentes. No obstante, el saber esto no ayudará a los niños ni al
los padres, a menos que las sociedades adopten políticas de amistad con la
familia.
El
gobierno, la comunidad, las instituciones religiosas y los empleadores pueden
cooperar en el establecimiento de tales planes, que podrían incluir subsidios
que permitan que los padres permanezcan en el hogar con los hijos durante los
primeros meses o años de vida del bebé u oportunidades para trabajar a tiempo
parcial durante estos primeros años. Además, la buena calidad del cuidado,
accesible a todas las familias, puede compensar la inversión en los hijos, que
después de todo, son el futuro de cualquier sociedad.
17. Conclusión
Esta
investigación señala que la personalidad es la manera única y relativamente
consistente de cómo una persona siente, piensa y se comporta, y más aún, que
las primeras horas o días de vida constituyen un periodo crítico en la
formación del vínculo madre – hijo, ya que los infantes necesitan amor y cariño
como también cuidados físicos de las personas (padre, hermanos, etc.) que los
atienden.
En
resumen, las diferencias fisiológicas y de comportamiento solo aparecen después
de la infancia. No obstante, desde el nacimiento los padres tratan a sus hijos
de forma cariñosa y en consecuencia, estos desarrollan diferencias en su
personalidad; es por ello que se recomienda que el niño crezca en una familia
bien constituida, que se sienta el afecto entre sus miembros para así, obtener
un hijo con un alto nivel de autoestima y una personalidad bien desarrollada.
18. Bibliografía
·
Papalia, Diane
E., "Desarrollo Humano". Editorial Mc Graw – Hill, sexta
edición, 1997.