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Hostos en su continua peregrinación
por las Antillas, se establece en la República Dominicana
,su segundo hogar, donde nos honra todavía, con su presencia,
puesto que, sus restos yacen en El Panteón Nacional de
nuestro país.
El ilustre maestro y pensador llegó a la República
Dominicana en mayo de 1875 a la ciudad de Puerto Plata, que era
el refugio de los inmigrantes cubanos y puertorriqueños.
Desde su llegada estableció gran amistad con Gregorio Luperón.
Una vez instalado en nuestro país éste trabajador
incansable, Eugenio María de Hostos comenzó a trabajar
en bien de nuestra patria. Tuvo bajo su responsabilidad redactar
la Ley de Escuelas Normales. En 1880 inició la Escuela
Normal bajo su dirección. En el desempeño de esta
labor dio clases de carácter pedagógico y también
expuso varios cursos de diferentes ciencias. A su vez, dictaba
las cátedras de Derecho Constitucional, Internacional y
Penal y de Economía Política en el Instituto Profesional.
Durante nueve años consecutivos se dedicó a esta
labor pedagógica para la cual era el autor de los textos
usados. En el 1884, José Joaquín Pérez, en
la Primera investidura de los normalistas del país señaló
la obra de Hostos “:como el reformador de la enseñanza
en nuestro País y como el preparador perseverante de una
generación de odalidades de la idea”( Reseñado
por el Dr. Joaquín Balaguer en su libro Historia de la
literatura dominicana, 1956, Pág.113)
Es preciso destacar además que este gran educador contribuyó
de una manera determinante en la formación y realización
de la labor de Salomé Ureña de Henríquez,
quién fuera la gran maestra y transformadora de la visión
de la educación en la República Dominicana. En la
Historia de esta mujer en su repunte social e intelectual influyeron
hombres lucidos como Eugenio María de Hostos y José
Martí, quienes escribieron sobre la emancipación
de la mujer.
Sus artículos en la prensa de Santo Domingo se han recopilado
bajo el título “Nuevos Años en Quisqueya”.
Publicó Lecciones de Derecho Constitucional las cuales
fueron premiadas en 1887. También publicó Moral
Social que es uno de sus libros más conocidos y más
elogiado por la crítica.
Posteriormente creó la Sociedad Escuela Educadora. Es a
partir de aquí que Hostos desarrolla su gran potencia como
pedagogo, con una gran vocación creadora. Para entonces
el desarrollo de la educación en nuestro país se
enmarcaba metodológicamente dentro de la fórmula
de escuelas empíricas, añejas y surtidas de una
orientación eclesiástica y colonial trabajó
fuertemente para cambiar esta visión y darle a la educación
una fundamentación laica y apoyada en la ciencia ,en la
ética y en la justicia social.
Méritos le sobran a este “Ciudadano de América”,
para que la Sexta Feria Internacional del libro 2003 se le dedique
él que, con sus ideas nos hizo grandes. ¡Qué
viva este Puertorriqueño que también es dominicano!
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